Una selección a la que casi nadie da la espalda | Mundial 2026 de Fútbol

El gol de Iniesta en Sudáfrica 2010 dio a España la primera estrella mundialista y activó una marea social en torno a La Roja. Fue un hito histórico. Hoy, a las puertas de otra gran final, todo el país está expectante porque la selección acaricia de nuevo la gloria. Se aprecia en la sociedad un sentimiento generalizado de adhesión a un plantel que gana partidos a la vez que suma simpatías. Será por los modales del grupo, los discursos mesurados del seleccionador, la imagen de confraternización y, sobre todo, por un fútbol que embelesa. También por el factor camiseta, que está ayudando a visibilizar esa comunión equipo-afición. “El fútbol desempeña un papel muy importante como vehículo de identidad colectiva. Y esta selección tiene todos los ingredientes para atraer a la gente, porque hay futbolistas catalanes (ocho), vascos (cuatro), andaluces, extremeños… otros de origen migrante, incluso un nacionalizado. Esto se agradece en un momento de tanta polarización”, afirma Sergio Andrés Cabello, profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja.
Asier Odriozola y Andoni Markuleta son donostiarras y tienen 18 años recién cumplidos. Este jueves pasado, vestidos ambos con la blanca de España, charlaban de fútbol con sus amigos en el embarcadero del Náutico: “Pon que somos fans de Zubimendi”, dicen de primeras al periodista. ¿Y esa camiseta? “Es muy chula, me gusta”. No han tenido ningún problema por lucirla a pleno sol en San Sebastián: “Nada, nada. Nosotros tampoco nos metemos con los que celebraron en un bar el gol de Bélgica”. No puede decir lo mismo un hombre que paseaba este viernes a las 5.30 por La Concha con una camiseta de la selección nacional y fue increpado e insultado por un grupo de cinco menores de edad, uno de los cuales, identificado e investigado por un delito de lesiones, le propinó un puñetazo en la cara. En Plentzia (Bizkaia), desconocidos colocaron hace días una pancarta con el siguiente escrito: “Oyarzabal, Merino, Nico, Unai, Zubimendi. Enemigos del pueblo”.
Ya sucedió tras el título de la Eurocopa 2024. En aquella final marcaron Nico Williams y Oyarzabal, pero en una calle del municipio vizcaíno de Elorrio, el pueblo natal de la madre del jugador realista, pintaron en euskera “Oyarzabal y Merino, traidores” junto a una esvástica. Son episodios aislados en medio de una normalidad en torno a un combinado nacional que va ganando adeptos incluso en los territorios menos afectos al nacionalismo español. La semifinal contra Francia fue seguida por casi tres de cuatro vascos (el 74,2%), por debajo de Cataluña (el 78,7%), el día en el que las audiencias televisivas se dispararon hasta los 14,7 millones de espectadores, según un informe de Barlovento Comunicación. Los índices alcanzados en Euskadi son significativos por elevados. Cuando sus habitantes son preguntados por su afinidad identitaria, un 39% declara sentirse vasco y español a partes iguales, mientras que otro 23% dice ser más vasco que español, según el último Sociómetro vasco.
“No olvidemos que, por encima de todo, las victorias siempre ayudan a unir a la gente”, comenta Álex Quiroga, director del Máster de Estudios sobre Nacionalismos de la Universidad Complutense. María Silvestre, catedrática de Sociología de la Universidad de Deusto, lo analiza así: “La selección española de fútbol y sus victorias en el Mundial pueden ofrecer espacios puntuales de encuentro y una narrativa común, pero no resuelven las fracturas políticas o identitarias de fondo. Lo que hace es crear momentos en los que personas con sensibilidades muy distintas encuentran un motivo compartido para celebrar. Es una cohesión emocional y circunstancial, más que una cohesión política o ideológica. Es decir, genera una comunidad afectiva temporal alrededor de un acontecimiento deportivo, pero no modifica necesariamente las convicciones o identidades de quienes participan en ella”.
Al calor del interés que existe por ver a los Rodrigo, Lamine, Olmo o Pedri, a todos, el Ayuntamiento San Sebastián, en manos del PNV, ha decidido instalar una pantalla gigante en Anoeta este domingo, como hizo para la final europea hace dos años. También Vitoria, donde gobiernan los socialistas. Y Pamplona, con alcalde de EH Bildu. Como hacen, también, otras tantas ciudades y localidades españolas, independientemente de quien las gobierne. Y con la excepción de Bilbao porque su alcalde, Juan Mari Aburto (PNV), considera que no es una “necesidad social” y porque tampoco lo hizo cuando el Athletic jugó las últimas finales de Copa.

Conforme el grupo de De la Fuente va sumando victorias, los nacionalistas vascos han aprovechado para reivindicar una selección vasca con reconocimiento oficial y pasaporte para jugar competiciones internacionales. “Yo soy de la selección vasca, punto”, confesó el lehendakari, Imanol Pradales, en vísperas de la semifinal mundialista. El presidente de su partido, Aitor Esteban, tampoco quiso dar su pronóstico horas antes del España-Francia y se posicionó en la misma línea: “No me suscitan simpatía ni la una ni la otra. Hoy y siempre, voy con la selección vasca”.
La Roja genera “una mayor cohesión social entre quienes comparten una identidad nacional y se sienten representados por esos colores”, opina Silvestre, aunque “allí donde esa comunión identitaria no se da, es difícil que el fútbol sea capaz de crearla”. Su colega Cabello sostiene que el furor que esta selección está despertando en la sociedad viene, en gran parte, motivado por “un ciclo muy provechoso en títulos”. “Los jóvenes son muy afortunados, porque han visto a España ganar una Eurocopa, una Liga de Naciones y ahora la final del Mundial. Esto hace 30 era casi ciencia ficción”, añade este sociólogo. Y esto está haciendo que “el equipo está favoreciendo vivir la identidad colectiva como españoles de una manera natural”.

El acierto en el diseño de la camiseta también ha contribuido a expandir la imagen del combinado nacional, cree Cabello: “Es un fenómeno digno de estudio”. No hay datos de la cantidad de camisetas de la selección que se han vendido para esta ocasión, pero podrían haberse batido todos los récords porque las existencias se han ido agotando: “No hacemos públicas las cifras concretas de ventas de las camisetas de la selección española para el Mundial 2026”, explica a este diario un portavoz de Adidas.
Para Quiroga, autor del ensayo Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España, “los chavales no se sienten ahora intimidados por llevar una camiseta de la selección. Eso de asociarse con España, por lo menos en el marco deportivo, ya ha dejado de ser un tabú para muchos”. El sociólogo Cabello apostilla: “Este mundial nos ha dado una pequeña tregua. Se ha demostrado que la gente está cansada de tanto enfrentamiento y se agarra a lo que más les une, el fútbol”.
Desde Dallas (EE UU), Dani Garrido, director del programa Carrusel Deportivo de la SER, da por teléfono esta clave para entender el poder de cohesión que, a su juicio, está logrando la selección: “La personalidad de De la Fuente es fundamental. Es de una naturalidad extrema, no hay pose, no hay estridencias, protege al futbolista. Y alude mucho al concepto de familia para mostrar cómo quiere que sea su equipo. Por otro lado, la selección ha ganado mucho con la llegada de jugadores como Nico o Lamine porque representan la riqueza multicultural de lo que es España. Es un grupo que no se esconde”.
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