Bolas perdidas… y divertidas


Las historias que no dejan registro audiovisual son un material de primera para la creación de mitos y leyendas. En el espacio que se crea entre lo que de verdad sucedió, la transmisión oral del relato y las pizcas de sal que cada juglar le añade, la historia va adquiriendo un empaque y una gracia que vaya a saber usted si realmente tuvo. Un poco como cuando se recuerdan chistes de películas y luego, al volver a verlas varios años después, resulta que no eran tan graciosos. Con la diferencia, claro, de que una película se puede volver a ver. Lo que sucedió y no quedó grabado, no. Pero siempre habrá alguien —suele ser un periodista— capaz de reunir las voces que vivieron la historia, darles forma y convertir todo el material en un relato coherente, contextualizado y, sobre todo, interesante.
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