Kicillof, en Corrientes: las esperanzas de un peronismo que no quiere más promesas vacías

El gobernador bonaerense Axel Kicillof llega hoy a Corrientes con una agenda que mezcla academia, convenios institucionales y política de alto octanaje. Presentará su libro en la Unne y será recibido por el radical Juan Pablo Valdés. Pero la dirigencia justicialista provincial espera algo más.
Quiere señales concretas En una provincia donde el PJ lleva más de medio siglo sin ganar una elección, las palabras tienen fecha de vencimiento corta. Axel Kicillof pisará suelo correntino. La agenda que confirmó su ministro de Gobierno, Carlos Bianco, incluye la firma de convenios interministeriales con la Provincia -en materia de Seguridad, Desarrollo Agrario y Escuela de Gobierno-, y un encuentro institucional con el gobernador Juan Pablo Valdés Luego la presentación de un libro de su autoría en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne).
Una jornada apretada que, leída entre líneas, tiene mucho más para decir que lo que dice en voz alta. Es que la visita no es un hecho aislado, sino parte de un diseño estratégico para nacionalizar la figura del gobernador bonaerense con la mirada puesta en las presidenciales de 2027.
Kicillof y su entorno insisten en que no están en campaña ni lanzados formalmente a la carrera presidencial, pero cada movimiento se lee en clave electoral. Corrientes es, en ese mapa, una parada que tiene más peso del que aparenta.
La foto que vale más que mil palabras Lo más sobresaliente de la visita será el encuentro con el gobernador Juan Pablo Valdés, so pretexto de firmar convenios.
El dato no es menor: el encuentro con el gobernador radical tendrá lugar una semana después de que el presidente del Foro de Intendentes Radicales, Maximiliano Suescun, visitara a Kicillof en La Plata, reunión que disparó rumores de alianza que el propio Foro se apresuró a desmentir. Al enterarse de la presencia de Kicillof en Corrientes, el ministro del Interior, Diego Santilli ironizó: «¿Ahora es gobernador de Corrientes? Me parece que hay que regalarle un GPS».
La chicana del funcionario nacional revela algo que en la política argentina pocas veces se dice tan claramente: que la foto entre Kicillof y Valdés incomoda, y que el tablero se está moviendo. Ante una chance histórica Ahí donde la visita se vuelve más incómoda para el propio visitante es en el diálogo con la dirigencia justicialista local.
Porque el peronismo de Corrientes no viene a recibir a Kicillof con brazos abiertos y sin condiciones.
Viene con una mochila cargada de décadas de postergación, de candidaturas bajadas desde Buenos Aires, de estructuras partidarias vaciadas por decisiones que se tomaron lejos y sin consultar a quienes conocen el territorio.
La Provincia lleva más de medio siglo sin que el peronismo pueda hacerse del gobierno.
No es una anécdota menor: es el síntoma más elocuente de un partido que, en estas tierras, ha sido manejado durante años como una sucursal del kirchnerismo porteño como antes lo fue del menemismo.
El pedido es claro. Que las primarias ordenen las aspiraciones y que no se aplique el criterio de la boleta corta que fue alentado por el cristinismo para sumar legisladores afines aun sacrificando una buena cosecha electoral.
Axel tiene las puertas del PJ abiertas
En medio de los dimes y diretes que rodean la visita y agenda del gobernador de Buenos Aires, el ex diputado nacional Rodolfo Martínez Llano dejó en claro que sería bueno y oportuno que Kicillof se reúna con la militancia partidaria para escuchar, y realizar definiciones en torno a sus pretensiones y garantías que dará para la libre participación en las primarias.
Martínez Llano remarcó que, más allá de la presentación de un libro, y de la reunión con Juan Pablo Valdez, el contacto con el peronismo, en su sede partidaria, sería lógico destacando que nunca le fue fácil a los dirigentes bonaerenses empatizar con los correntinos.
Destacó que, aún cuando no tiene una posición tomada, porque antes quiere verlo caminar, y asumir definiciones públicas, considera importante no poner palos en la rueda como lo vienen haciendo algunos compañeros, tanto de la conducción nacional, como de Buenos Aires y aun de la propia Corrientes que, en las últimas horas no han estado a la altura de las circunstancias. No es esta la expresión del justicialismo en su conjunto.
Se quiere trabajar para ganar, y construir de abajo hacia arriba un proyecto colectivo apunto.
Finalmente exhortó a todos a involucrarse y estar dispuestos a jugar todo lo fuerte que sea necesario para que en 2027 volvamos a tener un gobierno peronista.
El peronismo ante el acoso de Cristina
Una cosa tiene en claro Axel Kicillof. No quiere ser visto como, una reedición del error Alberto, que pareció designado por el dedo de Cristina, en «un extraño tuit sabatino».
El fracaso de la gestión de los Fernández, de 2019 a 2023, termino con la derrota a manos de Javier Milei. Fueron cuatro años sin diálogo la cúspide del poder con una sucesión de quejas, vía cartitas públicas, que no obstaron para mantener las cuotas de poder logradas por el cristino-camporismo en amplios sectores de la administración.
Por estos días, el núcleo duro de la expresidenta, cree aún posible que el gobernador de Buenos Aires cumpla estas premisas:
1) Ir al pie, a San José 1111, algo que, sistemáticamente Axel viene eludiendo.
2) Tomar como propia, y como bandera de la campana electoral, el slogan «Cristina libre».
3) Aceptar el liderazgo de una conducción política que, como la de Cristina, no existe en un PJ nacional carente de representatividad y legitimidad.
4) Convalidar la pretensión de la expresidenta de tener injerencia en la conformación de las listas lo cual, de hecho, implicaría soslayar el fin mismo de las elecciones primarias, abiertas y obligatorias, y hasta aceptar reeditar «el derecho a veto», sobre las listas de candidatos, dando la boleta larga, solo a algunos, en desmedro de otros lo cual reeditaría la «práctica descalificatoria del dedo» que ha llevado al achicamiento del partido y sus representaciones electorales.
El gobernador es consciente que, la posibilidad de ser competitivo, en un balotaje, lo obliga «a hacer efectivo aquello de las nuevas canciones», y a cultivar un perfil propio que lo haga candidato, no de un sector del peronismo, sino del conjunto.
Para ello, está obligado a construir la unidad, en la que tenga si cabida el sector cristino-camporista, pero no la centralidad que haría añicos juntar las vertientes dispersas del peronismo que no aceptan la conducción de Cristina y ser vistos, por la sociedad, como una versión remozada alejada del fracaso de la última gestión que término de la peor forma, con una inflación del 211%.
En este marco se acercan tiempos de definiciones. Está claro que, Axel para pelear en 2027, debe asumir el rol de conducir el proceso, algo que hace a la esencia de un peronismo que solo tuvo dos líderes que supieron conducir al conjunto, por sobre los sectarismos, esto es el propio General Perón y Carlos Menem.
El desafío es tomar «el bastón de mariscal». Obviamente ello abrirá polémica, que se salda en las elecciones primarias, en tanto sean limpias, pero está claro que esa polémica, que se limita a los actores de súper-estructura, tiene, como correlato, la apertura hacia la unidad que, se da de abajo hacia arriba.
En la que, todas las listas compitan, y, a la vez, suman para el candidato presidencial, y se desterra la práctica de manipular nombres, al servicio de proyectos personales, muchas veces sin méritos, trayectoria, y nivel parlamentario para los grandes debates que el país necesita.
En este contexto el plantarse es una obligación, que hace a la definición de la impronta de un eventual futuro gobierno que ya no admite «un doble comando».
Los que quieran condicionar, poner palos en la rueda, o tirar el carro para atrás deben saber que, el hacerlo, genera costos y dista de ser lo mejor para ellos mismos. No es bueno ver lo que pasa en el Gobierno de Buenos Aires donde Kicillof sufre «el fuego amigo»
Cristina, está claro, no puede ser candidata ni aunque este libre. Esta inhabilitada por la Corte Suprema y, ese, es un dato de la realidad. No lo fue en 2015, aún estando en condiciones, por dos aspectos muy claros: primero porque no convocaba a todos los sectores del peronismo. Era solo expresión de una parcialidad cada vez más sectaria. Y segundo porque, en términos de una elección general contribuye al abroquelamiento del segmento no peronista que, en un ballotage, conduce a una derrota segura.
Esto es política. Y las decisiones deben tomarse bajo ese prisma. Tomar «el bastón de mariscal» supone un desafío al orden preexistente. Podrá generar turbulencias. Quizás, sin la fuerza que puede creerse, pero vale entonces recordar aquello de que «el avión levanta vuelo porque tiene viento en contra».
También vale aquello de que «hay que poner toda la fuerza en un solo punto» y si es cierto que hoy quien tiene mejores condiciones objetivas es el gobernador de Buenos Aires para que entonces confundir, como lo hace el propio gobierno, al incluir, en los sondeos, a quien legalmente no puede competir.
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