Venezuela analiza dejar la OPEP tras más de 60 años, y se alinea cada vez más a Estados Unidos


Venezuela está evaluando salir de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Una movida que representaría un nuevo golpe para el cártel petrolero que ayudó a crear hace más de seis décadas. Según anticipó Bloomberg, el tema ha sido conversado con funcionarios estadounidenses, pero aún no se ha tomado una decisión definitiva. Sin embargo, la Casa Blanca ni el Ministerio de Información de Venezuela confirmaron dichas conversaciones.
De concretarse esta decisión, marcaría un mayor alineamiento de Venezuela con la Administración Trump, que ha reestablecido los lazos diplomáticos con el país, luego de capturar a Nicolás Maduro el 3 de enero pasado.
En marzo y tras siete años de ausencia, EE.UU. reabrió su embajada en Caracas y también viene sosteniendo conversaciones directas con altos funcionarios del gobierno de Delcy Rodríguez, además de asumir el control sobre las exportaciones de petróleo venezolano.
Dada la menor producción de Venezuela en los últimos años, es poco probable que una posible salida de la OPEP tenga un impacto inmediato en los mercados mundiales de petróleo, actualmente dominados por las repercusiones de la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Las sanciones estadounidenses contra los gobiernos chavistas y la crisis económica del país hundieron la producción petrolera de Venezuela: durante el mes pasado, los venezolanos extrajeron 1.16 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía hace una década, según una encuesta de Bloomberg. Así y todo, la producción va en aumento durante este año.
Sí, la medida tendría un mayor impacto a nivel político y simbólico, ya que Venezuela fue uno de los cinco países que fundaron la OPEP en 1960 y es considerado como el más influyente en la creación del grupo.
Venezuela también fue fundamental en el nacimiento de la OPEP+, la alianza formada en 2016 entre miembros clave del cártel y países externos, entre ellos Rusia, que le dio un nuevo impulso a la organización, que en ese momento estaba en declive.
En el frente interno, a fines de abril los Emiratos Árabes Unidos anunciaron su retirada de la OPEP. En junio, Irak también advirtió que podría considerar abandonar la organización, si se le negaba un mayor nivel de producción, pero luego minimizó las amenazas y continúa en el bloque petrolero.
Lo cierto, que una salida de Venezuela avivaría las dudas sobre si la OPEP, liderada por Arabia Saudita, puede seguir manteniéndose unida e influyendo en los precios del crudo. También sería una victoria para Donald Trump, quien desde hace mucho tiempo critica a la organización.
Además, podría allanar el camino para que las empresas petroleras internacionales de EE.UU. y otros países desempeñen un papel más importante en la reconstrucción del sector petrolero.
Incluso algunos funcionarios estadounidenses imaginan una potencia petrolera construida a partir de una alianza entre Estados Unidos y Venezuela que disminuiría en gran medida la influencia de la OPEP.
Este jueves se conoció que EE.UU. está negociando con el gobierno venezolano para hacerse con una participación importante en varios yacimientos petroleros del país, según informaron Axios y Bloomberg.
Las conversaciones contemplan incluso la posibilidad de que Estados Unidos obtenga un arrendamiento de 100 años sobre varios campos petroleros.
Las conversaciones están lideradas por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y Delcy Rodríguez, según Axios, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright, prepara un viaje al país para intentar impulsar un aumento de la producción por parte de empresas estadounidenses.
Axios señaló que el acuerdo supone duplicar las reservas de petróleo de EE.UU., aunque las conversaciones no contemplan los cerca de 300.000 millones de barriles de reservas probadas de Venezuela en su totalidad, sino «más de una docena de campos actualmente productivos».
Las negociaciones se producen después de que Washington flexibilizara las sanciones para permitir el regreso de empresas estadounidenses y contratistas petroleros a Venezuela, con el objetivo de aumentar la producción de crudo del país.
Con información de Bloomberg y EFE.
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