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la bronca de los franceses ante una canasta básica cada vez más inalcanzable

La razón del actual estallido social, económico y político que afecta a Francia tiene raíces profundas que llegan hasta la crisis del COVID. La guerra en Irán y la consecuente alza del petróleo, más el conflicto en Ucrania, han disparado dramáticamente el costo de vida de los franceses.

El costo de vida, medido por el índice de precios al consumo (IPC), aumentó un 3,1 por ciento en un año a septiembre de 2026. La inflación media anticipada para el conjunto de 2026 estaba estimada en alrededor del 2,1 por ciento por el gobierno. Francia figura en el lugar 48 de los países más caros del mundo.

A ojos argentinos estos índices pueden parecer insignificantes. Pero no cuentan toda la historia. Los aumentos son dispares por sector de actividad. La energía, por ejemplo, aumentó un 21,3 por ciento por el precio del gas y los carburantes, ligados a tensiones geopolíticas.

En la Francia metropolitana, el precio medio anual del diésel (gasoil) fue de 1,44 € por litro en 2021. Ahora oscila entre 2,25 y 2,70 euros el litro en París. Pero en el resto del país el promedio es de 2,34 euros.

Es la explosión del piso de la energía, los transportes y los productos alimenticios de consumo corriente lo que ha transformado la calidad de vida de Francia en un penar, cuando estaban acostumbrados a la estabilidad y a un estilo sin inflación.

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La crisis energética, el cierre del estrecho de Ormuz y la guerra en Irán son el motor del alza, con un aumento de las tarifas energéticas del 16,7 al 16,8 por ciento solo en el año 2026. Un efecto de las tensiones en el mercado mundial de hidrocarburos y la perturbación para su distribución.

Los transportes públicos subieron a 2 euros el precio del metro y a 90,90 euros el pase mensual Navigo solo este año. La inflación sobre la alimentación es del 1,2 por ciento en un año y la de los servicios, del 2,3 por ciento, aún resta moderada. Pero el aumento de costos logísticos y de materias primas comienza a repercutir en los productos manufacturados.

Si bien Francia depende moderadamente del petróleo —aproximadamente un 14 por ciento—, tiene consecuencias múltiples y mayores porque toca su economía, sus finanzas públicas, la seguridad y la geopolítica.

Un sueldo básico en Francia

Un salario básico en Francia o SMIC asciende a 1.426 euros netos por mes. En Francia, alrededor de 2,1 millones de asalariados del sector privado perciben el salario mínimo interprofesional, lo que representa algo menos del 12 % de los asalariados.

Cerca del 60 % de los asalariados que perciben el SMIC son mujeres. La hotelería y restauración, el comercio alimentario y los servicios a las personas son los sectores más afectados.

Cuánto se necesita para vivir en Francia

Para vivir en Francia una persona sola necesita entre 2.400 y 3.400 euros después de impuestos, de acuerdo a su modo de vida y su barrio, según estadísticas del Movimiento de Expatriados. Pero en París se necesita mínimamente entre 3.000 y 3.800 euros por el alto costo del alojamiento.

Un estudiante en el bloque al museo del Louvre, en París. Foto: EFE

Una familia de cuatro personas exige entre 5.277 y 6.500 euros para vivir en Francia. Una pareja sin hijos necesita entre 3.578 euros por mes como mínimo.

La línea de la pobreza está establecida en 1.102 euros para una persona sola.

Un estudio para un estudiante cuesta entre 700 euros en provincias a 1.200 en París o una ciudad importante. En las áreas rurales una persona sola puede vivir con entre 1.500 y 1.800 euros, y una pareja con entre 2.200 y 2.800 euros. Pero un automóvil se vuelve indispensable.

Gastar en alimentación, sin contar restaurantes, significa entre 300 y 400 euros por mes.

La electricidad cuesta alrededor de 170 euros al mes y se puede pagar anualmente. Un pase Navigo en el metro cuesta 90,80 euros al mes. El transporte está altamente subsidiado.

Bomberos extinguen un incendio tras las protestas en París. Foto: EFE

Francia subsidia la salud. Una visita al médico cuesta 30 euros y el 70 por ciento es reembolsado por el Estado. Los franceses tienen una mutual para compensar el 30 por ciento restante, si hacen las respectivas cotizaciones sociales. Las personas con enfermedades de larga duración están cubiertas al 100 por ciento.

Excluyendo el alquiler, una persona sola puede gastar en Francia 930 euros mensualmente en supermercado, transporte y entretenimiento. En ciudades medianas, estos gastos llegarían a 1.440 euros y en París mínimamente a 2.000 euros mensuales.

Para encontrar alojamiento, un estudio en una ciudad francesa puede costar entre 1.100 y 1.500 euros, un departamento de dos ambientes entre 1.200 y 2.000 euros, según el barrio en una ciudad que no sea París. En París, una persona sola tiene un costo de vida de 2.500 a 3.500 euros.

Canasta básica

La canasta familiar es cada vez más cara, y las cifras lo confirman. El índice de precios de los alimentos, calculado por el INSEE, ha subido cerca de 35 puntos en diez años. Esta escalada aviva el descontento contra la vida cara y las protestas.

Los tickets de compra son cada vez más elevados. Cada mes, el INSEE registra los precios de una canasta de productos representativos para seguir con precisión la evolución del costo de la alimentación. La curva no ha dejado de subir durante la última década, con aceleraciones notables en los últimos años.

Frutas y verduras muestran el mayor incremento de la canasta.

La cesta de productos hortofrutícolas del INSEE —que incluye tomates, pepinos, berenjenas y calabazas— ha experimentado un aumento de más de 110 puntos en una década, con picos más pronunciados cada invierno. Este incremento se debe, en gran medida, al costo de la mano de obra agrícola, así como a las inclemencias meteorológicas que debilitan las cosechas.

El consultor en agroeconomía Jean-Marie Séronie señala que «las diferencias en el aumento de los precios» pueden ser «extremadamente variables» de un producto a otro. Por ejemplo, la sequía ha provocado recientemente una subida de más del 10 % en el precio de ciertas frutas de verano.

La manteca, inalcanzable

Otro producto de consumo diario que se ha convertido en inalcanzable para el presupuesto familiar es la manteca. Su curva de precios se disparó a partir de 2022, a pesar de que se fabrica principalmente en Francia.

¿La razón? Una fuerte dependencia de los mercados de exportación. En el contexto de la recuperación económica tras la COVID, los precios de exportación se volvieron muy atractivos. Esto llevó a algunos productores lácteos a priorizar los envíos al extranjero frente al abastecimiento de las tiendas francesas, provocando una mayor tensión en los precios dentro del mercado nacional.

A esto se suman las enfermedades que afectan al ganado lechero, las olas de calor y la disminución del número de explotaciones agrícolas. Dos años después del COVID, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 también tuvo un fuerte impacto en los precios de los alimentos, al perturbar los mercados mundiales de cereales y energía.

Como resultado de esta década de inflación alimentaria, los franceses pagan hoy mucho más por la misma canasta de la compra que hace diez años, sin que los salarios hayan seguido necesariamente el mismo ritmo.

Es precisamente este desfase entre el costo de la vida y el poder adquisitivo lo que alimenta la movilización por el costo de vida, en un clima social ya marcado por varias semanas de bloqueos en los institutos de enseñanza secundaria.

Precios de alimentos entre 2021 y 2026

Esta lista explica la bronca y las protestas por la vida cara en Francia, en una clase media cada vez más empobrecida y cuando un 12 por ciento de los empleados del sector privado cobran el salario básico y mínimo. Son los alimentos diariamente consumidos por una familia francesa que no paran de subir.

¿Por qué siguen siendo tan altos los precios de los alimentos en 2026?

Varios factores estructurales explican este aumento duradero: la crisis energética de 2022-2023, la guerra en Ucrania —que interrumpió el suministro de cereales y aceites—, las sequías recurrentes que han afectado a las cosechas, el incremento de los costos de transporte y la fuerte subida de las materias primas, como el cacao. Estos impactos se han acumulado y, por lo general, los precios no regresan a su nivel inicial tras una crisis.

¿Disminuirá la inflación alimentaria en 2026?

La inflación se está ralentizando (+2,8 % en 2025, frente al +12-15 % de 2022-2023), pero los precios se mantienen estructuralmente elevados. Los expertos prevén una estabilización en torno al +2-3 % anual, sin un retorno a los niveles anteriores a 2021. El INSEE confirma un aumento acumulado del +22,3 % desde enero de 2021.


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