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La bienvenida de Roberto, jaula para el Espanyol y tormento del Levante | Fútbol | Deportes

Resacosa tras un Mundial en el que España elevó al cubo el significado de equipo, la pelota no se toma respiro alguno y vuelve a rodar por los tapetes de la Liga. Lo hace a fascículos porque Barça, Madrid y Atlético (y sus respectivos rivales) se saltan por el momento la jornada por eso de contar con muchos mundialistas que llegaron a las rondas finales. Así, aunque los músculos sigan desentumeciéndose de la pretemporada y aunque los equipos sigan con los brazos abiertos a las incorporaciones, llega la Liga, una en la que el Espanyol aspira a no pasar tantos sobresaltos como en los dos últimos cursos; una en la que el Levante, deshauciado en invierno pero resucitado por Luis Castro después, pretende atornillarse en Primera. Pero en el envite solo dijo la suya el equipo blanquiazul, catapultado por la gazuza y puntería de Roberto, un ariete mayúsculo.

3

Marko Dmitrovic, Roger Hinojo, Unai Núñez, Clemens Riedel, Omar El Hilali, Edu Expósito (Marcos Fernández, min. 85), Tyrhys Dolan (Jofre Carreras, min. 81), Javi Hernández (Pere Milla, min. 81), Urko González de Zárate (Pol Lozano, min. 71), Cala (Rafel Bauzà, min. 71) y Roberto Fernández

0

Mathew Ryan, Nacho Pérez (Jeremy Toljan, min. 75), Adrián de la Fuente, Manu Sánchez, Aïssa Mandi, Oriol Rey, Víctor García (Kareem Tunde, min. 75), Paco Cortés (Karl Etta Eyong, min. 45), Carlos Álvarez (Enzo Bardeli, min. 45), Jon Ander Olasagasti y Iván Romero (Marc Santos, min. 63)

Goles 1-0 min. 4: Roberto Fernández. 2-0 min. 39: Roberto Fernández. 3-0 min. 79: Tyrhys Dolan

Arbitro Carlos Muñiz Muñoz

Tarjetas amarillas Urko Gonzalez (min. 36), Cala (min. 62), Javi Hernández (min. 67)

Volvió a corearse los nombres del equipo desde la grada, atronó la música máquina desde los altavoces y ondearon las banderas con el himno (también entonado a capela), entregada la hinchada a su equipo porque no hay revés que pueda con la llamada maravillosa minoría. Y, claro, se aplaudió durante el minuto 21 al añorado Jarque. Nada cambia en el Espanyol como tampoco lo hace el equipo de Manolo, intenso a más no poder, repliegue medio, todos a una y bolas a Roberto, que se pelea con su sombra, que se las apaña para hacer vino con el agua, que vale un potosí. Poco tardó en explicarlo.

Levantado el telón, le bastó con una falta lateral y una defensa rival en Babia para subrayarse como el Carpanta del área, toda vez que se cobró su sitio, se perfiló y dio sentido al balón huérfano, disparo armado en un santiamén y balón que besó al poste antes que a la red. Un gol de la nada, una ventaja superlativa en un duelo donde todavía se jugaba al ralentí. Sobre todo el Levante, que quería la pelota y pretendía hilvanarla desde atrás. Éxito en la raíz porque el Espanyol no atosigaba; fiasco en campo contrario porque el rival no daba tregua —excepcional Riedel en lo físico y en el corte; no tanto en la composición— y porque a los granotas les faltaba pie e ingenio, por más que Carlos Álvarez la pidiera sin parar, futbolista tan pequeño en tamaño como grande con el esférico entre las botas. Pero tampoco hizo fortuna con el último pase, acaso uno que le dio a Romero que chutó con mucha timidez y poca finura. Justo lo contrario que Roberto, que tras dos intentonas escupidas por Ryan (una a Javi Hernández y otra a Cala), aprovechó una asistencia lateral para poner el lazo y tierra de por medio, para gritar que sigue en su sitio. Ni que sea para dar la peor de las bienvenidas al Levante.

Pretendió el conjunto granota recuperar el pulso tras el entreacto —sentó Castro a Carlos Álvarez, adiós al talento—, pero Roberto siguió en sus trece. Tan pronto bajaba un balon con nieve de Dmitrovic como después atoraba al meta rival para que Dolan dispusiera de un chut que no acabó de coger la rosca. Tan pronto se colaba entre los dos centrales para darla de primeras a la llegada de Javi Hernández —otro que pide paso— como luego se inventaba un tiro que bien pudo ser más. Aunque eso lo logró Dolan tras un control y chut con la zurda raso y al poste opuesto, un gol para desgajar al Levante, que ya jugaba con la lengua fuera por el esfuerzo, que no componía melodía ni protesta alguna.

Se felicitó el Espanyol por un comienzo de aúpa y bajó la cabeza el Levante, que entendió que no tenía ritmo ni argumentos, tampoco fútbol ni, sobre todo, a Roberto.


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