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Masters de París 2026: Alcaraz, implacable ante Ruud y, por primera vez, finalista en París | Tenis | Deportes

“Estoy muy orgulloso de mí mismo”, dice Carlos Alcaraz tras superar al noruego Casper Ruud (doble 6-4, en 1h 26m) y de conseguir así su primer pase a la final del Masters de París, en la que, caprichos del destino, se encontrará este domingo (15.00, Movistar+) con el estadounidense Ben Shelton (5-7, 6-3 y 6-4 a Luka Van Assche). Por tanto, morbillo. Al norteamericano (24 años y 4º del mundo) lo entrenará el próximo año un ex, Juan Carlos Ferrero, y por si fuera poco le batió en el último cruce entre ambos, en aquella volcánica velada en Nueva York resuelta a cinco sets y entre suspense. El murciano entonces volvía de la reserva y ahora lo encara de otra forma, más afinado. Ya se verá.

En cualquier caso, el día después de salvar el pescuezo en un intenso pulso con Taylor Fritz —quien dispuso de dos opciones de llevarse el partido—, Alcaraz mantiene los biorritmos y desembarca en el episodio definitivo de un torneo que hasta ahora se le resistía. “Siempre se me hacía duro, pero este año he llegado más fresco”, matiza antes de irse a la ducha, convertido en el quinto finalista español —antes lo fueron Andrés Gimeno (1972), Sergio Casal (1986), Rafael Nadal (2007) y David Ferrer (2012 y 2013)— y deseando seguir los pasos del único que logró triunfar bajo la techumbre parisina: Ferrer, quien precisamente, el próximo año entrenará a Ruud, según desvela Eurosport.

No tarda demasiado la ola en desbordar el muro, la media hora que invierte Alcaraz en que su ejército de pirañas —bola aquí-bola allá, bola aquí-bola allá, mordisco-mordisco-mordisco…— perfore el entramado defensivo del ortodoxo Ruud, quien duda, jadea, recula, repele (como buenamente puede), lo sufre y, al final, pone cara de resignación: demasiada presión. ¿Esto no se acaba nunca? De eso nada. ¡Insoportable! Intenta el nórdico dar un paso al frente, pero el golpe poderoso del murciano le obliga a competir todo el rato desde la trinchera; es decir, difícil, así muy difícil. Solo existe un único camino: robarle la iniciativa. Fácil decirlo, complicado conseguirlo.

Si se adueña del juego, el español se convierte en algo así como un calvario y, en la misma línea de estos días otoñales, le apetece competir. Los casi cinco meses lejos de las pistas han supuesto el perfecto alimento para que Alcaraz encare este último cuarto del año con ganas de comérselo todo, de lanzar un mensaje explícito y decirle a los demás que aquí está él, que no se había olvidado de jugar a esto y que a veces es bueno coger una distancia prudente respecto a lo que uno adora para que vuelva a picar ese gusanillo. Tiene hambre, va a por todas, quiere más. París, Turín, la Davis. ¡Pim-pam-pum! Tiros y más tiros, agresividad, sin ahorrarse nada, que para eso estuvo en casa recargando las baterías.

Que se note. “¡Jugando con 80 o 90, no hace falta el 100!”, le sugiere desde el costado su técnico, Samuel López, mirando tal vez por esa muñeca que convendrá seguir cuidando —hasta aquí, ni rastro de molestias o dolor— y que nunca perderá la memoria; esto es, se inventa lo que le da la gana, aquello difícil de imaginar; lo mismo una parábola enroscada que un tiro plano o, más difícil todavía, esa dejada de revés y prácticamente desde la línea de fondo, como si fuera una volea a cinco palmos de la red.

Transgresor, Alcaraz ya lo advertía cuando llegó: vino aquí para hacerlo a su manera, rompiendo si hace falta las reglas lógicas o los moldes clásicos que pueda haber. Nada de corsés. Allá donde otros ven límites, él contempla atractivas oportunidades. Gane o pierda, su paleta es infinita. Única en estos tiempos de racanería.

Ganas de “revancha”

Ruud, que intenta recuperar el terreno perdido después de un periodo difícil, le pone todo el empeño posible y trata de que el duelo no se rompa demasiado rápido. Sin embargo, al séptimo juego llega la rotura y el tema se le complica todavía un poquito más. El día anterior llevaba un par de vendajes compresores para proteger los rotulianos y esta vez es uno, así que algo es algo. Y que por él no quede. El noruego (27 años y 23º del mundo) había caído en seis de los siete precedentes, pero al menos le queda el consuelo de que aquella solitaria victoria fue en dura y bajo techo. Que no sea por falta de fe. Y pese a todo, él sigue ahí.

Ocurre que en su interior (en realidad en el de todos los que observan) se teme que con lo puesto no le alcanza, y que es muy probable que el desenlace esté ya escrito y sea una mera cuestión de tiempo. Así sucede. Otro break decanta la segunda manga y después, en la red, el murciano se interesa por su rival, quien no dice ni mu (“ok”) pero parecía mermado, lejos de sus verdaderas posibilidades. En cualquier caso, Alcaraz ya sobrevuela otra final —la sexta en 2026, como Shelton y Sinner— y son ya once en el escenario de los Masters 1000, en donde únicamente Nadal (24) y Novak Djokovic (15) habían disputado más a su edad (23 años). Suma y sigue para él, pues. A tiro de tumbar otro muro y desbloquear la casilla de París… Shelton mediante.

“Tengo muchas ganas de tomarme la revancha”, dice con una sonrisilla pícara. “La última vez [3-1 en el global, favorable a él] fue un partido bastante complicado, pero intentaré hacer cosas diferentes en esos puntos importantes en los que probablemente no estuve acertado la última vez”, precisa. “Estoy convencido de que será un gran partido, tanto para los espectadores como para mí. Y, por supuesto, también una oportunidad para aprender”, se despide Alcaraz, que divisa una tormenta por delante: su rival promedia estos días 15 saques directos por partido.

FERRER, A REFLOTAR A UNA FIGURA

A. C.

Ferrer anunció el 15 de octubre que no cumpliría el año de contrato que le resta con la Federación (RFET), sin precisar cuál sería su próximo proyecto. Ahora, según trascendió este sábado, intentará reflotar a un Ruud en horas bajas.

El nórdico, que el próximo mes cumplirá 28 años, desapareció hace un año del top-10 y desde entonces no ha logrado remontar el vuelo. La causa responde, en gran medida, a los problemas físicos que ha acusado. Esta temporada, su logro más reseñable es la final de Roma.

El noruego llegó a ser en su día (2022) número dos, e incluso pudo haber alcanzado el uno si hubiese derrotado a Alcaraz en aquella final del US Open, a cara o cruz. Su preparador principal ha sido su padre, Christian, complementado por Pedro Clar.

Ferrer ha capitaneado al equipo español de la Copa Davis desde finales de 2022 y será relevado una vez que concluya esta edición —el día 29, en Bolonia— por Marc López. Previamente tuvo una experiencia de medio año con Alexander Zverev (2020-2021).

La novedad de Ferrer se añade a otras dos confirmadas recientemente. Magnus Norman se sumará al cuerpo técnico de Jannik Sinner y Ferrero al de Shelton. Queda por saberse si Rafa Jódar mantendrá la apuesta por su padre o bien incorpora algún preparador más experimentado.

Casper Ruud

vs

Carlos Alcaraz

Sets:

Puntos ganados con primer servicio
Puntos ganados con segundo servicio
Puntos de break convertidos
Puntos ganados con primer servicio
Puntos ganados con segundo servicio
Puntos de break convertidos
Puntos ganados con primer servicio
Puntos ganados con segundo servicio
Puntos de break convertidos

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