Claves del éxito de la Roja camino de la gran final del Mundial: 11 jugadores con mentalidad de centrocampistas explican el juego de España | Mundial 2026 de Fútbol

“¿Con quién va usted?”. La pregunta se repetía y la respuesta siempre era la misma: “Soy holandés, pero defiendo el fútbol que juega España”. Johan Cruyff se sentía muy a gusto con la final que iban a disputar la selección española y la de Países Bajos en la Copa de 2010. El que fuera líder del Ajax campeón de Europa e icono de la Naranja Mecánica, el asombroso equipo de los años setenta que conquistó el mundo sin ganar el título, derrotado por Alemania, no era un extraño precisamente para hablar de la evolución y el éxito del fútbol español, sino un cómplice revolucionario como futbolista del Barça que fue y más tarde como creador del Dream Team que encumbró al club azulgrana en 1992.
El efecto Cruyff fue decisivo en la competición de clubes y por extensión en la Roja. No ha habido seguramente un fenómeno que haya tenido un mayor impacto en el juego junto con el protagonizado por la Quinta del Buitre, un colectivo al que no siempre se da la importancia merecida por no ganar la Copa de Europa, el torneo por excelencia del Real Madrid. Aquellos dos equipos de los años ochenta y noventa, el blanco y el azulgrana, fueron el punto de partida del despegue español después de un tiempo confundido por la furia —el lema desde Amberes 1920 era aquel de “A mí, Sabino, que los arrollo”—, sin saber si quería ser toro o torero, como explicó incluso un argentino de nombre Menotti.
El eco de la Eurocopa ganada en 1964 se apagó muy pronto y si se evocaba de vez en cuando era con motivo del Balón de Oro porque aquel trofeo fue ganado en 1960 por Luisito Suárez, un exquisito interior que sobresalió en el Barça de Kubala y triunfó en el Inter. A partir de la figura del Arquitecto, como se conocía al gallego, se reivindicaron los muchos centrocampistas habidos y los que tenían que llegar como la esencia de un fútbol español habitualmente dirigido por medios —Clemente, Luis Aragonés, Del Bosque, Luis Enrique— y que hoy tiene como icono a Rodri. El mediocentro madrileño ha tomado el relevo de Busquets y Senna en el puesto de mando de la selección de De la Fuente.
Rodri subraya la figura del medio centro como eje del fútbol de la Roja
El punto de partida del éxito fue la selección de Luis que ganó la Eurocopa 2008. Xavi fue elegido mejor jugador de un torneo en el que el seleccionador prescindió de Raúl y apostó por un pelotón de pequeños volantes como Iniesta, Cazorla, Cesc o Silva. Los triunfos tuvieron continuidad en el Mundial (2010) y la siguiente Eurocopa (2012), incluso después de los cambios de técnico, hasta el extremo de que la Roja es ahora mismo la bandera futbolística de Europa. Ninguna selección tiene una identidad tan marcada como la de España, igual de reconocible con independencia de si viste de rojo o de blanco, inspirada en el juego de asociación y combinación, propio de los centrocampistas y sublimado por el rondo famoso de Cruyff.
No es un fútbol excluyente como se advirtió en el Mundial de 2010 cuando Del Bosque supo juntar a Busquets con Xabi Alonso. Los finos estilistas azulgranas, definidores del juego, futbolistas como Iniesta y Xavi, mezclaron muy bien con la garra de los madridistas Sergio Ramos y Casillas. Tampoco hay que olvidar a los jugadores procedentes de los demás clubes, que son varios, encabezados por Villa, el Niño Torres o Capdevila. El modelo, sin embargo, no asegura el triunfo porque España ha tardado 16 años en volver a la final del Mundial después del agotamiento de Brasil 2014 y el extravío de Rusia 2018. El empacho de balón también fue excesivo en Qatar 2022.

El hilo se recuperó con De la Fuente en la Eurocopa 2024. Los protagonistas, sin embargo, fueron los extremos Lamine Yamal y Nico Williams. El punto neurálgico, en cualquier caso, volvieron a ser los centrocampistas como Pedri, Fabián, Olmo, Zubimendi y por supuesto Rodri, ganador del Balón de Oro por delante de Vinicius en una decisión que irritó al Madrid, cuya penuria tiene algo que ver con la salida de dos fuentes de alimentación: Modric y Kroos. No ha habido más representación del Madrid en el actual Mundial que el recién fichado Cucurella. El sentido de equipo se ha impuesto en la España plurinacional de Luis de la Fuente.
La clave está en la elección de unos jugadores que saben interpretar el juego y, por tanto, entender que el gol es una consecuencia de la posición, la posesión y la presión, tres claves que nacen en la divisoria, indispensables para el fútbol total de España. No se trata de imitar a Holanda en 1974, sino de actualizar un solfeo futbolístico que prioriza la fluidez y la velocidad del balón, el toque de primeras, así como la profundidad y la verticalidad, apreciables durante el Mundial.
La meta es saber jugar con y sin balón de forma sincronizada, encontrar el timing desde la colectividad y no desde el egoísmo por más que la final tenga como cabezas de cartel a Messi y Lamine, dos solistas de jazz que actúan a partir del conservatorio de la Masia, la escuela que adquirió su sentido con Cruyff y floreció con Guardiola, el entrenador que siempre quiso jugar con 11 centrocampistas como se adivinó en aquel Mundial de Clubes de 2011 ganado al Santos por 4-0.
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