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Fechaco defendió el índice de CAME: «refleja la realidad del comercio pyme»

La Federación Económica del Chaco (Fechaco) respaldó la rigurosidad y continuidad del Índice de Ventas Minoristas Pyme elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), luego de los cuestionamientos públicos que recibió el informe correspondiente a julio.
La entidad chaqueña advirtió que comparar el desempeño de una gran plataforma de comercio electrónico con la situación de los comercios de cercanía implica poner en relación indicadores que observan realidades diferentes.
La discusión surgió después de que el fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, contrastara el descenso de las ventas minoristas informado por CAME con el crecimiento de las operaciones realizadas mediante su plataforma. El presidente Javier Milei respaldó públicamente esa objeción, en una controversia que trasladó al centro del debate tanto la metodología del relevamiento como los cambios experimentados por los canales de comercialización.
Frente a esos planteos, Fechaco explicó que el índice de CAME no pretende medir la totalidad del consumo nacional ni la facturación global del comercio electrónico. Su objetivo, remarcó, es seguir la evolución real de las ventas realizadas por los comercios minoristas pyme distribuidos en todo el país, ajustadas por inflación mediante el Índice de Precios al Consumidor del Indec.
«El Índice de Ventas Minoristas de CAME es un termómetro de la pyme comercial argentina. Su objetivo es reflejar lo que sucede en el comercio de cercanía y en las empresas que sostienen la actividad económica en las provincias y ciudades del interior», sostuvo la federación chaqueña.
De acuerdo con el último relevamiento, las ventas minoristas pyme disminuyeron en julio un 3,8% frente al mismo mes de 2025. También se contrajeron un 2,1% respecto de junio, en la medición mensual desestacionalizada, mientras que durante los primeros siete meses de 2026 acumularon una baja del 2,7%.
Para Fechaco, esos resultados reflejan el escenario que atraviesa buena parte del comercio tradicional, afectado por el agotamiento del impulso transitorio que había generado el pago del medio aguinaldo y por el mayor peso de las tarifas de los servicios de invierno sobre el presupuesto de los hogares. A ello se sumaron la persistente pérdida de capacidad adquisitiva, el aumento de los costos de reposición y la cautela de las familias al momento de efectuar compras.

distintas realidades
La federación sostuvo que las operaciones realizadas dentro de una plataforma digital y las ventas del conjunto de los comercios minoristas pyme no representan fenómenos equivalentes. Por ese motivo, consideró que el crecimiento de una empresa de comercio electrónico no invalida necesariamente el descenso registrado en los locales relevados por CAME.
«Comparar el volumen de operaciones de una plataforma de comercio electrónico con el Índice de Ventas Minoristas de CAME implica poner en relación indicadores que miden fenómenos diferentes», explicó Fechaco mediante un comunicado.
La entidad señaló que el universo analizado por la confederación incluye principalmente a comercios de cercanía y pequeñas y medianas empresas que desarrollan su actividad en ciudades y localidades del interior. En ese conjunto aparecen kioscos, panaderías, ferreterías, comercios barriales, casas de indumentaria y otros establecimientos cuya dinámica depende en gran medida del poder adquisitivo y del movimiento cotidiano de cada comunidad.
El crecimiento de las ventas digitales puede responder, según la explicación institucional, a una mayor participación de determinadas plataformas, a cambios en los hábitos de compra o a una concentración de operaciones en pocas empresas. Ninguna de esas posibilidades supone, por sí sola, que haya mejorado el desempeño general de las pymes comerciales.
De esta manera, Fechaco afirmó que una expansión del comercio electrónico y una caída de las ventas del comercio minorista pyme pueden producirse simultáneamente. Mientras una variable muestra la evolución de las operaciones canalizadas por una empresa o una modalidad particular, la otra busca determinar qué sucede en los pequeños y medianos negocios que integran el entramado comercial del país.
El propio informe de CAME incorporó información sobre el canal digital dentro de los comercios relevados. Durante julio, las ventas en línea realizadas por empresas que también cuentan con locales a la calle aumentaron un 14,9% interanual, aunque tuvieron una reducción mensual desestacionalizada del 0,1%.
Ese dato muestra que incluso dentro del universo pyme puede coexistir un crecimiento de las operaciones digitales con una contracción del índice general. El informe contempla las ventas realizadas por los negocios consultados bajo cualquier modalidad, tanto presencial como virtual, pero no busca representar el volumen total procesado por las grandes plataformas de comercio electrónico.

Una serie DE CASI DOS DECDAS
Fechaco también destacó la continuidad y el alcance federal de la medición. El Índice de Ventas Minoristas Pyme cuenta con una serie de más de 16 años y se construye a partir de un universo delimitado mediante criterios normativos de la Secretaría Pyme. Además, utiliza ponderaciones elaboradas sobre información de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
La metodología de CAME diferencia a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires del resto del territorio nacional. Esa separación, subrayó la federación, permite evitar que el peso comercial de los grandes centros urbanos oculte las condiciones que enfrentan los establecimientos situados en las provincias y localidades del interior.
El relevamiento también contempla procedimientos estadísticos destinados a excluir valores extremos que podrían distorsionar los resultados y realizar correcciones ante posibles subdeclaraciones de facturación. Su continuidad permite efectuar comparaciones tanto intermensuales como interanuales y observar la evolución de los negocios a través del tiempo.
«No se trata de una encuesta de percepción, sino de un indicador construido con una metodología sostenida en el tiempo y aplicada de manera consistente desde hace 16 años», destacó Fechaco.
La institución reconoció que todos los indicadores pueden ser discutidos, pero consideró que cualquier análisis debe comenzar por precisar qué mide cada uno, cuál es el universo consultado y qué metodología se utiliza. Desde esa perspectiva, la comparación directa con el volumen de una plataforma digital no bastaría para descalificar el diagnóstico sobre la situación de las pymes.

Él índice y los resultados cuestionados

El relevamiento de julio mostró retrocesos interanuales en seis de las siete actividades examinadas. La mayor caída correspondió a textil e indumentaria, cuyas ventas disminuyeron un 5,6%. Le siguieron bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, con un descenso del 5,5%, y alimentos y bebidas, con una merma del 5,4%.
Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción fue el único sector que finalizó con una variación positiva, al registrar un incremento interanual del 1%.
La disminución de alimentos y bebidas constituye uno de los datos más sensibles del relevamiento, debido a que se trata de consumos esenciales. CAME observó una demanda defensiva y fragmentada, concentrada especialmente en artículos indispensables de la canasta básica, medicamentos recetados e insumos de reposición inmediata.
En cambio, las familias postergaron decisiones relacionadas con bienes durables, ropa, muebles y productos de mayor valor. La conducta respondió a la necesidad de administrar ingresos limitados frente a gastos fijos crecientes y a la pérdida de disponibilidad luego del efecto transitorio del aguinaldo.
Las promociones bancarias, las billeteras virtuales y los descuentos por pago al contado continuaron siendo determinantes para concretar operaciones. Sin embargo, el agotamiento de los márgenes disponibles en las tarjetas y la cautela frente al endeudamiento restringieron el impacto de las herramientas de financiación.
Los comercios, por su parte, afrontaron aumentos en los costos de reposición y logística, junto con la competencia de la venta informal y de los productos importados. La imposibilidad de trasladar completamente esos incrementos a los precios redujo los márgenes de rentabilidad y profundizó la prudencia de los empresarios.


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