Leo Messi juega el partido que convirtió en Dios a Maradona | Mundial 2026 de Fútbol

No es México 86, ni hace cuatro años Argentina ha tenido una guerra con Reino Unido, pero nadie escapa de la agitación social en Argentina de un duelo mundialista con Inglaterra, un choque que ayuda a definir un país. La selección más emocional del torneo, sostenida en el vacío gracias a ataques de orgullo, encara el enfrentamiento más en carne viva que todos cuantos puede afrontar. “El partido del pueblo”, lo ha definido el diario argentino Clarín.
La carga simbólica se dispara, además, porque este será, probablemente, el único encuentro grande que todavía no ha disputado Leo Messi, que hace dos semanas cumplió 39 años y nunca se ha cruzado con Inglaterra. La cita, para cerrar el círculo, lo coloca ante el enfrentamiento que convirtió en Dios a Diego Armando Maradona, en el Mundial 86. El contexto deportivo, político y ambiental es muy diferente a aquel, pero el paralelismo entre las dos banderas de Argentina antes del choque con Inglaterra resulta inevitable.
Sin urgencias desde Qatar 2022 y desatado ahora en Estados Unidos (ocho goles y dos asistencias; el Pelusa consiguió cinco tantos y cinco pases en el 86), las semifinales con los ingleses le conceden a Messi la opción de seguir aspirando a lo que Diego no pudo: levantar una segunda Copa del Mundo después de caer por un penalti en la final de Italia 90. La carrera de Leo, mucho más larga (será el jugador de campo de más edad en disputar una semifinal), le ha traído a su sexto Mundial, frente a los cuatro de Maradona (el último, interruptus por el positivo en el 94), que apenas tenía 25 años cuando se convirtió en mito en el estadio Azteca en el 86.
La relación entre ambos pasó por altibajos y la elevación de Messi a la categoría de leyenda nacional se produjo ya sin Maradona, fallecido en 2020. La incontinencia de Diego le llevó, en fases alternas, a alabar a su sucesor y a marcarle el territorio. “Messi no tiene mucha personalidad como para ser líder”, le dedicó el Pelusa, que lo entrenó en el Mundial 2010 (eliminados en cuartos por un 4-0 de Alemania). Esa edición, por cierto, fue la única en la que Leo no marcó ninguno de los 21 goles que suma en todas sus participaciones, más que nadie en la historia (ocho del Pelusa en 21 partidos).
Messi ya metió en sus inicios con el Barcelona los dos goles de Maradona a Inglaterra, aunque demasiado lejos del simbolismo de un Mundial. La Mano de Dios se la hizo al Espanyol y el eslalon sorteando rivales, al Getafe en Copa. Ahora, liberado de todas las cadenas que lo empequeñecieron en la Albiceleste, ha llevado a hombros hasta aquí a un grupo de jugadores de los que se espera más.

Si, como dice (en vano) Scaloni, es solo un partido de fútbol, el accidentado camino hasta las semifinales de su equipo parece obligarlo a disparar las prestaciones. La victoria en la prórroga en cuartos ante Suiza le dejó el peor sabor de boca del Mundial. Argentina volvió a perder la posesión en muchas fases, pese a que las alineaciones se construyen alrededor de la idea de tener el balón, y empieza a extenderse la sensación en el entorno de que los jugadores sufren un bajón físico.
El técnico, que ha insistido en los últimos días que este factor resultará clave, ha transmitido un par de veces casi seguidas que al principio de la concentración “el panorama pintaba feo”, en referencia a los futbolistas que llegaron tocados. “Si no confiara en ellos, habría pensado en hacer cambios [en la lista]. Y me han dado la razón”, señaló hace cuatro días.
Enfrente le aguarda Inglaterra, que tampoco se ha distinguido por su capacidad para trabar fútbol desde el medio y que también llega con dudas, pero al que le sobra carrocería para imponerse en los duelos. El combinado de Thomas Tuchel (el alemán y Scaloni comparten su afición al Palma Futsal, de Mallorca) es, no solo el primer rival de su altura en este Mundial, sino el primero de envergadura desde que derrotó a Francia en la final de 2022.
Hace 21 años que no se encuentran Argentina e Inglaterra (la última vez fue un amistoso de 2005) y de los cinco choques previos mundialistas los británicos salen ganadores (tres victorias a dos), pero la mitología y el relato pertenecen a los albicelestes, también por lo que sucedió en los octavos de Francia 98. Entonces, Simeone forzó la expulsión de Beckham. “Demostré picaresca e inteligencia”, confesó después. En la prensa británica, el pasado se trata de puntillas.
Nada es normal en un Argentina-Inglaterra, pese a que en el día a día hasta cinco titulares habituales de Scaloni jueguen en la Premier (Dibu Martínez en el Aston Villa, Cuti Romero en el Tottenham, Lisandro Martínez en el United, Alexis Mac Allister en el Liverpool y Enzo Fernández en el Chelsea). Nada es normal si Messi todavía no ha jugado contra Inglaterra, el partido que Maradona convirtió en un hito de la historia del país. “Por las Malvinas, por Diego, por la última de Leo”, cantan los aficionados y replican los futbolistas.
Source link


