Enfado y resignación en Vallecas tras perder la concesión del estadio del Rayo: “Lo tenían que haber hecho hace tiempo” | Deportes

A la una del mediodía, bajo un sol de justicia que vacía las calles de Vallecas, apenas hay movimiento en los alrededores del estadio del Rayo Vallecano. Solo la llegada de algunos abonados que se dirigen a las taquillas rompe la monotonía. Son aficionados que se disponen a renovar el abono de una temporada que ni siquiera saben dónde comenzará. El club ha instalado una mesa con varias sillas y un ventilador junto a las taquillas para atenderles. Nadie tiene claro en qué recinto jugará el equipo el primer partido de Liga como local, previsto para el 20 de agosto ante el Alavés, pero muchos coinciden en que perder el carné no es una opción.
Han pasado apenas 24 horas desde que la Comunidad de Madrid anunciara la suspensión cautelar de la concesión del Estadio de Vallecas al club franjirrojo, después de que una auditoría detectara graves deficiencias de seguridad, mantenimiento y salubridad. El Gobierno regional asumirá directamente el control de la instalación para ejecutar obras de urgencia que podrían prolongarse entre dos y seis meses, obligando al equipo a disputar sus partidos como local en otro campo.
Mientras algunos aficionados entran y salen de las oficinas, las paredes del estadio han amanecido con pintadas contra el presidente y máximo accionista del club, Raúl Martín Presa. La tensión aumenta todavía más unas horas después, cuando la Comunidad presenta una denuncia ante la Policía Nacional al asegurar que el Rayo ha impedido el acceso de los operarios que debían comenzar los trabajos de emergencia en el recinto. Sin embargo, lejos del enfrentamiento institucional, en el barrio predomina otro sentimiento. La sorpresa por la contundencia y el momento elegido para intervenir convive con una idea que se repite una y otra vez entre los rayistas: el estadio llevaba años deteriorándose y alguien tenía que actuar.
“Yo no esperaba que pasara ahora”, reconoce Dámaso Barroso, abonado número 260 del Rayo, vecino de Vallecas desde hace 43 años y miembro de la Federación de Peñas. “Sorprende que se produzca después de tanto tiempo sabiendo que esto era así”. Barroso asegura que la dureza del informe de la Comunidad le hace pensar que la situación debía de ser especialmente grave. “Llevamos años denunciando el estado de abandono del estadio. Para que la Comunidad haya tomado esta decisión ha tenido que ver la cosa muy seria”. Aun así, admite que la noticia ha dejado descolocado a buena parte del barrio. “Es tu casa y no quieres que te echen de tu casa. Pero entendemos que esto se produzca y ojalá sirva para que, de una vez, se haga el estadio que Vallecas necesita”.
Su principal preocupación no son las obras, sino el futuro del club. “Ahora mismo no sabemos qué va a pasar. Sabemos que el presidente quiere lograr unos terrenos y construir un estadio no se sabe dónde”, afirma un Barroso que se niega a creer que eso pueda llegar a ocurrir: “Para mucha gente, incluso para quien no le gusta el fútbol, quitar el Rayo de aquí sería como quitarle una parte de su cuerpo”. La incertidumbre llega, además, en plena campaña de renovación de unos abonos cuyo precio se ha duplicado en las últimas seis temporadas.
A escasos metros del estadio, Julián Torres atiende a los clientes en la Cervecería Torres. Su padre abrió el negocio en 1970 y él lleva detrás de la barra desde finales de los 80. Ha visto cambiar el barrio y también cómo el estadio ha ido envejeciendo. “Nos sorprendió que la retirada de la concesión llegara con esta urgencia, aunque se veía venir”, explica. “El tema es grave y, si pasara algo, la Comunidad sería responsable subsidiaria. Han tenido que tomar cartas en el asunto”.
Torres no cree que el debate esté en si el estadio necesitaba una intervención. “Nadie niega que está viejo. Muchos de los problemas son por dejadez y suciedad, y eso lleva mucho tiempo denunciándose”. Tampoco oculta que las obras afectarán a negocios como el suyo. “Para nosotros será una faena estar dos, tres o los meses que sean sin fútbol. Pero esto se tenía que haber hecho hace tiempo porque el estadio no está en condiciones y no es seguro”.
A esa incertidumbre se suma el silencio del club sobre la decisión del Ejecutivo Autonómico y sobre dónde jugará el equipo. “Hay mucha confusión. Si van a hacer la reforma, lo mejor es que les den facilidades para empezar cuanto antes y terminar cuanto antes”, sostiene sobre un tema que monopoliza las conversaciones.
Las dudas no frenan, sin embargo, a quienes siguen pasando por las taquillas. Julián Gallego sale del estadio, enciende un cigarrillo y guarda el nuevo abono en el bolsillo. Tiene 70 años, el carné número 131 y lleva siendo socio del Rayo desde los 14. “Acabo de renovar, pero asumo que seguramente no vaya a ningún partido”, dice. “Si terminamos jugando en Leganés o donde sea, con los horarios será muy complicado desplazarse. Renuevo por no perder el abono, porque llevo con él toda la vida… Ya lo veremos por televisión”.
Su enfado apunta directamente a la dirección del club, a la que responsabiliza de haber llevado la situación hasta este extremo. Mientras habla, otro aficionado, César, acaba de salir también de renovar el carné y se incorpora espontáneamente a la conversación: “Esperemos no terminar desapareciendo como el Reus”, comenta. “Esto es un desastre. Renovamos porque son muchos años como socios, pero no sabemos qué puede pasar”.
Unos minutos después aparecen Miguel Quesada, de 68 años, y su hijo con el que comparte nombre, de 38, acompañados por los dos hijos pequeños de este último. Los cuatro acaban de renovar sus abonos. Tampoco ellos se planteaban dejar escapar el carné.
“Lo que quiere Presa es que no renovemos, que vengan otros aficionados, porque aquí no le quiere nadie. Pero no se va a salir con la suya. Vallecas es la esencia del Rayo”, sostiene el hijo. “Pone las renovaciones tarde, casi en agosto, cuando la gente está de vacaciones y les es más difícil pagarlo, porque muchos están obligados a elegir entre el abono o las vacaciones. Somos gente obrera”, zanja.
Su padre asiente con indignación y añade: “La suerte que tiene Presa es que deportivamente le están salvando, pero a los aficionados no nos quiere. No hace más que subir los precios para que los abonados de siempre se vayan y vengan otros. Quiere llevarse el equipo de aquí, pero no lo va a conseguir”.
Source link



