Roland Garros 2026: Rafa Jódar, contra las expectativas: “No importa el resultado, me conformo con darlo todo” | Tenis | Deportes

Rafael Jodar accede a la sala de conferencias de Roland Garros con el paso frugal de siempre, como si no quisiera hacer ruido, que para eso ya está la pista. Él, siempre sigiloso y ahora, ante un nuevo mundo por descubrir. Hasta hace nada lo veía por la tele y hoy lo saborea. “Siempre es un torneo con el que sueñas cuando eres pequeño, así que estoy muy contento de estar aquí. Ya vine hace un par de años, pero entonces como júnior. Lo de ahora es totalmente diferente: voy a jugar contra tenistas profesionales. Trataré de disfrutarlo y de dar mi mejor nivel el lunes”, concede el español, por primera vez presente en el cuadro principal del grande francés —por derecho propio, tras una ascensión de 129 puestos en menos de seis meses— y seguido de cerca por los medios internacionales.
“Me gusta tu camiseta, por cierto”, le dice un periodista de la BBC. Luce la segunda indumentaria que empleará la selección española de fútbol en el Mundial y se explica: “Me pondría el número de Rodri [Hernández, pivote del Manchester City]. Es mi jugador favorito. Ganó el Balón de Oro, así que me quedo con él”. Sobre la arena, Jódar también ha demostrado tener una visión periférica que le permite interpretar con agudeza los partidos; eso y, también, una agresividad que se ha llevado por delante a un buen puñado de rivales. Hoy día, muerde como pocos. Ahora bien, “paciencia y prudencia”, transmiten desde su entorno. Tan solo tiene 19 años. Triunfó en Marrakech, alcanzó las semifinales de Barcelona y tuteó durante un buen rato a Jannik Sinner en la Caja Mágica. En Roma cedió en una noche surrealista.
Después de ese recorrido y de la primera experiencia en un grande, a comienzos de curso en Australia, llega ahora una prueba mayor: París y todo lo que ello conlleva. No está Carlos Alcaraz, lesionado, así que todas las miradas le apuntan a él. “Intento hacer lo que siempre he hecho: imponer mi juego”, introduce. “Y lo llevo bien. Ser cabeza de serie me permite no jugar contra otro cabeza de serie en primera ronda [en realidad, en las dos primeras], y así es como lo veo. Aquí todos juegan muy bien y cualquiera puede ganarle a cualquiera, así que no me pongo presión extra. Solo me motiva intentar hacerlo lo mejor posible y hacer un buen papel aquí, en Roland Garros”, prosigue el de Leganés, que debutará el lunes contra el estadounidense Aleksandar Kovacevic (94º).
No se trata solo del escenario, siempre imponente, sino también del formato. Con un físico todavía por hacer y una acumulación de partidos considerable —18 a partir del 31 de marzo—, Jódar se enfrenta por primera vez a la posibilidad de competir a cinco sets y sobre arcilla. Dice estar preparado. “Los encuentros son muy largos y pueden cambiar muchísimo. No porque empieces muy bien significa que vayas a ganarlos, y a la inversa también. Intento estar física y mentalmente lo mejor preparado posible; los partidos a cinco pueden dar muchas vueltas y hay que estar ahí porque cualquier cosa puede pasar en un partido tan largo”, contesta a la pregunta planteada por este periódico.
El factor físico
El tenista se expresa con mayor fluidez en inglés que en español y rebobina. A pesar de la pericia demostrada por los jugadores nacionales sobre arena, rehúye las comparaciones. Dice que ser “del mismo país que Carlos [Alcaraz] y Rafa [Nadal] no significa” que vaya a conseguir “lo mismo que ellos”, y que le impactó la final disputada hace un año aquí, cuando el murciano (23 años) levantó su segundo título después de haber sorteado tres bolas de partido contra Sinner (22) en la Chatrier. También se acuerda de dónde estaba entonces; en concreto, “terminando la campaña universitaria con Virginia [donde se formó tras ganar el US Open júnior] y jugando algunos challengers”. Nadie, ni siquiera él mismo, podía imaginar semejante escalada.

En un abrir y cerrar de ojos, Jódar ha ido ganándose un espacio en la zona de privilegio del circuito. Sin embargo, tanto él como su padre, también técnico, son perfectamente conscientes de la sinuosidad del escenario y las circunstancias. Hasta hace nada, el madrileño se desenvolvía en marcos menores y ante rivales en desarrollo, si no de vuelta; ahora va descubriendo poco a poco la exigencia continuada y las trampas de un camino que todavía no le ha expuesto a la verdadera crudeza de la élite. Todavía resulta un desconocido para los adversarios, del mismo modo que su juego y su ascensión invitan a mantener la guardia alta. El efecto sorpresa ha terminado y el factor físico será trascendental.
Jódar llegó a la ciudad hace dos días y de momento no ha tenido margen para visitarla. Por ahora, entrenamiento y poco más. “Espero poder dar una vuelta antes de que empiece el torneo”, indica. Como siempre, lo hará en compañía de su progenitor. Ambos saben que un buen trazado en París le guiaría hacia un estrato superior, pero él prefiere centrarse en el “proceso” y no tanto en el puerto al que podría llegar. Siempre tentador aquello de dejarse llevar. “Si siento que he disfrutado de la experiencia y que he dado mi mejor nivel, me marcharé satisfecho. No importa el resultado. Si siento que lo he dejado todo en la pista y que no podía haber hecho nada más, con eso me conformo”, cierra el madrileño, al que los mejores siguen de cerca por si las moscas. Sin Alcaraz, otra refrescante juventud como gran aliciente.
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