El Mundial bajo la lupa de la filosofía: entre la pasión, el negocio y la protesta

Mientras el Mundial de fútbol 2026 transita su etapa decisiva y concentra la atención de millones de personas en todo el planeta, docentes y estudiantes de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) propusieron una mirada diferente sobre el fenómeno deportivo. Lejos de limitarse al análisis de los resultados o el rendimiento de las selecciones, plantearon interrogantes acerca del papel que cumplen estos grandes eventos en la sociedad contemporánea, su utilización política y económica, el nacionalismo que despiertan y las posibilidades que también ofrecen como espacios de crítica y resistencia.
Las reflexiones surgieron durante una entrevista realizada por Radio UNNE al profesor de Filosofía e investigador Maximiliano Román y a la estudiante de la Licenciatura en Filosofía Micaela Gaitán, integrantes del proyecto de extensión «El Ser y la Pala», un streaming filosófico que desde hace dos años aborda temas de actualidad desde una perspectiva crítica y que fue reconocido por el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades de la UNNE.
En el diálogo, ambos coincidieron en que el Mundial constituye uno de los acontecimientos culturales más importantes del planeta y que, precisamente por su enorme alcance, merece ser analizado más allá de la pasión futbolística.
Pensar el Mundial desde la filosofía
La propuesta nació a partir de una pregunta sencilla, aunque cargada de implicancias: ¿qué puede decir la filosofía sobre un Mundial de fútbol?
Román explicó que esa fue precisamente la inquietud que impulsó el trabajo del equipo integrado por docentes, graduados y estudiantes de Filosofía de la UNNE.
«Tratamos de pensar el Mundial desde la filosofía, de problematizar, de preguntar, porque es algo que impregna un poco todos los aspectos de nuestras vidas por estos días», sostuvo el investigador.
El docente señaló que uno de los lugares comunes más frecuentes consiste en afirmar que los grandes eventos deportivos funcionan como una cortina de humo destinada a desviar la atención de otros problemas. «Hay una idea bastante instalada de que los mundiales de fútbol funcionan como una especie de distracción para tapar otras cosas importantes que están sucediendo», dijo.
No obstante, aclaró que reducir el análisis únicamente a esa explicación resulta insuficiente. «Nosotros tratamos de pensar que también es un espacio donde se expresan todas las contradicciones de nuestras sociedades contemporáneas y, por lo tanto, también pueden ser espacios de resistencia, de crítica y de pensar las relaciones geopolíticas desde otros lugares», agregó.
Para Gaitán, el primer paso consiste en comprender que el Mundial no puede analizarse como un fenómeno aislado de la realidad social. La estudiante recordó, por ejemplo, las protestas ocurridas durante los Juegos Olímpicos de París 2024, cuando distintos sectores de la sociedad francesa cuestionaron la inversión pública destinada a infraestructura deportiva mientras persistían otras demandas sociales. A su entender, esos antecedentes demuestran que los grandes eventos internacionales no suspenden los conflictos sociales, sino que muchas veces los hacen más visibles.
Mucho más
que un torneo
El análisis avanzó luego hacia uno de los debates que circulan con fuerza en redes sociales: la idea de que el actual Mundial es «el Mundial menos Mundial». Para los integrantes del proyecto, detrás de esa percepción aparecen múltiples factores, aunque uno de los principales tiene que ver con el creciente peso de la industria del espectáculo y del negocio deportivo. Uno de los ejemplos mencionados fueron las pausas obligatorias de hidratación implementadas por la FIFA, conocidas como cooling breaks, que además de responder a cuestiones climáticas también habilitan nuevos espacios para la publicidad televisiva.
Román aprovechó ese ejemplo para introducir uno de los conceptos clásicos de la filosofía contemporánea: la «sociedad del espectáculo», desarrollada por el pensador francés Guy Debord en 1967.
El investigador sostuvo que el Mundial permite observar con claridad cómo el espectáculo termina expandiéndose mucho más allá del deporte. «La competencia deportiva deja de ser solamente un partido de fútbol y termina convirtiéndose en un espectáculo que lo abarca todo», explicó.
Según indicó, la dimensión comercial aparece hoy con una fuerza inédita.
«La cuestión comercial es la que se impone con más fuerza», afirmó, al referirse tanto a la publicidad permanente como al crecimiento de las apuestas deportivas y a la enorme cantidad de productos asociados a las selecciones nacionales.
En ese sentido, señaló que el fervor patriótico también suele convertirse en un recurso comercial. «La venta de camisetas, banderas y distintos productos aprovecha ese sentimiento nacionalista que despierta el Mundial», observó. Román consideró que el torneo terminó transformándose en uno de los mayores espectáculos globales. «Se convierte en un espectáculo que desborda lo que inicialmente es una competencia deportiva y alcanza una dimensión mundial porque son millones las personas que siguen estos partidos», expresó.
¿El espectáculo tapa la realidad?
Uno de los interrogantes centrales de la conversación fue si el enorme despliegue mediático del Mundial contribuye a invisibilizar otros conflictos internacionales. Para Gaitán, la respuesta no admite simplificaciones. «Ignoramos, pero al mismo tiempo no», sostuvo.
La estudiante explicó que situaciones de ese tipo muestran cómo muchas veces se desconocen la historia y las culturas de otros pueblos, aunque al mismo tiempo esos hechos permiten abrir debates que probablemente no tendrían la misma visibilidad fuera de un evento de semejante magnitud.
Román coincidió con esa lectura. «Es una dinámica de doble cara, que por un lado nos oculta cosas, pero al mismo tiempo también nos permite mostrar otras», afirmó. Para fundamentar esa idea recurrió a distintos episodios históricos. Recordó que el Mundial Argentina 1978 fue utilizado por la última dictadura militar como una herramienta propagandística, aunque también permitió que las Madres de Plaza de Mayo lograran difundir internacionalmente las denuncias por las violaciones a los derechos humanos.
Del mismo modo mencionó otros antecedentes, como Italia 1934 bajo el régimen fascista de Benito Mussolini, Rusia 2018 o Qatar 2022, donde las denuncias por las condiciones laborales de los trabajadores migrantes adquirieron relevancia internacional precisamente durante el desarrollo del campeonato. «Los mundiales nos ocultan cosas, pero también canalizan un montón de tensiones, conflictos y problemas que ya existen en nuestras sociedades. El desafío pasa por preguntarnos qué tan dispuestos estamos después a resolver esos problemas», concluyó Román.
una oportunidad para reflexionar
Durante la entrevista, Román y Gaitán retomaron la antigua idea romana del «pan y circo» para analizar si el Mundial puede funcionar como una herramienta de distracción social. Sin embargo, ambos coincidieron en que el problema no reside en el fútbol, sino en el uso que pueden hacer de él los distintos poderes políticos y económicos. «Es normal que el ser humano busque formas de divertirse. El problema es cuando esas formas exceden la realidad o terminan tapándola», sostuvo Román, quien vinculó ese fenómeno con el crecimiento de las apuestas online y el fuerte despliegue publicitario que rodea a la competencia.
En esa línea, Gaitán remarcó que el deporte constituye una actividad positiva para las personas. «No hay que culpar al fútbol. Es un juego, un deporte que hace bien a la salud y a la mente. El problema aparece cuando ese deseo natural de jugar es utilizado en beneficio de determinados intereses», afirmó.
Un escenario para las protestas
Los entrevistados también destacaron que, lejos de ser únicamente un espectáculo deportivo, el fútbol se convirtió en una plataforma desde la cual deportistas y organizaciones visibilizan distintas problemáticas sociales. Román sostuvo que «el fútbol también puede ser un medio de protesta», mientras que Gaitán recordó las manifestaciones de futbolistas como Vinícius Júnior contra el racismo, Kylian Mbappé sobre la violencia racial en Francia y Lamine Yamal con gestos de apoyo al pueblo palestino.
«Los futbolistas tienen una enorme capacidad de influencia y millones de personas los escuchan», consideró Román.
Otro de los ejes abordados fue el fuerte sentimiento nacionalista que despierta el Mundial. Para Román, la selección nacional funciona como una representación simbólica del país y genera una sensación de pertenencia que une, al menos temporalmente, a personas con realidades muy diferentes. «Es un sentimiento genuino y profundamente humano, aunque también puede ser manipulado con fines políticos y económicos», explicó.
El investigador advirtió que ese proceso de identificación suele dejar en un segundo plano conflictos sociales que permanecen una vez finalizada la competencia.
Más preguntas
que respuestas
Hacia el cierre de la entrevista, ambos coincidieron en que el principal aporte de la filosofía consiste en promover el pensamiento crítico frente a fenómenos masivos como el Mundial.
Román sostuvo que conceptos como patria, identidad o nación deben ser permanentemente revisados y debatidos. «La función de la filosofía es cuestionar, preguntarnos e interrogarnos para abrir el diálogo con otros», afirmó.
En ese sentido, los integrantes de «El Ser y la Pala» concluyeron que el Mundial puede disfrutarse como una celebración deportiva sin dejar de lado una mirada crítica sobre las tensiones políticas, económicas y culturales que también atraviesan uno de los espectáculos más convocantes del planeta.
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