Los hijos y nietos de los emigrantes españoles en EE UU también rugen con el gol de Ferran: “Alegría, macho, esto es ‘fucking’ alegría” | Mundial 2026 de Fútbol

El Club España de Newark está a punto de venirse abajo. El gol de Ferran de la victoria, marcado a pocos minutos del final del partido y a tan solo 20 kilómetros de distancia de este local que reúne a migrantes de distintas generaciones, se vive aquí como una especie de revancha. Tantos años fuera del que un día fue su hogar y ahora pueden celebrarlo a lo grande. “Alegría, macho, esto es fucking alegría”, dice Roberto Almeida al constatar que España vuelva a ser campeona del mundo tras su victoria en Sudáfrica en 2010: “Llevaba 16 años esperando este momento”.
Las más de 400 personas reunidas en este local de Nueva Jersey, centro de la emigración española a Estados Unidos desde finales del siglo XIX, no han dejado de animar a su selección y de abuchear a Messi y a todo lo que parezca argentino en las dos últimas horas. Los “Yo soy español” durante el partido son constantes. Y al terminar no se pueden creer lo que acaban de presenciar. La euforia es absoluta.
Aquí se congregan todos los fines de semana para celebrar la comida, la música y, sobre todo, el fútbol, del país que abandonaron ellos, sus padres o sus abuelos. Reina el acento gallego con constantes you know y I mean u otras muletillas del inglés. Las décadas en Estados Unidos, en muchos casos soñando con volver algún día al país de los padres, abuelos o bisabuelos no pasan en balde. “Poca gente vas a encontrar aquí que no quiera volver a España algún día”, asegura María Cameán. Pese a que la mayoría lleva en Estados Unidos casi toda su vida, muchos responden que, antes que nada, son españoles. Aquí, el patriotismo se palpa. Como cuando todos se levantan en homenaje al himno antes del partido, quizás una herencia involuntaria de su cultura estadounidense.
Este local, fundado por emigrantes gallegos en 1964, ha servido en las últimas décadas como pegamento comunidad, formada sobre todo por gallegos, pero también de otras partes de España. Los recién llegados se agarraban al Club España como uno de los pocos vínculos con el mundo que habían dejado atrás. Como Almeida, que aterrizó en Newark en 1990, cuando tenía 18 años o, según dice él mismo, en lo mejor de la vida. En Galicia estaba acostumbrado a pasarlo bien con los amigos de fiesta en fiesta. “Cuando llegué aquí, todo estaba prohibido. Beber, ir a los bares, no hablaba ni una palabra de inglés… Lo pasé mal una temporada. Hasta que conocí este club y empecé a relacionarme con otros españoles”, recuerda antes del partido. Aquí conoció a su esposa. Sandra Sanlés, que llegó a Estados Unidos con solo nueve años.
José Salgado es vicepresidente de la directiva del club. Lleva 60 de sus 64 años en Nueva Jersey, pero eso no le ha hecho perder su marcado acento gallego. No puede evitar mostrar el orgullo tanto por lo que el club ha logrado en las últimas décadas como de la megafiesta que han montado con pinchos de tortilla, pulpo y calamares. En el descanso del partido, ya se habían ventilado un centenar de cajas de cerveza y 50 de agua. “Esto es mágico para nosotros. Es como traer un trocito de España en medio de Estados Unidos”, afirma en uno de los escasos momentos que le dejan tranquilo.

Pese a haberse fundado en los años sesenta, los orígenes del club se remontan mucho más atrás, a finales del siglo XIX, cuando en respuesta al aluvión de españoles -sobre todo gallegos- que llegaban huyendo de la pobreza se creó la primera asociación hispana de Newark. Una vez fundado el Club España, ha echado en las seis últimas décadas una mano a las familias recién llegadas, ha fomentado amistades y relaciones amorosas a través de los bailes y las fiestas que organiza los fines de semana. Y, este domingo, ha sido escenario de algo que probablemente aquí nadie vaya a olvidar hasta que se muera.
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