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México quiere (en verdad que sí) emocionarse por el Mundial y la realidad no lo deja

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Es utópico, quizá romántico, creer que el Mundial de fútbol une al mundo. Una idea tan abstracta que no coincide con los hechos actuales: la guerra desmedida de Israel en Medio Oriente, la furia inagotable de Donald Trump contra todo el que se mueva y el hartazgo de una buena mayoría de mexicanos que ven afectada su rutina, su paz. Faltan siete días para la inauguración de la Copa del Mundo y desde Ciudad de México hay más ansiedad que entusiasmo.

México será, en unos días, parte de una historia indeleble al ser el anfitrión por excelencia del fútbol con los Mundiales masculinos de 1970, 1986 y 2026, además del femenino, que se organizó en 1971. Pero para llegar al jueves 11 de junio la capital mexicana sufrió una metamorfosis que ha supuesto el caos de movilidad. Obras y obras, a pocos meses del torneo, han provocado el desdén de la gente de a pie que prefiere tener un Metro funcional a ver un gol de Raúl Jiménez. El traslado de las personas ha aumentado casi una hora, o a veces más, eso sin sumarle al factor Tláloc, las lluvias de junio que inundan las calles. El desánimo ha decaído con las protestas de los maestros de la CNTE que han paralizado Ciudad de México. Cualquier protesta, así sea mínima, colapsa una capital ya asfixiada por las remodelaciones cerca del Estadio Azteca. También una zona de protesta en contra de la gentrificación y de los excesivos alquileres.

Y pese a todo, hay esperanza. Las calles tienen vida a través de los murales que se han desplegado por todo México. Las camisetas verdes empiezan a lucirse con cierto orgullo, los encuentros de intercambio de estampas del Panini abarrotan las plazas públicas y todo tipo de anuncios que refieren a que en este país un hombre se erigió como rey y ese fue Pelé.

Ya hay motivos para sonreír para los futboleros. En el Estadio Hidalgo, la selección de Sudáfrica hace su campamento y decenas de aficionados han ido a apoyar a un país solo por el hecho de que el fútbol es un lenguaje universal y por sentirse parte de este Mundial, el más opulento y desigual de la historia. Hay quienes han pasado horas por encontrar un saludo, una foto o un autógrafo de los sudafricanos. Al final, el fútbol es una herramienta de cambio social, de aspiración para llegar al deporte de alto rendimiento, de cambiar la vida o, simplemente, encontrar un espacio para olvidarse de todo.

Ocurrió también en Monterrey con el combinado de Japón que desembarcó tras un vuelo de más de 15 horas para recibir, antes de un saludo, un sombrero norteño. Sobre la selección mexicana, hubo toda una fiesta en Toluca para darles el último impulso antes de que comience la Copa del Mundo con todo un espectáculo en el Estadio Nemesio Diez, sede en 1970 y 1986.

Hay quien olvida que este Mundial será prestado para México. Solo habrá 13 partidos entre la capital, Guadalajara y Monterrey. De ellos, los más taquilleros son los de México contra Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia, además del España contra Uruguay y los partidos de Colombia contra Uzbekistán y República del Congo. Claro, además, de las incógnitas de las rondas de dieciseisavos y octavos de final. Las primeras dos rondas tendrán tinte mexicano, después, el verdadero drama del Mundial se resolverá en Estados Unidos, país con 78 juegos. Así que durante los días en que haya partidos en las tres sedes mexicanas habrá turismo, una millonaria derrama económica y una ventana al mundo para contar los miles de Méxicos que ocurren al mismo tiempo.


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