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Los Triple-Ni, un reflejo del crecimiento de la vulnerabilidad entre los jóvenes

La Universidad de Buenos Aires (UBA) difundió esta semana los resultados del informe «Jóvenes vulnerables en la Argentina. Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro», elaborado por un equipo de investigación del Ciclo Básico Común, en el que advirtió que el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica.
El trabajo identificó que este escenario favorece la consolidación del fenómeno de los denominados Triple-Ni, integrado por quienes no trabajan, no estudian y tampoco buscan empleo, una problemática que el documento vincula con procesos de larga duración registrados también por otros estudios académicos y organismos internacionales.
El relevamiento indicó que dos de cada diez jóvenes que integran el segmento vulnerable no trabajan ni estudian. La investigación destacó además un aspecto considerado especialmente crítico dentro de este grupo, referido a la pérdida de expectativas respecto del futuro y de las posibilidades de inserción social.
Según el informe, la ausencia de perspectivas constituye uno de los rasgos centrales del fenómeno y se combina con condiciones económicas y educativas que profundizan la exclusión.
En materia educativa, el estudio determinó que el 60,5% de los jóvenes vulnerables posee el nivel secundario incompleto o un nivel de instrucción inferior. El 32,8% finalizó la escuela secundaria, mientras que apenas el 6,7% accedió a estudios terciarios o universitarios. El informe señaló además que solamente una cuarta parte de los jóvenes vulnerables continúa cursando estudios, dato que evidencia una desvinculación temprana del sistema educativo formal.
Entre quienes no tienen empleo y tampoco estudian, aproximadamente un tercio dejó de buscar trabajo. Sobre este aspecto, el director de la investigación, Juan Cruz Esquivel, explicó que «esta «desconexión refleja una ruptura de las expectativas de progreso, donde el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible».
El informe añadió que entre el 30,6% de los jóvenes que manifestó no tener empleo, únicamente cuatro de cada diez habían realizado una búsqueda laboral reciente, reflejando un proceso de desaliento frente a las oportunidades disponibles.

ALCANCE DEL ESTUDIO Y CARACTERÍSTICAS SOCIALES
La investigación fue desarrollada en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas de la Universidad de Buenos Aires mediante una encuesta presencial aplicada a 1.002 jóvenes vulnerables de entre 18 y 29 años residentes en los principales aglomerados urbanos del país.
El trabajo de campo se realizó entre diciembre de 2025 y enero de 2026. Del total de jóvenes relevados, el 27% reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires y el 73% restante en otras regiones del territorio nacional.
El estudio también relevó características vinculadas con la composición familiar de la población encuestada. Más de la mitad de los participantes, equivalente al 56,3%, no tiene hijos, mientras que cerca del 20% declaró tener dos o más hijos. Asimismo, el informe indicó que el 46,2% vive en hogares integrados por cinco o más personas, situación que refleja la presencia predominante de hogares numerosos dentro del universo analizado.
Los investigadores señalaron que la vulnerabilidad dejó de constituir un fenómeno marginal para alcanzar a casi la mitad de la población joven del país.
La encuesta clasificó a los participantes según su nivel de vulnerabilidad social y determinó que el 55,3% presenta una vulnerabilidad media, el 33,5% una vulnerabilidad alta y apenas el 11,2% una vulnerabilidad baja. El documento agregó que «excluyendo al Amba, la suma de NVS media y alta supera el 90%».

Derecho y desigualdad

Los especialistas del CBC señalaron que la precariedad laboral tiene consecuencias directas sobre el acceso a derechos básicos. El informe estableció que el 78% de los jóvenes vulnerables carece de obra social o medicina prepaga y depende exclusivamente del sistema público de salud para recibir atención médica, situación que incrementa la exposición de este grupo frente a distintos factores de vulnerabilidad.
La investigación también evaluó indicadores vinculados con la salud mental. Más del 70% de los jóvenes consultados manifestó sufrir problemas frecuentes de nervios o ansiedad, mientras que el 50% reconoció experimentar desgano o síntomas compatibles con cuadros depresivos.
A ello se suma que el 30% declaró tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o sustancias, problemática que el estudio identificó con mayor frecuencia entre quienes presentan menores niveles educativos.
Las diferencias entre los distintos niveles de vulnerabilidad también quedaron reflejadas en las posibilidades de acceder a un empleo formal. El informe indicó que apenas el 7,2% de los jóvenes con vulnerabilidad media posee un trabajo registrado, porcentaje que desciende al 0,5% entre quienes presentan vulnerabilidad alta.
En este último segmento, además, el 70% manifestó que los ingresos familiares no alcanzan para cubrir los gastos mensuales y registró mayores niveles de problemas relacionados con ansiedad, nervios, desgano y depresión.
Los investigadores concluyeron que las condiciones materiales y subjetivas se encuentran estrechamente vinculadas y conforman un escenario de desigualdades persistentes.

Empleo, informalidad
y deterioro laboral

Entre quienes lograron incorporarse al mercado laboral, la investigación determinó que la mayor parte de las ocupaciones se concentra en actividades de baja calificación y elevada informalidad.
El comercio y la gastronomía representan el 28,5% de los empleos relevados, seguidos por la construcción con el 19,8%. También aparecen la venta en ferias o por Internet con el 15,6%, las tareas de limpieza y cuidado con el 11,2%, peluquería y manicuría con el 5,2%, servicios de reparto y transporte mediante plataformas con el 4,9%, además de actividades fabriles, talleres mecánicos y seguridad.
El informe indicó que únicamente el 18,9% de los jóvenes ocupados posee un empleo registrado o parcialmente registrado. En contraste, el 75,9% desarrolla actividades no registradas o trabaja por cuenta propia mediante changas, venta ambulante o comercialización por Internet, mientras que el 5% manifestó desempeñarse bajo el régimen de monotributo. Estos datos reflejan el predominio de modalidades laborales alejadas de los esquemas tradicionales de empleo formal.
Sobre las condiciones económicas de los hogares, el director del Ciclo Básico Común y codirector de la investigación, Felipe Vega Terra, afirmó que «pero más allá de la formalidad o no, que es algo importante, la realidad material muestra que para el 57% de los jóvenes, los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes».
El informe presentó este indicador como una manifestación directa de las limitaciones económicas que enfrentan los hogares integrados por jóvenes vulnerables.
El estudio incorporó además los resultados del más reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, elaborado a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.
Ese trabajo sostuvo que entre 2010 y 2025 la economía argentina generó empleo sin mejorar su calidad. Según los investigadores, «el deterioro laboral no se expresó mediante el aumento de la desocupación, sino a través de una degradación de las condiciones laborales y salariales (microinformales, precarias y bajos ingresos)».
Asimismo, concluyeron que «como resultado, la principal transformación ocupacional de los últimos años fue la recomposición del empleo hacia los sectores de baja productividad sin alzas en el desempleo», al tiempo que definieron al sector microinformal y al cuentapropismo como una estrategia de «refugio» frente a la insuficiencia de oportunidades en el mercado laboral formal.


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