Amenazas en escuelas: «Un detector de metales no mide la angustia»

La ola de amenazas de tiroteos en escuelas de la provincia y el país encendió las alarmas en distintos ámbitos.
En el Chaco, donde ya se registraron más de 150 instituciones afectadas y al menos tres causas judiciales con menores implicados, el Colegio de Psicólogos y Psicólogas expresó su profunda preocupación y llamó a abordar el fenómeno desde una perspectiva integral que contemple la salud mental, el contexto social y las particularidades de las adolescencias.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, la presidenta de la entidad, Elizabeth Narváez, y la secretaria general, Ana María Delgado, analizaron el fenómeno y coincidieron en que las respuestas centradas únicamente en lo punitivo no alcanzan para comprender ni prevenir estas conductas.
Por el contrario, insistieron en la necesidad de generar espacios de escucha, fortalecer el rol de las familias y repensar el funcionamiento de las instituciones. «Estamos muy preocupados por esta situación. Son hechos disruptivos que aparecen casi como un contagio, repitiéndose en distintas instituciones de manera similar», sostuvo Narváez, quien remarcó que el fenómeno debe ser interpretado más allá de su carácter delictivo.
interpelar
a toda la sociedad
Desde el Colegio explicaron que las amenazas no pueden ser analizadas de forma aislada ni reducidas a hechos individuales.
En ese sentido, Delgado planteó que se trata de una manifestación más de la violencia que atraviesa múltiples ámbitos. «Estas situaciones irrumpen como parte de un contexto más amplio. No solo estamos hablando de lo que ocurre hoy en las escuelas, sino de una violencia que está presente en distintos espacios y niveles de la sociedad», señaló.
Para las profesionales, la clave está en entender qué sucede con las adolescencias en la actualidad. «La adolescencia es una etapa de transición, de búsqueda de identidad. No son niños ni adultos. Por eso, las respuestas que se den tienen que ser especialmente cuidadosas», explicó Narváez.
En esa línea, Delgado advirtió que no existe una única forma de transitar esta etapa. «No podemos hablar de los adolescentes como si todos fueran iguales. Cada uno tiene su historia, su contexto, su forma de vincularse con la escuela y con la sociedad», afirmó.
respuestas punitivas
Uno de los puntos centrales del análisis fue la crítica a las respuestas centradas exclusivamente en la sanción o el castigo. Narváez fue contundente al respecto: «Cuando lo primero que aparece es que esto es un delito, como si esa fuera la única respuesta, estamos perdiendo de vista lo más importante».
La presidenta del Colegio insistió en la necesidad de diferenciar entre sanción y castigo. «La sanción implica pensar con el otro qué pasó y cómo se puede reparar. El castigo, en cambio, es simplemente imponer una consecuencia sin reflexión. Eso no genera aprendizaje», explicó.
En ese sentido, advirtió sobre los efectos que pueden tener ciertas medidas en los jóvenes. «¿Qué mensaje les estamos dando? ¿Que no confiamos en ellos? Las escuelas no pueden transformarse en espacios de control social, como si fueran cárceles», sostuvo.
Como ejemplo, cuestionó la implementación de medidas de seguridad sin acompañamiento emocional. «Un detector de metales no mide la angustia, la ansiedad o la tristeza. Entonces, hay que preguntarse si ese tipo de respuestas realmente abordan el problema», afirmó.
El rol de los adultos
Otro eje clave del análisis estuvo vinculado al papel de los adultos en la construcción de conductas y valores. Para las especialistas, los adolescentes no actúan en el vacío, sino que reproducen y resignifican los modelos que observan. «Hoy se habla mucho de discursos de odio. Y esos discursos vienen de los adultos. Los adolescentes toman esos modelos, los cuestionan, pero también los replican», advirtió Narváez.
Delgado profundizó esta idea al señalar que los jóvenes están constantemente observando cómo se desarrollan los vínculos en su entorno. «Ven cómo se relacionan los docentes, cómo se comunican las familias, cómo se manejan los conflictos. Todo eso influye», explicó.
En ese marco, planteó la necesidad de revisar las prácticas cotidianas. «¿Cuánto respeto hay en los vínculos? ¿Qué lugar tiene la palabra del otro? ¿Quiénes pueden hablar y quiénes no? Los adolescentes están mirando todo eso», afirmó.
La importancia
del «lazo social»
Las profesionales coincidieron en que uno de los problemas de fondo es el debilitamiento de los vínculos sociales. En ese sentido, Narváez retomó conceptos de la teoría psicológica para explicar la situación.
«La constitución del sujeto ético tiene que ver con el lazo social, con la ternura, con la afectividad, con el reconocimiento del otro. Y eso hoy está debilitado en nuestra sociedad», sostuvo.
Para la presidenta del Colegio, este deterioro se vincula con un contexto cultural marcado por el individualismo. «Estamos en una cultura donde lo económico está sobrevalorado y se pierde el lazo con el otro. Entonces, trabajar en la amorosidad, en el respeto y en la escucha aparece casi como algo contracultural», reflexionó.
Delgado coincidió en que es necesario fortalecer esos vínculos desde distintos espacios. «Tenemos que generar lugares donde los adolescentes puedan sentirse reconocidos, donde puedan expresar lo que les pasa y ser escuchados», indicó.
Falta de recursos y políticas
Además del análisis social y psicológico, las referentes del Colegio señalaron las limitaciones estructurales que enfrenta el sistema de salud mental.
Narváez advirtió sobre la falta de inversión en el área. «La ley de salud mental planteaba un presupuesto del 10%, pero hoy estamos en alrededor del 1,4%. Es imposible sostener políticas integrales con esos recursos», afirmó.
Delgado agregó que esta situación se traduce en dificultades concretas para la atención. «Los profesionales están saturados. No hay suficientes equipos para abordar situaciones emergentes como esta, que requieren intervenciones grupales y comunitarias», explicó.
En ese sentido, también mencionaron la desarticulación de servicios y la falta de continuidad laboral de trabajadores del sector. «Se están desfinanciando espacios clave. Eso impacta directamente en la posibilidad de dar respuestas adecuadas», sostuvo Narváez.
Consultas
y abordajes
En cuanto a la demanda concreta, desde el Colegio señalaron que ya se registran consultas vinculadas a la problemática, aunque no de manera institucional. «Hay consultas que se están trabajando en los consultorios, pero en general la mayor presión recae sobre las instituciones educativas», explicó Delgado.
Narváez agregó que el Colegio se encuentra elaborando un comunicado para fijar posición sobre el tema. «Estamos tomándonos el tiempo necesario porque creemos que es una situación que requiere reflexión y responsabilidad», indicó.
Asimismo, destacaron que existen redes de atención tanto en el ámbito público como privado, aunque reconocieron que no siempre resultan suficientes.
escuchar a los adolescentes
Uno de los puntos más enfatizados durante la entrevista fue la importancia de incluir la voz de los jóvenes en el abordaje del problema. «Muchas veces los adultos hablamos por ellos, pero no los escuchamos. Y eso es un error», sostuvo Delgado.
La secretaria general remarcó que los adolescentes tienen ideas y propuestas que no siempre encuentran espacios para desarrollarse. «Hay chicos y chicas con ideas maravillosas, pero no tienen dónde canalizarlas. Eso también genera frustración», afirmó.
En ese sentido, planteó que el diálogo debe ser genuino. «No se trata de decirles qué tienen que hacer, sino de generar un ida y vuelta real», explicó.
Asimismo, Narváez coincidió y subrayó la importancia de abrir espacios colectivos. «El trabajo grupal, los talleres, la participación de las familias son herramientas fundamentales para prevenir estas situaciones», indicó.
diálogo y la contención
Hacia el cierre, ambas profesionales coincidieron en que la única salida posible es fortalecer el diálogo en todos los niveles. «Diálogo en la familia, en la escuela, entre los propios jóvenes. Esa es la base para construir respuestas», sostuvo Narváez.
Delgado agregó que ese diálogo debe estar acompañado por una actitud de cuidado. «Tenemos que poner el foco en el cuidado del otro, en reconocer las diferencias y aprender a convivir con ellas», afirmó.
Para el Colegio de Psicólogos y Psicólogas del Chaco, la problemática de las amenazas en escuelas no solo expone una situación de riesgo inmediato, sino que también revela tensiones más profundas en la sociedad. «Esto nos tiene que hacer pensar qué está pasando como comunidad. No es un problema aislado. Es una señal de alerta que nos involucra a todos», concluyó Narváez.
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