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conmoción y marchas multitudinarias contra el racismo

En medio de las protestas, el atentado racista e islamofóbico contra negros y árabes, que dejó un muerto francocongoleño y cinco heridos de origen magrebí en Trappes y La Verrière en Francia, casi pasó desapercibido. Hasta anoche. La plaza de Stalingrado en París se llenó con miles de personas repudiando el racismo y alertando cómo la ultraderecha avanza en la campaña electoral aprovechándolo.

Era su respuesta a la sospecha de que militantes de ultraderecha ejercieron violencia contra manifestantes y miembros de la ultraizquierda durante la movilización social del sábado 24 de octubre en varias ciudades de Francia, incluida Niza, donde se ha abierto una investigación judicial. Hay 21 detenidos en prisión preventiva.

Militantes «identitarios» de la ultraderecha de Lyon se sumaron a una concentración en apoyo a los comerciantes y, posteriormente, desfilaron coreando consignas nacionalistas. El prefecto del Ródano se declaró «furioso». Se convocaron por las redes y mencionaban la guerra civil.

En Montpellier se definían como un grupo de voluntarios para defender a los comerciantes de los vándalos. El objetivo: «que ningún comerciante se quede solo tras su vidriera». Se había hecho un llamamiento a voluntarios para proteger los comercios, tras los destrozos y saqueos ocurridos durante la manifestación del 17 de octubre. El organizador, de Montpellier, no quiso responder cuando se le solicitó una declaración. Durante la manifestación se identificaban con un pañuelo blanco. Se trataba de un grupo de una veintena de personas -todos hombres, algunos con un paraguas en la mano- a quienes se vio conversando con las fuerzas del orden en las inmediaciones de la plaza de la Comédie.

La respuesta al racismo

Había miles de personas y todos los partidos en la plaza de Stalingrado en París anoche. Al alcalde de París, Emmanuel Grégoire, lo silbaron. Se iba a realizar el homenaje en la plaza de la República por el atentado racista en Trappes, pero el prefecto lo prohibió por razones de seguridad.

Manifestantes, resguardados tras un panel de madera contrachapada, se enfrentan a gendarmes franceses en medio de choques durante una protesta organizada por sindicatos en París. Foto Reuters

En el «contexto delicado» derivado del atentado terrorista ocurrido el pasado 23 de octubre en Trappes, y con el fin de «garantizar una seguridad óptima», el prefecto de Policía propuso a los dos grupos organizadores que se reunieran en un mismo lugar: la plaza de la Bataille de Stalingrad.

El lunes 26 de octubre, cada cual eligió a qué concentración «contra el racismo y la islamofobia» asistir, de entre todas las que reunieron a varios miles de personas, especialmente en París, Lyon y Marsella.

El copresidente de Place Publique y candidato de la izquierda socialdemócrata a las elecciones presidenciales de 2027, Raphaël Glucksmann -junto con el resto de la izquierda-, optó por la vía tradicional al responder al llamamiento de diversas asociaciones y sindicatos, entre ellos SOS Racisme y la Liga de los Derechos Humanos, que habían convocado a los asistentes en la plaza de Stalingrado, en París.

El líder de La France Insoumise (LFI), Jean-Luc Mélenchon, prefirió un acto público en un entorno más recogido, organizado por el alcalde «insumiso» de La Courneuve.

En Stalingrad y no en República

Ante la negativa de los organizadores de la concentración en la plaza de la República a unirse al homenaje en la plaza de la Bataille de Stalingrad, el prefecto de Policía dictó una orden de prohibición parcial para la plaza de la República, así como una medida que establece un toque de queda desde la 1 de la noche hasta las 6 de la mañana.

Según la resolución adoptada el lunes 26 de octubre, la concentración organizada en la plaza de la República era «susceptible de provocar graves alterations del orden público«.

Un manifestante sostiene una pancarta en la que se lee "Pengo Bossio Wangi, asesinado en Trappes el 23 de octubre de 2026". Foto EFE

«Se invita a todas las personas que deseen rendir homenaje a las víctimas del atentado de Trappes a acudir a la plaza de la Bataille de Stalingrad», señaló la Prefectura de Policía de París.

Este evento en la plaza se organizó a raíz del atentado racista ocurrido los días 22 y 23 de octubre de 2026 en Trappes y La Verrière, que costó la vida a un joven de 26 años y dejó varios heridos.

La convocatoria partió de un amplio colectivo de asociaciones y sindicatos, entre ellos la Liga de los Derechos Humanos (LDH), SOS Racisme, la CGT, la CFDT, la UNEF, la FSU y la Unión Sindical Solidaires.

El evento estuvo marcado por tensiones y reacciones políticas. En particular, se produjeron abucheos contra Emmanuel Grégoire, el alcalde de París, quien se encontraba en el lugar, además de debates en torno a otras iniciativas locales (como una concentración en la plaza de la República que fue prohibida por la Prefectura de Policía).

Docenas de intelectuales, actores, escritores y poetas firmaron un documento sobre cómo «el racismo deshumaniza«.

Primer atentado racista

En el atentado en Trappes mataron a un francés de origen congoleño, que era un conocido boxeador. Una niña de 12 años está entre la vida y la muerte, y tres árabes magrebíes, que limpiaban el colegio, están gravemente heridos. Pero podrían haber sido centenares los muertos: el atacante tenía una ametralladora. La policía logró frenarlo.

Era K., un blanco europeo que, según dice, no soporta a negros ni árabes y es un fanático de Marine Le Pen, quien lanzó el sábado su campaña presidencial. Los médicos aseguran que el atacante es esquizofrénico.

Un suburbio que esperaba este atentado

Trappes es un suburbio en el noroeste de París, donde vive una amplia población de origen africano y árabe. Al menos 60 de sus jóvenes partieron a pelear en las filas del Estado Islámico. Ali Rabeh, el alcalde de Trappes, afirmó que, desde el viernes, los habitantes de su ciudad están dominados por «el miedo» y sufren un «trauma colectivo«.

Manifestantes sostienen pancartas y carteles con el dibujo de una palma amarilla —emblema oficial de la ONG antirracista francesa "SOS Racisme"— durante una concentración contra el racismo tras el ataque en Trappes, en París. Foto EFE

Ali Rabeh sigue conmocionado por el tiroteo que sumergió a su ciudad en el luto el pasado viernes. En un recorrido letal de unos veinte minutos, Kévin T. causó la muerte de un hombre de 26 años, Pangi Bossio Wangi, e hirió de gravedad a varios habitantes. Una niña de 12 años recibió ocho impactos de bala cerca de la estación de La Verrière.

Según Ali Rabeh, ella «está mejor» y ha sido «valiente», tras someterse a varias operaciones. «El domingo recuperó el conocimiento y pudo hablar con su familia», relata. Otra víctima permanece en estado grave.

En cuanto al hombre de 26 años que perdió la vida, Pangi Bossio Wangi, no era originario de Trappes, sino de Poissy.

«Su único error fue estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado y con el color de piel equivocado», describe Ali Rabeh, quien considera que muchas personas «se salvaron de milagro«.

«Se debe a las condiciones meteorológicas -no había mucha gente en el mercado al que acudió el tirador- y al hecho de que su arma, que era antigua, se encasquilló en numerosas ocasiones», explicó.

«Muchos habitantes se salvaron de milagro», dijo el alcalde tras el tiroteo mortal en Trappes.

Tal como indicó el fiscal Olivier Christen, el sospechoso utilizó «al menos 128 cartuchos«.

Domina el miedo en Trappes

«Hace tiempo que se temía una tragedia como esta en el territorio», añade el alcalde, quien menciona la «estigmatización» de ciertos individuos debido a sus orígenes o al color de su piel. «El racismo mata«, sentencia, antes de señalar a ciertas figuras políticas que, según él, difunden ideas peligrosas.

«Como cuando Edwige Diaz, de Reagrupación Nacional, sigue diciendo que Trappes es una ‘república islámica’, por ejemplo». También menciona a François Bayrou, quien habló de una «sumersión migratoria», y a Valérie Pécresse, quien afirmó que «el gran reemplazo era una realidad».

Según él, la ministra Aurore Bergé -quien considera que la teoría del «gran reemplazo» forma parte del debate político más que del racismo- también debería revisar su discurso.

K., el presunto autor de los disparos, quien afirmó haber querido vengar a los comerciantes saqueados el 17 de octubre y es un seguidor de Marine Le Pen, ha sido puesto bajo observación psiquiátrica.

Una ciudad salafista

Desde la década de 2000, el municipio de Trappes ha sido señalado repetidamente en relación con el islamismo radical, el salafismo y el yihadismo.

Según el investigador e islamólogo Romain Caillet, la ciudad es considerada «uno de los bastiones del yihadismo en Francia» y alberga el mayor número de simpatizantes de los movimientos yihadistas. Además, ostentaría el récord europeo de personas que han partido para unirse a la yihad.

El sociólogo Elyamine Settoul considera falsa la afirmación -frecuentemente repetida en los medios de comunicación- de que Trappes es «la principal ciudad proveedora de yihadistas para el Estado Islámico»: «No es Trappes, es Niza, con 150 yihadistas«.


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