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La gran María Vicente está de vuelta | Deportes


El final del viaje que transforma a quien lo emprende sin miedo, ojos abiertos, bien maquillados, claros. Pinturas de guerra en TikTok. Ready to fight and win! Y María Vicente le da un puñetazo, un buen directo, al aire ante la cámara. Punch y determinación. A por su récord de España de heptatlón, que ya tiene más de cinco años, a defender su octavo puesto, finalista dos años consecutivos en una gran competición, después del Mundial de Tokio. A sentirse otra vez competidora, capaz. “Ya me toca subir”, dice la atleta de L’Hospitalet, 25 años, 1,76 metros, 63 kilos. Consigue los dos objetivos. Corre los 800m en 2m 14,80s; suma en total, 6.372 puntos, 68 más que el récord anterior. Y por un punto, octava.

El equilibrio mental perfecto. La indiferencia aparente (“vengo como quien respira, porque toca, no me quiero comparar con la María perfecta”), el gen ganador dominándolo todo. “La presión la llevo siempre dentro de mí, me da vida, llego aquí y veo que necesito irme a dormir con los nervios a flor de piel”, dice. “He logrado estar relajada en algún momento, pero el verte ahí cerca, el ver que empiezo a volver a encontrar sensaciones, que no he tenido ninguna molestia durante las siete pruebas, pues eso me hace querer un poquito más, un poquito más…”. Solo realmente mal el peso (13,09m), lo que más había trabajado, la técnica, el ángulo, la alineación lineal.

“Qué talento, qué calidad, cómo ha sido capaz de mejorar en 6-7 semanas, de la nada hasta aquí, a pelear”, se admira su entrenador en San Sebastián, Ramón Cid, precisamente el día que cumple 72 años. Y siempre el tic en la cabeza, ¿de qué no habría sido capaz si en vez de llegar con dos meses de entrenamiento hubiera llegado con ciclo completo?

“¿El verdadero récord?”, añade Cid, que ha perdido la cuenta de los percances que han frenado su desarrollo desde que hace siete años era la mejor juvenil del mundo en pruebas combinadas. “Es el primer heptatlón que termina sin un vendaje, una infiltración, ni un mínimo taping”. Dan fe los fisios Miguel Ángel Cos y Patricia Morales, que la miman y cuidan.

Dos días en la pista arrojan estos resultados de María Vicente: 13,38s en los 100m vallas, 1,77m en salto de altura, 13,09m en lanzamiento de peso, 23,71s en los 200m, 6,42m en salto de longitud, 44,02m en jabalina y 2m 16,47s en los 800m ya el sábado cuando el sol veloz acelera hacia su escondite nocturno como ella, zancada tras zancada de sus piernas ya molidas después de dos días en la pista, y el coco gritando, para ya, persigue la sombra esquiva de Beatrice Juškeviciute, la lituana que tiene a 33 puntos, tres segundos, y cuando la alcanza, en los únicos 20 metros de pista a los que todavía ilumina el sol, alarga la zancada y la adelanta.

La voluntad tremenda la mueve. Y acelera hacia la italiana Sveva Gerevini. Sabe que ha batido el récord. Defiende el octavo puesto hasta el último aliento, y lo consigue. La victoria final fue para la irlandesa Kate O’Connor (6.751).


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