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Marchand no puede con Marchand | Deportes


Léon Marchand regresó al lugar donde había sido feliz para descubrir que él ya no era la misma persona, el mismo nadador, la misma potencia juvenil que con 22 años conquistó cuatro campeonatos olímpicos. París tampoco era la misma ciudad que en 2024. El agua de Saint Denis no era el agua de La Défense. El público masivo de los Juegos se había reducido a una multitud familiar de acérrimos entusiastas. Los ministros de la Repúbica ya no le contemplaban desde el palco. El presidente Macron prefirió permanecer en su residencia estival en Bormes-les-Mimosas antes que ir a estrechar su mano heroica, su mano flexible, su muñeca de goma, ese instrumento que por más que afina con técnica de cirujano para cortar el agua y empujarla mejor, no le proporcionó este sábado el agarre necesario para batir el ansiado récord mundial de 200 metros mariposa que persigue desde la pandemia. Marchand se contentó con ganar el primer título individual de su carrera en un Europeo de natación con una marca de 1 minuto 51,72 segundos.

La gloria de lo inesperado, el misterio de los organismos que se descubren a sí mismos en el acto del desarrollo primaveral, ha dado paso a una excelente meseta productiva. Todo bien. Pero, como dijo Marchand esta semana mientras preparaba la final, “me aburrí”. El resultado fue magnífico: 1m 51,72s fue la octava mejor marca de la historia. Un umbral que solo traspasaron Michael Phelps, Kristof Milak y el propio Marchand cuando nadó en 1m 51,21s en los Juegos de París, 51 centésimas de segundo más rápido que en estos Europeos en los que ya ha cumplido 24 años. La edad es una losa. Todo el dinero que ha proporcionado el profesionalismo y la esponsorización a las figuras mundiales de la natación desde hace una década no es suficiente. No basta la dedicación absoluta. No basta la tranquilidad de una vida financiera resuelta para evitar que la mente y el cuerpo se agoten. Esa es la lucha de Marchand.

Le faltó que alguien le empujara. El húngaro Hubert Kos lo intentó en el primer largo y medio. El maestro de la espalda, su compañero en Austin, donde integran el grupo de superestrellas que ha reunido Bob Bowman, nadó el primer 100 en 53,32 segundos. Ritmo suicida. Kos no pudo emular a su paisano Milak en la final de 2024. Aquello produjo la que probablemente sea la mejor final olímpica de 200 mariposa de la historia. Kristof Milak, recordman mundial, heredero de Phelps en el reino de la prueba fisiológicamente más demandante que existe, campeón olímpico en Tokio, se lanzó a por su segundo oro en la especialidad. Con tanta resolución que pasó por la pared de los 150 metros en 1m 21,52s. Cualquiera se habría rendido ante semejante ataque menos Marchand, que empleó el último viraje para recuperar la desventaja: nada menos que 0,72 segundos en 35 metros. Cabeza con cabeza, en los últimos 15 se impuso Marchand. Le socorrió la gota de energía de reserva que le proporciona su cuerpo aerodinámico, su capacidad de flotar sobre el agua evitando el roce, el clamor del pueblo francés que le animaba, la adrenalina de la presión. Todo eso que hoy en Saint Denis —sin Kos, hundido en el último 50— había desaparecido. Esos intangibles que, cuantificados, se traducen en 51 centésimas de segundo de más. Bien para ganar el Europeo, pero lejos de la gloria. El húngaro Richard Marton fue segundo con 1m 54,06s. El griego Apostolos Siskos fue bronce con 1m 54,13s. Kos, quebrado después de pagar cara su deuda energética, terminó sexto en 1m 54,89s. Tiempos pobres, si se considera que desde mayo de 2024 se han establecido 25 marcas más rápidas que 1m 54,06s. Tiempos que no espolearon al gran campeón en su quimera del récord, en poder de Milak desde los Mundiales de 2022, en Budapest: 1m 50,34s.

“Quise probarme”, dijo Marchand el viernes tras nadar la semifinal en unos parciales que le aproximaban al récord. “Quise saber qué es lo que se siente, en términos de dolor, el pasar un poco más rápido de costumbre. Estoy nadando un poco más pegado a la superficie del agua que antes; y he hecho tiempos que jamás hice en este punto de la temporada”.

Se quedó a un segundo y medio de la Cumbre Milak. Lo celebró con discreción. Puño cerrado. Cara de piedra. A sus 24 años sabe que el tiempo de la plenitud física y mental no le espera. Lo saben todos los obsesos de este deporte. Los 200 mariposa no son país para viejos. Milak hizo su mejor tiempo con 22 años, Phelps hizo su mejor tiempo con un bañador ilegal con 24 años, Laszlo Cseh alcanzó su límite con 22 años. Chad Le Clos con 22. Marchand está en el límite.


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