Los disturbios tras la victoria del PSG ahondan en la violencia por la fractura social en Francia | Internacional

París amaneció este lunes sin aparentes secuelas de la guerrilla urbana a la que asistieron sus calles tras la victoria del Paris Saint-Germain (PSG) en la final de la Champions League, disputada el sábado por la noche. El problema, o las cicatrices, ya no están ahora en las aceras y los callejones, sino en los pasillos de los ministerios y en los análisis urgentes, donde la guerra política para encontrar causas y responsables ya ha comenzado. Toda Francia se interroga sobre los motivos de una violencia desbocada que aumenta cada año y sobre la que el Ejecutivo, la policía y la propia población estaban ya prevenidos, vistos los antecedentes del año pasado. El problema, coincide todo el mundo, va mucho más allá del fútbol y apunta a la fractura social y el fracaso del modelo educativo.
Los disturbios dieron pie la mañana del lunes al primer balance global del ministro del Interior, Laurent Nuñez, que cifró el trabajo de la policía en más de 890 personas detenidas durante los incidentes: un aumento del 45% respecto al año pasado (cuando el equipo ganó también la Champions). Al mismo tiempo, 178 miembros de las fuerzas del orden resultaron heridos.
El último balance comunicado el domingo indicaba que 219 personas habían resultado heridas en toda Francia, de las cuales ocho se encontraban en estado grave. También se registraron dos muertos, uno de ellos tras saltar al Sena en plena euforia por las celebraciones (el cadáver fue recuperado el domingo). Nuñez defendió el trabajo de la policía, pero dejó sin resolver la gran pregunta: ¿por qué?. “Mi trabajo consiste en poner fin a estos actos violentos. Si ha habido tantas detenciones es porque ese trabajo se ha realizado correctamente. La cuestión es saber por qué estos jóvenes vienen a destrozar [la ciudad]”, añadió, calificándolos de “delincuentes”.
Sébastien Roché, criminólogo experto en violencia y autor de La police contre la rue [La policía contra la calle] (Grasset), cree que “gestionar multitudes es, necesariamente, una tarea compleja”. “Pero las responsabilidades son compartidas. Estamos lejos de una representación maniquea con los buenos (los policías y su ministro) frente a los malos (quienes están en la calle). Se trata de una cuestión de medios, pero también de cultura y de estrategia policial”, apunta.
Roché aporta cifras desde 1998 y recuerda que el paulatino aumento del despliegue policial -en cada celebración ha habido más efectivos- no ha resuelto nada. Más bien ha creado un clima de antagonismo cada vez mayor. “Esta estrategia policial de tensión se combina con un comportamiento oportunista por parte de los delincuentes, como muestran los saqueos, el vandalismo, los daños materiales e incluso la ocupación de la circunvalación [de París]. Si ocurre lo mismo que en ocasiones anteriores, las personas detenidas no suelen tener antecedentes penales. Por tanto, parece tratarse más de una dinámica que genera los disturbios que de un perfil propiamente delincuencial. Los participantes se ven arrastrados por una lógica colectiva en cuya configuración la propia policía también desempeña un papel”, apunta.
Los disturbios, eso parece claro, no tienen que ver con un fenómeno estrictamente vinculado al fútbol. Del mismo modo que se explicó el año pasado, los ultras del PSG se encontraban esa noche fuera de París (esta vez en Budapest, donde se celebraba la final). Muchas de las personas que causaron problemas ni siquiera vieron el encuentro que se estaba disputando. Y eso suele ser gasolina para el discurso racista islamófobo de la ultraderecha radical de partidos como ¡Reconquista!, de Éric Zemmour. “Es el desbordamiento de la juventud árabe-musulmana que vino a conquistar la ciudad”, clamó.
El PSG tiene una particularidad sociológica especial, capaz de trazar una línea desde la periferia de la gran metrópolis de París hasta su corazón o los barrios más acomodados, donde se encuentra su estadio. La mayoría de victorias futbolísticas no tienen este impacto en Francia. El Lens, por ejemplo, ganó hace una semana la Copa y no hubo un solo destrozo. La violencia desatada tras la victoria del PSG recuerda más a los disturbios habituales en Nochevieja o el 14 de julio, cuando se celebra la fiesta nacional.
Amplio dispositivo
El Ministerio del Interior había desplegado unos 22.000 policías y gendarmes. “¿Es realmente la solidez del dispositivo policial lo que debe cuestionarse? La causa profunda es que, aprovechando estos momentos festivos, un cierto número de personas acuden para saquear y destrozar: esa es la realidad. No ha sido por falta de advertencias: teníamos un amplio dispositivo que ha funcionado, dado que hemos detenido a muchísimas personas y evitado numerosos saqueos, aunque algunos sí se produjeron y los lamento”, insistió Nuñez por la mañana ante las críticas.
La sensación generalizada es que Francia, a las puertas de unas elecciones cruciales que pueden abrir el Palacio del Elíseo a la ultraderecha, atraviesa un periodo extremadamente tenso. Las comparaciones con la celebración de la Copa del Mundo levantada en 1998 son frecuentes, aunque en aquella ocasión también hubiese un gran número de detenidos y un muerto. “El problema ya va más allá del fútbol. Y es algo cada vez más particular de Francia. Hay una cierta esquizofrenia, se celebra y se revientan las cosas. Una fiesta termina siendo algo inquietante y aterroriza a la población. Y lo peor es que empieza a ser previsible, empieza a inquietar que haya motivos para celebrar algo”, señala el historiador y especialista en inmigración Yvan Gastaut.
Entre 2005 y 2024, la tasa de homicidios en Francia, sin embargo, ha mostrado fluctuaciones. En 2005, era de 1,58 por cada 100.000 habitantes, disminuyendo a 1,05 en 2020. Sin embargo, en 2024 se registraron 1.186 homicidios, un 28% más que en 2016. Este aumento ha llevado a que Francia tenga una de las tasas más altas de la UE, superando a la mayoría de grandes países. Aun así, sigue siendo mucho más baja que en 1998.
Violencia expresiva
Francia ha registrado desde 2019 un aumento de las agresiones físicas, con un crecimiento cercano al 30% hasta 2024. Según el Ministerio del Interior, en la actualidad se producen cerca de 1.000 agresiones diarias, una cifra que solo incluye los casos oficialmente denunciados. Pero, sobre todo, aumenta también la denominada violencia expresiva, la que se desarrolla colectivamente por parte de jóvenes que generalmente viven en barrios periféricos y que se ha agravado en los últimos años con el uso de explosivos y pirotecnia.
Una de las tesis más extendidas sobre el aumento de estos actos tiene que ver con esa fractura social. Con la idea de que ya no hay posibilidad de prosperar en Francia y de que el famoso ascensor social que impulsó la educación pública, de alta calidad e igualitaria, desapareció. Se resienten, cómo no, las periferias de las ciudades. Y las grandes celebraciones se convierten en el momento de tomar por la fuerza el centro de unas metrópolis que han dejado de pertenecer a los habitantes de la periferia.
Muchos de estos episodios comenzaron en 2005 —un otoño de extrema violencia en la banlieue parisina (28.000 coches quemados, 4.700 detenidos y 400 condenados a prisión)— tras la muerte de Ziad y Banou (15 y 17 años) al esconderse en un transformador eléctrico cuando les perseguía la policía tras confundirlos con delincuentes. Desde entonces, la policía no es un símbolo de protección en estos barrios, sino una amenaza cuyo temor se trasmite de forma hereditaria. Un enemigo. “No se puede reducir a la inmigración y a la banlieue el problema, como hace la ultraderecha. Pero es verdad que 2005 hizo visible a una nueva generación de jóvenes con un cierto desencanto por Francia. Es el fracaso de la escuela, de la educación de los padres. Y esto accentúa la decadencia del país. Crea inquietud y frustración. Y el fruto de todo esto será la llegada de la ultraderecha al poder”, vaticina Gastaut.
Source link


