Ángel Ayora, un golfista bajo el objetivo y a la caza del Open de España | Deportes


“Tres hombres y un destino”, escribe en su cuenta de X el Open de España, y el mensaje lo visten las imágenes de Eugenio Chacarra, Ángel Ayora y Sergio García. Ausente Jon Rahm por el nacimiento de su cuarto hijo, su segunda niña, un momento de felicidad personal que coincide con su renuncia a continuar en las filas de LIV, Chacarra, Ayora y García parten el sábado como la punta de lanza para devolver el abierto nacional a las vitrinas españolas después de la victoria el año pasado del inglés Marco Penge.
Ayora vive el partido de su vida en el que más aficionados arrastra. Una marabunta sigue los pasos del joven malagueño de 22 años al que todos admiran por la belleza estética de su swing y que con 10 golpes bajo el par acecha los primeros puestos: a tres de los líderes, el inglés Joe Dean y el escocés Gran Forrest (-13), y a dos del francés Víctor Pérez, el danés Jacob Skov Olesen y el suizo Joel Girrbach (-12).
Entre el gentío que envuelve a Ayora en el Club de Campo Villa de Madrid, alguien dispara con silenciador. Es Juan Ochoa, el entrenador del prometedor golfista, cargado con una cámara Canon que pesa unos seis kilos y le obliga a un buen esfuerzo. Ochoa, un técnico completo que sabe de casi todo lo que rodea la preparación de un golfista, desde nutrición a fisioterapia además de técnica, era también, hasta el pasado julio, el caddie de Ayora. La separación de papeles (ahora lleva los palos y aconseja Adolfo Juan Luna) ha permitido a Ochoa asumir otra tarea más, la de fotógrafo y camarógrafo. Así ejerce desde el verano y no solo para colgar las fotos más bonitas en la cuenta de Instagram, sino para grabar a cámara lenta los movimientos del golfista durante cada ronda de cada torneo y estudiar luego al detalle su juego.
“Normalmente sé lo que estoy buscando”, explica Ochoa a EL PAÍS. “A veces es por ejemplo ver el grado de abertura del palo, o algún pequeño gesto del que Ángel no se da cuenta y luego lo vemos juntos en el avión después de un torneo y lo comprueba por él mismo. En ocasiones el campo tiene muchas pendientes o mucho barro, y él tiende a adaptar su swing y luego coge un pequeño vicio que hay que corregir. Quien me vea darle a un gesto para adelante y atrás en la cámara pensará que estoy loco”, añade el técnico.
Cada centímetro cuenta en el golf y Ayora pule al máximo un swing que ya de por sí levanta la admiración de estrellas como Rory McIlroy y Justin Rose, quien le otorga “algo especial, ese factor X”. Al español le ha faltado colmillo para ganar su primer torneo del circuito europeo, y a la caza va en el Open de España tras una tercera ronda con tres birdies en los cinco primeros hoyos y otros tres en los cuatro últimos. Si gana, además del subidón para atrapar una tarjeta del PGA Tour, asegura que cumplirá su promesa de tirarse en paracaídas.
Chacarra cierra la jornada sin atender a la prensa. Todavía le pincha ese dedo roto del pie derecho con el que combate durante una ronda en la que recorta un golpe al recorrido (-8). El dolor le obliga a un movimiento forzado durante el swing y la bola no siempre le obedece.
Sergio García tiene otra pinta. Desde 2022 vestía con el logo de LIV y luego también de su equipo, los Fireballs, y ahora a los 46 años ha descubierto una nueva vida y se siente “un agente libre” con una gorra de su canal de YouTube. El castellonense regresará donde decía que no le querían, el circuito europeo, y no descarta tampoco volver de donde no podía “esperar a salir”, el circuito americano. El Niño sigue siendo “auténtico, para lo bueno y para lo malo”, un jugador de sensaciones que en la tercera vuelta de este Open empata con el campo y sigue en -4, igual que Josele Ballester.
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