Deportes
Altitud, distancia y calor, los retos invisibles de España


La última vez que hubo un Mundial en México, en 1986, Argentina —la campeona— llegó 28 días antes de su debut ante Corea del Sur. Aterrizó el 2 de junio para adaptarse al calor, la humedad y la altitud. Los jugadores, además, arrancaron con dos kilos de más. El 29 de junio, día de la final contra Alemania, todos estaban ya en su peso óptimo. El plan era de Carlos Bilardo. No era casualidad: además de entrenador, era médico. Cuarenta años después, la FIFA regresa a México y amplía el torneo a otros dos países: Estados Unidos y Canadá. El resultado es un Mundial sin precedentes. Más largo, más extenso y más exigente.




