España en una nueva final, ese momento en el que se paró el tiempo

Un banco, algún taca taca, y la palabra. Todos los días, y a la misma hora, un grupo de siete mujeres de entre 63 y 94 años se reúne para tertuliar en el mismo lugar: cuatro en el banco, una en la silla de ruedas y las otras dos apoyadas en su taca taca. Como un Café Gijón, pero en la plaza Santa Maria de la Cabeza de Madrid: “Venimos aquí porque esto son dos pastillas menos al día”. Este martes, como no podía ser de otra manera, la semifinal del Mundial entre Francia y España se ha comido parte de la charla. Las más jóvenes, Begoña y Rosalinda, ambas por debajo de los 70, están entusiasmadas: “Ganamos seguro si saca a Borja Iglesias y a Mikel Merino desde el inicio”, dice Begoña. “Que no, que a Merino hay que guardarlo para el final”, responde su amiga. Las más mayores observan como quien no quiere la cosa. “Mira, yo he tenido un marido que desayunaba, comía, cenaba con el fútbol. Si había partido, las mujeres a preparar los bocatas. Estaba agonizando y a encender la televisión para el fútbol. Muerto el perro, se acabó la rabia”, explica una de las mujeres, abulense de 90 años.




