El Madrid se sobrepone a todo: gana al Valencia y jugará ante el Olympiacos la final de la Euroliga | Baloncesto | Deportes

Europa es territorio del Madrid por mucho obstáculo que tenga que saltar. El conjunto blanco se presentó en la Final Four de Atenas sin sus dos grandes cincos, Tavares y Len, y en el último tramo de la semifinal contra el Valencia perdió también por lesión a Garuba, fuera con pinta de una dolencia grave en la pierna izquierda. Y aún así el equipo de Scariolo derrotó con más solvencia de la prevista a ese conjunto supersónico que es el grupo de Pedro Martínez. Los blancos se hicieron fuertes bajo el aro con 17 rebotes más (31-48), 19 ofensivos, volaron desde el triple en la primera parte y apuntillaron a su rival con 25 puntos y siete capturas del omnipresente Hezonja. El Madrid luchará este domingo contra el Olympiacos por su duodécima Copa de Europa con la duda del estado del caído Garuba.
Los tiros escupidos por el aro habían copado las primeras acciones hasta que Pradilla abrió el melón con un reverso ante Okeke. En la pintura, claro, terreno despejado sin la presencia himalayesca de Tavares. En esa batalla táctica que era un partido sin el gigante, Abalde y Hezonja respondieron con la medicina naranja, el filo del triple. El alero croata también picó por dentro ante un Valencia que en el amanecer no se encontraba cómodo para correr y morder la red en los primeros segundos de posesión. En el cinco contra cinco estático, el conjunto de Pedro Martínez se manejaba con las penetraciones de Taylor y los balones interiores a sus pívots. Scariolo alternó mediado el primer cuarto a su pareja de interiores: fuera Okeke y Garuba y dentro Deck y Lyles. Pedro Martínez olió que por ahí se abría una grieta y mandó a sus naves, capitaneadas por Taylor y Key, al fragor de la pintura. Poco duró el experimento blanco y regresó Garuba para enviar a Deck al puesto de tres. El partido cogió ritmo con los cambios. En la partida de ajedrez, el Valencia solo cantó dos bingos de tres en el primer cuarto por 11 canastas de dos (28-26).
Papeles cambiados. Las fichas naranjas se acumulaban en la zona. Las blancas, en el perímetro. Por ahí apareció finalmente el hombre de moda, Jean Montero, para cazar sus primeros puntos de la noche con un triple adornado con una falta de Garuba. En el careo dominicano, Andrés Feliz le contestó por partida doble. El Madrid andaba en trance en el lanzamiento exterior, como si vistiera de naranja en lugar de blanco. También pescaron Okeke y Campazzo: 11 triples madridistas en 18 intentos de seis jugadores diferentes antes del descanso. Los hombres de Scariolo hacían valer además el peso de la experiencia. Llull, en su undécima Final Four, provocó los pasos del joven De Larrea y Campazzo asistió mirando hacia otro lado a Lyles, ahora pareja con Okeke. Cuestión de galones. El torbellino ofensivo era el Madrid, autor de 36 puntos en el tercer cuarto y de 62 en la primera parte, más que el Fenerbahçe en toda la semifinal anterior (79-61 para el Olympiacos). Y pese a todo, este Valencia que siempre cree no estaba tan lejos (56-62). Los 118 puntos entre los dos conjuntos eran la máxima anotación en un primer tiempo de una Final Four.

El Madrid le había pillado mejor el punto al encuentro y al escenario, pero dejó la puerta abierta en el marcador cuando falló siete triples seguidos y concedió así un respiro a su rival. Al Valencia le costaba frenar la movilidad de las camisetas blancas, una rotación constante bajo la batuta de Campazzo. En ese patio se movía a gusto Hezonja, un jugador con un infinito abanico de recursos técnicos y físicos para hacer de todo. Y emergía el torbellino de energía de Andrés Feliz. Aún así, ahí estaba la tropa de Pedro Martínez, con Jean Montero dando pasitos al frente. No habían llegado hasta tan lejos para rendirse. Pero este Madrid sin Tavares había convertido el rebote en una misión colectiva. Los jugadores de Scariolo saltaban como fieras y corrían como galgos. Así cimentaron una renta muy jugosa: 73-86.
Un escalofrío recorrió el corazón del Madrid a falta de nueve minutos. Garuba cayó doliéndose de la pierna izquierda y ya no volvió a jugar. Se marchó sin poder apoyar el pie y con pinta de lesión grave. El golpe descolocó al conjunto blanco en lo deportivo y en lo anímico. Ya era cuestión de sobrevivir y manejar la ventaja aunque fuera con Okeke de cinco, el último invento. Hasta el Valencia parecía afectado por las circunstancias y pese a la endeblez interior de los blancos no consiguió meterle otra marcha al encuentro y apretar los últimos instantes. La final era para un Madrid herido frente al anfitrión Olympiacos.
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