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‘Big foot’ Mikel Oyarzabal | Mundial 2026 de Fútbol


Ser articulista durante el Mundial se ha convertido en profesión de riesgo. Con los últimos acontecimientos, o te la juegas mucho o cualquier cosa que se escriba, por ejemplo esta, va a pasar desapercibida. Un expresidente de 71 años, registrador de la propiedad y gallego, ganando la batalla por la viralidad a los nuevos influencers y los nuevos formatos. Imaginen dónde quedamos el resto, que escribamos lo que escribamos no indignaremos nunca a la oficialidad. Dice Ricky Gervais que el humor no debería tener límites y estoy de acuerdo. ¿Se puede bromear sobre el cáncer, sobre el aspecto de las personas, sobre los estereotipos raciales, sobre la orientación sexual o religiosa? Quiero creer que sí. Lo he visto, escuchado y me he divertido. Lo he defendido contra quienes pensaban que no. He discutido con quienes dicen que el humor no debe llegar a ciertos lugares, y que cuando llega entonces ya se convierte en otra cosa que no es humor. Hay un arte en hacer reír a un cura con un chiste sobre la pederastia. Lo que sucede es que el humor requiere mucho nivel. Cualquier chanza a destiempo no es humor y por tanto no tiene ni debería tener el escudo ni la inviolabilidad que defiendo. Hay profesionales del humor por un motivo: un buen chiste requiere calidad en el emisor, en la forma, en el momento y en el objetivo. Si no lo tiene, se convierte en otra cosa que no es humor, puede que hasta criticable. Y por tanto viral. No perdemos la oportunidad de exagerar una metedura de pata.

El futbolista menos viral de la selección nos acaba de meter en la final del Mundial, bonita lección para los chavales. Conocí a Don Mikel Oyarzabal cuando acababa de cumplir 18 y vino a Austria con los mayores de la Real para hacer la pretemporada. Tenía todo lo que se puede esperar de un adolescente de Eibar. Cara de bueno, pies grandes de ‘big foot’, pelo por todo el cuerpo, timidez extrema. No abría la boca ni para pedir el balón. Después del primer entrenamiento, David Moyes nos apartó a unos cuantos y nos dijo this kid is bloody good. No era el tío más fino del mundo pero no hacía falta. Xabi Prieto lo apadrinó desde el primer día, como si ya supiera que era su heredero. En dos meses era nuestro mejor jugador y hoy, 11 años después, es el orgullo de todos los que lo conocimos. Es el líder de la selección y va a ser campeón del mundo. Sin hacer ruido.

Digo que va a ser campeón porque España no tiene rival jugando como la pasada noche. En un campeonato que está ofreciendo mucho más nivel del esperado, el equipo español ha pasado por encima de la gran favorita, en las segundas semifinales de su historia, con la suficiencia de quien gana un partido intrascendente a un rival inferior. Sin sufrir. Había escrito un símil bélico con San Quintín y con Bailén, pero no encaja con lo que hemos visto. Además, me da la sensación de que a estos chicos les van a resbalar los halagos estos días como les resbalaron las críticas después del debut con Cabo Verde. Entonces avisé a quienes pudieran dudar de su excelencia por un mal partido. Dije que, por naturaleza, son los mejores. Así de buenos son.


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