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La final de Copa del Griezmann más disfrutón | Fútbol | Deportes


El jueves, durante el último entrenamiento del Atlético de Madrid en el Cerro del Espino, Antoine Griezmann marcaba junto a Koke el paso del trote de un grupo compuesto por la gran mayoría de los jugadores que jugarán de inicio la final de la Copa del Rey. Minutos antes, durante el rondo, mostraba el mismo aire de disfrutón con el que trata de impregnar sus últimos partidos como rojiblanco y en el fútbol español. El verbo disfrutar ha adquirido un uso preponderante en el futbolista que más focos acapara para la cita de este sábado (21.00, TVE-1 y Movistar) por enfrentarse los dos clubes, Real Sociedad y Atlético, en los que se ha sentido realizado como futbolista. “Cuando estoy en el campo disfruto de cada pase, de hacer una entrada, de una asistencia o de una instrucción del Cholo. Estoy disfrutando mucho de todo”, aseguró este viernes el atacante galo en la sala de prensa de La Cartuja.

Por sentimental, la final, a menos de dos meses de iniciar el fin de su carrera en los Orlando City de la Major League Soccer estadounidense, es muy especial para Griezmann. Ya fue muy significativo que en la emotiva rueda de prensa que protagonizó junto a su entrenador hace diez días en el Camp Nou no aludiera a su paso por el Barcelona. Sus agradecimientos fueron para su primer equipo en España y para el que le elevó a la condición de estrella mundial. “He llegado a un nivel futbolístico que no me lo podía imaginar gracias a la Real y a Simeone”, aseguró con un tono muy sentido.

La Real Sociedad fue el club que concedió a Griezmann la oportunidad de alcanzar el profesionalismo cuando en su país varios clubes le habían rechazado por bajito: “Les debo muchísimo. Me abrieron las puertas que en Francia no hicieron muchos clubes, será un partido especial”. Su paso por la cantera y el primer equipo txuri-urdin moldearon gran parte del futbolista que se consagró con el Atlético y lideró a la Francia campeona del mundo en 2018. De su amistad con el delantero uruguayo Carlos Bueno en Donostia le nació su devoción por todo lo charrúa. El mate y los asados de carne con el corte uruguayo, distinto al argentino, e incluso algunos dejes en el acento y en expresiones, le acercaron a Godín y al Cebolla Rodríguez en sus primeros días como jugador del Atlético en el verano de 2014. Fue en una concentración en Jerez, previa al Trofeo Carranza, donde Griezmann comenzó a integrarse. Por allí Griezmann pululaba tímido por los jardines del complejo hotelero de Montecastillo refugiándose del abrasivo calor tableta en mano.

Carlos Bueno no solo le instruyó en los usos y costumbres de su país, también le enseñó a protegerse en los saltos de cabeza y a ganarlos pese a su estatura (1,76 metros). Su progresión en el juego aéreo fue tal, que el técnico que le hizo debutar con el primer equipo de la Real en Segunda División, Martín Lasarte, otro uruguayo fundamental en su vida, le utilizaba para defender los saques de esquina de los contrarios.

Que el Atlético alcanzara la final copera y presentarse al tramo final del curso con la misma condición de intocable que, salvo en sus primeros tres meses y en el inicio de esta temporada, siempre ha tenido para Simeone, ha sido decisivo para que Griezmann rechazara la posibilidad real que tuvo de anticipar su marcha a Estados Unidos a finales de marzo. Antes de tomar la decisión de concluir el curso en el Atlético, ya había dado señales de disfrutar del placer de jugar como un diez.

Es habitual ver a Griezmann aparecer en los espacios libres para armar el juego ofensivo del Atlético. El pase que le dio a Llorente para que este se plantara a la carrera en el pico del área y asistiera a Lookman en el gol que certificó el pase del Atlético a las semifinales de la Liga de Campeones es una muestra de ese jugador afilado para tratar de ser decisivo.

Algo que no ocurrió el año pasado, cuando el Atlético perdió los tres títulos entre el mes de marzo y el inicio de abril. Griezmann se mostró muy participativo en el enfrentamiento de octavos de la Champions contra el Real Madrid, en las semifinales de Copa con el Barça y en el partido en el que el Atlético se desenganchó de la Liga en el Metropolitano, también contra los azulgrana (2-4). Sin embargo, jugó excesivos pases hacia atrás y ralentizó los ataques. Nada que ver con el futbolista disfrutón de ahora, que crea, asiste o marca sin perder su gusto por defender. “Marzo me hizo mucho daño, tenía muchas expectativas, no supe darle la vuelta mentalmente, en vez de enfocarme en buscar otra forma para rendir. No supe hacerlo. Este año he aprendido, he entendido lo que necesitaba el Cholo”, admitió Griezmann recientemente.

El papel de líder

Lo que necesitaba su entrenador en los peores momentos de la temporada eran jugadores que templaran a un equipo con muchos jugadores nuevos que en la Liga no ha alcanzado la regularidad necesaria, pero que en la Champions y en la Copa ha sido capaz de sacar al Barcelona de Hansi Flick de la pelea por ambos títulos. Griezmann y también Koke han sido fundamentales en este sentido.

Un año después de ese fatídico mes de marzo, Griezmann se presenta en esta final de Copa como el gran referente del Atlético. “Es un gran líder”, le ensalza Giuliano Simeone. Y Baena, el jugador llamado a ser su relevo cuando ya no esté, revela quién es Griezmann pese a ser el que le ha desplazado al banquillo: “El primer día que llegué entrenamos juntos. Me parece que también estaba Koke. Me acogió muy bien, me dio su número de teléfono para cualquier cosa que necesitase. Además del jugador que es, me demostró la gran persona que es. Para mí es un apoyo y un espejo”.


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