Deportes

Simone Biles: “Odio el ejercicio, después de tantos años creo que me merezco un descanso” | Deportes

No hay rastro del madrugón en la afilada mirada de Simone Biles (Colombus, Ohio, Estados Unidos; 29 años). Aún es temprano, pero la estadounidense, una de las mejores gimnastas de la historia —11 medallas olímpicas y 30 mundiales, 23 de ellas de oro, récord absoluto en hombres y mujeres y más del doble que los que suman juntas sus dos inmediatas perseguidoras, la rusa Svetlana Khorkina (9) y la rumana Gina Gogean (9)—, posa y sonríe tímida bajo los acristalados techos del Ayuntamiento de Madrid. Es la estrella del evento Future Health, organizado por Sanitas en la capital. Y todos la miran, músculos intactos, maquillaje impoluto. En su cuello tintinea una cadena con el apellido de su marido, el también deportista Jonathan Owens, jugador de los Colts de la NFL. En el aire, flota denso el misterio. Nadie se atreve a adivinar las intenciones de Biles, que suma ya dos años sin competir, los mismos que restan para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, donde, de continuar en activo, llegaría con 31 años.

Pregunta. Han pasado 662 días, casi 22 meses desde su última noche sobre el tapiz, la final de suelo de París. ¿Lo echa de menos?

Respuesta. No es raro echar de menos algo que has hecho durante tantos años a lo largo de tu vida, así que sí, se podría decir que lo echo de menos. Extraño especialmente la camaradería, la convivencia con mis compañeros e incluso el buen rollo en el día a día con los entrenadores. Pero al mismo tiempo es muy agradable tener esta libertad. Es un descanso mental y físico.

P. Está haciendo yoga y pilates, pero no gimnasia. Es decir, se mueve para disfrutar, no para rendir.

R. No es para rendir, no. De hecho, creo que es solo para poder decir que estoy moviéndome algo, porque en realidad odio el ejercicio. Siento que después de haberlo hecho durante tanto tiempo, me merezco un descanso. Y me estoy dando ese privilegio. Eso sí, mi marido me lleva a hacer pilates, y la verdad es que no es nada divertido. Es muy difícil, puro dolor y esfuerzo. Pero él lo ama. Y yo lo hago porque me encanta compartirlo con él.

P. Escuchándola, surge la duda: ¿aún deberíamos referirnos a usted como gimnasta en activo?

R. Sí, totalmente. Es más, si me pidiera hacer un mortal hacia atrás lo haría aquí mismo sin problemas. No me costaría. Es cierto que para competir hay que entrenar, pero todavía tengo la forma física para hacer lo que quiera. El otro día, de hecho, estaba en el trampolín de mi jardín y me puse a hacer piruetas con mi exentrenadora Zoe Miller. Nos lo pasamos en grande.

P. ¿Cuál es la diferencia entre estar retirada y su situación actual?

R. Bueno… Seguro que tendría que entrenar para recuperar mi mejor forma. Mi día a día ahora ha cambiado, es verdad. Es muy diferente estar en forma para competir y estar en forma para el día a día.

P. Mucha gente quiere verla en Los Ángeles 2028. ¿Es factible?

R. Yo diría que todavía estamos al cincuenta por ciento. Aunque también aprovecho para decir una cosa: siento que hay que saber admirar a los atletas mientras están en activo, compitiendo. Yo ya he ido a tres Juegos Olímpicos y me siento realizada. Es loco ver cómo la gente siempre quiere más y más de ti. Al final, la decisión siempre va a ser mía.

P. ¿Qué tendría que ofrecerle Los Ángeles para que valiera la pena volver a competir?

R. Creo que unos Juegos Olímpicos en casa ya es suficiente motivación, pero al mismo tiempo siento que nuestros cuerpos son un poco como un reloj de arena que se va consumiendo. Ahora mismo tengo 29 años, y aunque la longevidad ha avanzado a pasos agigantados en la élite, sería un gran sacrificio intentar estar en Los Ángeles [con 31]. Habrá que ver.

P. ¿Cómo lleva eso de que siempre se le exija la perfección?

R. A veces simplemente lo ignoro. Siento que ya estoy acostumbrada, así que me limito a tratar de ser cada día la mejor versión de mí misma.

P. Su cuerpo ha sido analizado, admirado y cuestionado desde que era muy joven. ¿Ha tenido alguna vez la sensación de que le pertenecía más a otras personas que a usted misma?

R. No, no. Incluso cuando era muy joven y todos analizaban mis movimientos y mi tipo de cuerpo, lo veía como algo normal. Terminas acostumbrándote. Es como si Dios me hubiera dado este cuerpo y yo hubiera hecho cosas increíbles con él. Me encanta el cuerpo que tengo.

P. ¿Cuánto tiempo le llevó aceptar que también podía estar mal?

R. Tardé un tiempo en asumirlo, y sobre todo, mucha ayuda y terapia para terminar de entenderlo. Pero sabe, cada uno tiene su propio camino. Estoy muy orgullosa de poder recorrer el mío rodeada de toda la gente que me rodea.

P. Desde hace años es la imagen global de la salud mental en el deporte. ¿Le pesa esa responsabilidad?

R. No me importa, la verdad, porque no lo vivo como una carga. Lo que he hecho hasta ahora lo voy a seguir haciendo: ser vulnerable, ser abierta y honesta, hablar de ello y compartir lo que vivo con la gente. Me sale de forma natural. Siempre he sido así. Y si por el camino puedo ayudar a una sola persona, seré más que feliz.

P. ¿Se siente más realizada ahora que en su mejor momento como deportista?

R. Creo que hoy me llenan otras cosas, sí. Me llena de orgullo estar casada, pasar tiempo con mi marido, ir a ver sus partidos de fútbol [americano]. Son planes que antes, cuando entrenaba, no podía hacer. Mi vida ha cambiado.

P. Cuando mira al futuro, ¿qué le quita el sueño más allá del deporte?

R. Honestamente, nada. Creo que nada de lo que haga en mi vida va a ser tan duro como llegar a competir en unos Juegos Olímpicos. Así que duermo bastante bien por las noches.

P. ¿Cuál es su mayor miedo entonces?

R. Mirar atrás y arrepentirme de ciertas cosas. A mis 29 años puedo decir que no tengo grandes lamentos en mi vida. Puedo mirar al pasado y vivir tranquila. Y eso lo quiero mantener. Quiero poder seguir diciendo que no me arrepiento de nada.

P. Y en todos estos años en lo más alto, ¿qué ha perdido por ser Simone Biles y nunca va a poder recuperar?

R. Diría que lo único que he perdido es la privacidad. Y créame, puede ser muy duro, especialmente cuando quieres volver a ser una persona normal. En cualquier caso, más que una pérdida, intento verlo como una realidad más de mi día a día. Estoy muy agradecida de estar en la posición en la que estoy.

P. ¿Se aprende a vivir sin privacidad?

R. No se aprende, simplemente sucede. Cuando estás en el foco y todos te miran, tu intimidad se esfuma, desaparece. Todo el mundo pasa a fotografiarte a cada paso que das. Y no es algo que pides. Simplemente se da. Yo era muy buena en la gimnasia y lo otro vino con ello. Ojalá pudiera recuperar la intimidad que tenía antes.

P. ¿Qué sueño le queda por cumplir?

R. Tener hijos y formar una gran familia junto a mi marido.


Source link

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba