Desafían a recolectar 1 millón de botellas y convertirlas en recursos

En Resistencia, un emprendedor local puso en marcha una iniciativa que busca unir conciencia ambiental con impacto social concreto.
Se trata de Martín Mastandrea, quien lanzó un desafío abierto a la comunidad: recolectar 1 millón de botellas plásticas para reciclarlas y transformarlas en bienes útiles destinados a instituciones como escuelas y clubes.
La propuesta comenzó de manera sencilla, casi doméstica, pero con una ambición clara.
Mastandrea inició la recolección en su propia casa, utilizando incluso una cama elástica como espacio de acopio inicial. En pocos días, la idea empezó a crecer, sumando adhesiones y despertando interés en redes sociales, donde el emprendedor comparte el avance diario del proyecto.
«El desafío es juntar 1 millón de botellas. Si lo hace una sola persona es imposible, pero con la ayuda de la ciudadanía creo que se puede lograr», dijo Mastandrea, al explicar el espíritu colectivo de la campaña a Radio Libertad.
En ese sentido, remarcó que el objetivo no se limita a acumular residuos, sino que busca darles un destino útil y sustentable. «La idea es no solamente acopiarlas, sino transformarlas en recursos, en bienes que puedan ser utilizados por instituciones que realmente lo necesitan», sostuvo.
Desde su experiencia previa en el reciclaje, actividad a la que se dedica desde hace más de siete años, especialmente en el tratamiento de plásticos vinculados al sector agroindustrial, Mastandrea decidió dar un paso más hacia lo social. «Este desafío es más ciudadano, más abierto. Apunta a involucrar a escuelas, clubes y a la comunidad en general», explicó.
Problema estructural
La iniciativa surge también como respuesta a una problemática ampliamente reconocida: la falta de un sistema eficiente de separación y tratamiento de residuos.
Según planteó el emprendedor, si bien muchas personas realizan el esfuerzo de clasificar los residuos en sus hogares, ese trabajo suele perderse en la etapa de recolección. «Uno separa plástico, cartón, pero después pasa el recolector y termina todo en el mismo lugar. Entonces, el esfuerzo no tiene el impacto que debería», señaló.
Frente a ese escenario, consideró que proyectos como el suyo pueden funcionar como alternativas concretas para canalizar esa voluntad ciudadana. «Hace falta una estructura que garantice que lo que se separa tenga un destino adecuado. Y ahí es donde aparecen este tipo de iniciativas», afirmó.
En términos ambientales, el potencial del reciclaje es significativo. Mastandrea indicó que más del 60% de los residuos que se generan diariamente en los hogares podrían reciclarse.
Sin embargo, advirtió que ese potencial está lejos de aprovecharse plenamente debido a la falta de infraestructura y de conciencia sostenida en el tiempo. «Separar y reciclar tiene beneficios no solo ambientales, sino también sociales y económicos. Evita, por ejemplo, que los desagües se tapen, reduce costos de disposición final y permite valorizar materiales que hoy se consideran residuos», explicó.
El componente social es, justamente, uno de los ejes centrales del proyecto. A diferencia de otras iniciativas similares, la campaña impulsada por Mastandrea propone un sistema de recompensas concretas para quienes participen.
«La intención es que el esfuerzo tenga una devolución tangible. Por ejemplo, que una escuela pueda recibir bancos, pintura o equipamiento a partir de las botellas que junta», detalló.
En esa línea, consideró que el voluntarismo, por sí solo, no siempre alcanza para sostener este tipo de acciones en el tiempo. «Cuando no hay una retribución, muchas veces el entusiasmo inicial se va perdiendo. Por eso pensamos en un esquema donde haya un beneficio claro», sostuvo.
El proyecto ya cuenta con la adhesión de al menos cinco instituciones que funcionarán como puntos de recolección. Además, se prevé una ampliación progresiva del sistema, con la incorporación de más actores del ámbito educativo y social.
El lanzamiento formal de la campaña está previsto para el próximo 22, en el marco del Día de la Tierra. La actividad se realizará en la sede de la Universidad Popular, donde se presentará la iniciativa ante la comunidad y se invitará a nuevas organizaciones a sumarse.
«Queremos que esto crezca, que se multiplique. La invitación está abierta a todas las instituciones del Gran Resistencia», expresó Mastandrea.
Mientras tanto, la recolección ya está en marcha. En apenas cuatro días, el proyecto logró reunir cerca de 245 botellas, un número que, si bien está lejos del objetivo final, marca un ritmo inicial alentador.
El emprendedor destacó también el rol de su familia en el desarrollo de la iniciativa, especialmente el entusiasmo de sus hijos. «Mi hija me pidió salir a juntar botellas y ser parte. Eso también es importante, porque genera conciencia desde chicos», comentó.
Para quienes deseen colaborar, el proceso es sencillo pero requiere ciertos cuidados. Las botellas deben estar limpias, secas y aplastadas, para facilitar su almacenamiento y transporte.
Luego, pueden ser entregadas coordinando directamente con el impulsor de la campaña a través de redes sociales. «Lo que pedimos es que estén aplastadas y en bolsas recicladas. Eso ayuda mucho en la logística», explicó.
A futuro, el proyecto contempla la instalación de «puntos verdes» en diferentes instituciones, lo que permitirá descentralizar la recolección y facilitar la participación ciudadana.
Más allá de la meta numérica, Mastandrea insistió en que el verdadero objetivo es generar un cambio cultural en torno al tratamiento de los residuos.
«Esto es una excusa para hablar de reciclaje, para involucrar a la gente y para mostrar que se pueden hacer cosas concretas», concluyó.
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