Cristiano se despide del Mundial y abre una nueva era en la selección: “He ganado tres títulos. Antes de mí, Portugal no tenía ninguno” | Mundial 2026 de Fútbol

No hubo ningún otro torneo que frustrara tanto a Cristiano como el Mundial. Desde que en 2006 cayó en la semifinal ante Francia, Ronaldo trató otras cinco veces durante dos décadas de levantar el trofeo. Su último baile, ya con casi 41 años y medio de edad, concluyó el lunes en los octavos de final con la derrota de Portugal contra España (0-1), la misma selección que en 2010, cuando él era uno de los jugadores más diferenciales que existían en el planeta, lo apeó de Sudáfrica en la misma ronda. El gol en el 91 de Mikel Merino en Dallas bajó el telón de la carrera del delantero en la Copa del Mundo y comenzó a entreabrir una nueva era en la Seleção tras la influencia inmensa que tuvo en el equipo el deportista más exitoso y global de la historia de Portugal. “Lo di todo, me esforcé al máximo y me voy con la conciencia tranquila. Fue mi último Mundial, sí, pero ahora tendré tiempo para reflexionar y estar con mi familia. No voy a tomar decisiones precipitadas en caliente”, dijo Cristiano el lunes, 23 años después de su debut internacional.
Ronaldo no desveló si el partido contra el combinado de Luis de la Fuente también había sido su última cita con la selección. El jugador de Madeira prefirió dejar que los focos se centraran en el equipo, no como cuando el Real Madrid conquistó la decimotercera Champions y él soltó una bomba en plena celebración al afirmar que había sido bonito estar en el club y que hablaría pronto con los aficionados. “Me entristece despedirme del Mundial de esta manera”, reconoció el delantero, a quien se le vio emocionado y lloroso en el Dallas Stadium por su last dance. Saludó a Rodri, le dio un abrazo a Lamine Yamal, habló con sus compañeros y soltó varias lágrimas mientras caminaba sin rumbo sobre el césped y se despedía de los aficionados de Portugal.

A la zona mixta ya llegó recompuesto. Allí soltó una de esas frases vanidosas sobre sí mismo que han hecho que mucha gente lo haya aborrecido a lo largo de su carrera. “Mañana me levantaré igual que hoy, con la conciencia tranquila. He ganado tres títulos con Portugal. Antes de Cristiano, Portugal no tenía ningún título. Estoy contento. El mayor título que gané con la selección fue en 2016, la Eurocopa, que para mí tiene la misma dimensión que un Mundial. Mañana será otro día y la vida sigue”, afirmó.
Con él, además de la Euro, la Seleção alzó las Nations League 2019 y 2025. Su tramo final, sin embargo, estuvo embarrado por todo el ruido que acompañó a un delantero que en sus estertores fue menguando y menguando, cada vez más intrascendente en el juego por mucho que mantuviera una capacidad extraordinaria para definir que le permitió sostener unos guarismos goleadores notables tanto en la Liga saudí como con Portugal. Cristiano ya hace tiempo que no es aquel jugador con un físico y un fútbol prodigiosos. Con la edad —es el segundo más mayor en anotar en un Mundial con 41 años y 147 días— mutó a un nueve de referencia más estático, una especie de martillo final con el que Roberto Martínez trató sin éxito de encumbrar a la añada más dotada de la historia del país.
El técnico catalán anunció el lunes en Dallas en la rueda de prensa que no renovaría su contrato al frente del banquillo luso, que finaliza al término del torneo. “Vine para ganar el Mundial, no tiene sentido seguir”, reconoció. Por su cabeza, ocurriera lo que ocurriera, ya había pasado la idea de abandonar la selección tras un ciclo en el que conquistó la Nations 2025 y se la jugó con el viejo Cristiano como estilete desde que cogió las riendas del grupo en febrero de 2023. Quienes lo conocen afirman que él siempre ha tenido una reverencia y un cuidado especial por las figuras históricas como Ronaldo, y que por eso lo contrató la Federación, que ahora negocia para el puesto con Jorge Jesus.

Roberto Martínez nunca quiso probar a Leão o a Gonçalo Ramos como puntas titulares, al contrario de lo que hizo su antecesor, Fernando Santos, que en Qatar 2022 sentó a Cristiano durante las eliminatorias tras comprobar que su impacto en el juego se había reducido y que su escasa implicación defensiva condicionaba al grupo a la hora de robar. La decisión levantó tal polvareda en el país que la titularidad de Ronaldo se convirtió en un asunto de Estado del que llegó incluso a opinar el entonces presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.
Cristiano cerró su sexto Mundial con tres goles, dos a la débil Uzbekistán y uno de penalti ante Croacia. Su fútbol se limitó a rematar y a tocar de cara o a la banda tras recibir de espaldas. En los cinco partidos que jugó, solo intentó un regate que ni siquiera completó. Por las redes corría un meme estos días de que Vozinha, el veterano guardameta de Cabo Verde, había hecho más dribblings que él (uno) al realizar un recorte en una situación límite en los dieciseisavos ante Argentina.
La propuesta de Roberto Martínez en el Mundial de encajar al delantero a toda costa y darle casi todos los minutos generó dudas desde el inicio con el empate ante la República Democrática del Congo (1-1). El equipo voló después contra Uzbekistán (5-0), salvó un 0-0 con Colombia, sobrevivió in extemis en dieciseisavos frente a Croacia (2-1) gracias a las paradas de Diogo Costa y cedió ante España. “Nunca he trabajado con un jugador que, pase lo que pase hoy, al día siguiente tenga tantas ganas de volver a trabajar, y esa es una cualidad que me gustaría transmitir a todos los jóvenes”, explicó el técnico sobre el carácter obsesivamente competitivo y ambicioso de Cristiano que impulsó a Portugal hasta que el fútbol y la edad le dijeron basta.
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