La mitad de los argentinos se percibe de clase baja y el 60% no llega a fin de mes

La situación económica continúa siendo el principal condicionante de la vida cotidiana de los argentinos. Así lo reflejó el Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora, correspondiente a junio de 2026, que mostró una sociedad atravesada por la pérdida del poder adquisitivo, el agotamiento de los ingresos antes de fin de mes y un creciente pesimismo respecto del futuro económico.
El relevamiento sostuvo que el 50,2% de los argentinos se autopercibió como integrante de la clase baja, mientras que apenas el 10,5% afirmó pertenecer a la clase alta.
El resto se ubicó dentro de la clase media. Para los autores del informe, esa autopercepción dejó de ser una referencia subjetiva y pasó a convertirse en un indicador que explicó buena parte de los problemas económicos que manifestaron los encuestados.
La encuesta también reveló que el 86,1% de los consultados dijo que su salario no logró ganarle a la inflación. El porcentaje permaneció prácticamente sin cambios respecto de abril, cuando había alcanzado el 86,6%, consolidando cuatro meses consecutivos con niveles muy elevados de pérdida de poder adquisitivo.
Los responsables del estudio sostuvieron que la estabilidad de ese indicador no representó una mejora sino, por el contrario, la consolidación de una situación crítica. «La sociedad lleva ya un tercio de año conviviendo con la misma sensación de pérdida, sin que la desaceleración de la inflación general alcance para revertirla», señalaron en el informe.
El centro del malestar
Uno de los aspectos más destacados del trabajo fue la coincidencia entre la percepción de pobreza y la experiencia cotidiana de los ingresos.
Según el informe, el 61% de los argentinos afirmó que su dinero alcanzó, como máximo, hasta el 20 del mes, mientras que solo el 13% sostuvo que logró llegar a fin de mes e incluso ahorrar parte de sus ingresos.
Los analistas explicaron que la diferencia entre sectores sociales fue contundente. Entre quienes se identificaron como clase alta, apenas el 11,8% manifestó quedarse sin recursos antes del 20.
En cambio, ese porcentaje ascendió al 43% entre quienes se consideraron de clase media y escaló hasta el 86,1% entre quienes se percibieron como clase baja
El estudio sostuvo que ambos indicadores -la pérdida del salario frente a la inflación y la imposibilidad de llegar a fin de mes- describieron exactamente el mismo fenómeno desde perspectivas diferentes.
«Para la mitad de la Argentina que se percibe pobre, quedarse sin salario antes de fin de mes dejó de ser la excepción para convertirse en la norma con la que se convive todos los meses», afirmaron los autores del trabajo.
Desconfianza sobre la inflación
El relevamiento también mostró una importante brecha entre la inflación informada oficialmente y la percepción cotidiana de los ciudadanos.
El 68,8% de los encuestados consideró que el índice elaborado por el Indec no reflejó el verdadero aumento de precios que experimentó en su vida diaria.
Esa desconfianza fue todavía mayor entre quienes integraron los sectores de menores ingresos. Allí el porcentaje se ubicó cerca del 84%, unos quince puntos por encima del promedio nacional.
Los investigadores interpretaron que cuanto más comprometida resultó la economía familiar, menor fue la credibilidad otorgada a los indicadores oficiales.
«Quien vive al límite del 20 tiene, lógicamente, menos margen para creer que los precios subieron sólo lo que dice el organismo estadístico», sostuvieron en el documento.
Pesimismo sobre el futuro
La encuesta también indagó sobre las expectativas económicas. El 55,1% de los consultados opinó que «lo peor está por venir», mientras que únicamente el 24% consideró que la etapa más difícil ya había quedado atrás.
Ese pesimismo volvió a concentrarse especialmente entre quienes integraron los sectores de menores ingresos, consolidando una tendencia que se repitió a lo largo de todo el estudio.
Sin embargo, las respuestas variaron significativamente cuando se analizaron según la identificación política de los votantes.
Entre quienes apoyaron a Javier Milei en las elecciones legislativas de 2025, el 55,4% creyó que la economía ya atravesó su peor momento.
En cambio, entre los votantes opositores apenas el 3,4% compartió esa mirada optimista.
Los autores interpretaron que ambas posiciones reflejaron una diferencia de lectura política más que una percepción distinta de la realidad económica.
«La misma economía es leída como el final de un ajuste necesario por unos y como un fracaso sin salida por otros», sostuvieron.
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