Leo Messi y su iglesia del fútbol, ante una misión para la historia en la final contra España | Mundial 2026 de Fútbol

Leo Messi se vio abocado de manera inevitable en la selección argentina a la eterna comparación con Diego Armando Maradona. A él, “raro como la mierda”, solitario y extremadamente organizado —según se describió recientemente— solo le quedó el fútbol para reivindicarse ante un mito inabarcable que trascendía a la pelota. El Pelusa alumbró un movimiento casi religioso, vigente todavía, que recogía todo, ya fuera lo político o lo social. No se puede decir que detrás de la Pulga haya surgido algo similar, porque las ramificaciones del genio fallecido son inalcanzables, pero sí ha emergido un movimiento que en este Mundial, hasta ahora, se ha revelado imbatible.
En el campo cuenta con una iglesia de jugadores entregados a él que crecieron viéndole ganar en el Barcelona y frustrarse con la Albiceleste, y que no se ahorran ningún gesto de pleitesía al líder. El título mundial de 2022, lejos de aflojar la hermandad por entender que el objetivo ya estaba cumplido, consolidó el vínculo con el diez. Lo repiten cada día de palabra y, como ha explicado el seleccionador, Lionel Scaloni, se organizan en el césped a partir de lo que Messi decide por su cuenta en cada momento. “Que haga lo que quiera”, sentenció el entrenador, gran defensor del ritual del asado previo a cada choque como una forma de tejer complicidades. La vía de las emociones para alcanzar la segunda final mundialista seguida.
En las gradas, una columna de decenas de miles de feligreses ha colonizado en el último mes Estados Unidos movilizada hasta el paroxismo con una selección que levanta el ánimo del país. Los aficionados de base buscaban estos días a la desesperada en cada rincón de Nueva York y en cada avión que llevara a la ciudad entradas para la final con España con presupuestos que partían fácilmente desde los 8.000 euros por pase. “Mi agradecimiento es eterno hacia los jugadores. El camino ha sido un ejemplo para todos y espero que esto sirva para nuestro país”, indicó el viernes el técnico.

El buen fútbol de los muchachos de Luis de la Fuente también se enfrenta por el título a este fenómeno doble, en el vestuario y en los estadios, que ha resistido a todo durante el torneo para defender la corona obtenida en Qatar, también a sus propias grietas futbolísticas, y que ha disparado la tardía ascendencia de Messi en la selección. Tanto que la final lo coloca ante la posibilidad de superar en número de Mundiales a Maradona, que no pudo revalidar el trofeo en Italia 90. De momento, igualará al brasileño Cafú con tres finales (2014, 2022 y este domingo).
La recurrente pregunta de si Messi o Maradona se ha convertido ya en un asunto espinoso, e incluso algo incómodo, entre las generaciones de argentinos que fueron coetáneos del Diego. Quizá, una parte de la respuesta (solo futbolística) se encuentre en lo que ocurra este domingo. De momento, durante esta Copa del Mundo, el fútbol ha tratado de entender el impacto de un jugador que cumplió 39 años y hace tres desapareció del primer nivel en el día a día con su marcha a la Liga estadounidense. “El mejor Messi es el último”, resolvió hace un tiempo Pablo Aimar, ayudante de Lionel Scaloni e ídolo de la estrella.
Leo ha participado en 12 goles en el torneo (ocho tantos y cuatro asistencias), una cifra solo superada desde 1966 por el alemán Gerd Müller (13, en 1970). Ha realizado la mayor cantidad de remates (34) y ha generado el mayor número de ocasiones (25), el registro combinado más alto (59) desde Maradona en 1986 (29 y 30). Y sus 25 regates suponen el mayor guarismo de un jugador de 30 o más años en un Mundial desde 1966, según Opta.

Si hasta las semanas previas al Mundial no quedó confirmada su participación —antes hubo que analizar sus clásicos silencios después de que deslizara tras el título de 2022 que sería difícil disputar otra edición—, ahora la pregunta que se ha extendido es si continuará en la selección. Sus compañeros, en plena adoración al líder, han desvelado algunas de las maniobras de cortejo para que siga. “Si la ganamos, te quedás un par de años más, ¿no?”, le pidió Cuti Romero al terminar la semifinal con Inglaterra. “Le dijimos que era temprano para irse a casa”, contó Enzo Fernández el día de la remontada en octavos a Egipto. Después de todas las eliminatorias, han manteado o levantado en hombros a su estrella, en una imagen más propia de un campeón, frente a una hinchada que ha extendido la celebración en las gradas hasta casi una hora después de los encuentros.
Vuelta al estadio donde renunció
Su físico tampoco ha dado señales de hundimiento pese a las dos prórrogas con Cabo Verde y Suiza. Investido en el mejor paseante de la historia de los Mundiales, ha completado todos los minutos de las eliminatorias y, en el cómputo global (620), solo le supera el portero Dibu Martínez (690) y el medio Alexis Mac Allister (629). Le bastó con acelerar cuando debía para resolver, marcando o asistiendo, todos los apuros de su selección.
La final lo conduce a uno de los estadios (Metlife, de Nueva Jersey) que simbolizaron sus muchos años torcidos con la Albiceleste. Allí pronunció en 2016, tras caer en la final de la Copa América (la tercera seguida que perdía), una de sus capitulaciones pasajeras con Argentina. “Se terminó para mí la selección. Son cuatro finales [la otra fue la Copa América 2007], no es para mí. Lo busqué, era lo que más deseaba, lamentablemente no se me dio. Creo que ya está”, afirmó entonces en caliente. Una rendición que no duró mucho. Una década más tarde, encara la posibilidad de ganar el quinto título consecutivo (Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024) y, sobre todo, enlazar una segunda Copa del Mundo. Una misión para la historia de un genio que tiene detrás una iglesia de jugadores y afición.
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