Provinciales

El fin de Rovira: Passalacqua le quitó el partido, y hasta el cartel de ingreso de la ruta

Se confirmó el anticipo de este medio. El gobernador misionero formalizó la ruptura con el caudillo que dominó la provincia por dos décadas, lanzó su propio sello político y dividió el bloque oficialista en la Legislatura. El «antirovirismo» pasó a tener más de dos tercios en Diputados, anticipando una posible recomposición del Superior Tribunal. En el medio, el ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Marcelo Pérez, ejecutó uno de los gestos más simbólicos del quiebre: devolvió a Misiones su histórico cartel de «Bienvenidos a la tierra colorada» en el límite con Corrientes, borrando de un plumazo la huella más visible del «rovirismo». La Casa Rosada toma nota de que Carlos Rovira ha dejado de ser el hombre fuerte. Hasta ahora, era el interlocutor privilegiado por el gobierno nacional.

Este diario anticipó, en sucesivas entregas a partir del 13 de junio, el quiebre político institucional en Misiones, cuando todavía para la mayoría era una hipótesis y hasta se hablaba de una estrategia del propio oficialismo.
Lo que entonces parecía una tensión interna contenida entre el gobernador, Hugo Passalacqua y el histórico conductor Carlos Rovira es hoy un hecho consumado que reorganiza el mapa político de la vecina provincia con más fuerza de lo que nadie esperaba.
El Movimiento por lo que Viene se convirtió en el sello propio que Passalacqua acaba de lanzar con su nombre, su imagen y su aparato.
Cierra así definitivamente una era de más de dos décadas en la que absolutamente todo en Misiones pasaba por la voluntad de un solo hombre. Rovira, el que se hacía llamar «El Conductor». Hoy ya no conduce.
La novedad de la semana tiene nombre oficial: el ministro coordinador de Gabinete, Carlos Caco Sartori fue el encargado de anunciar el nacimiento del espacio político que, a partir de ahora, encabeza el gobernador. «Nace con la convicción de seguir construyendo juntos, con diálogo, compromiso y una mirada puesta en el futuro.
Es una invitación a soñar, a participar y a continuar transformando Misiones con la fuerza de su gente», expresó Sartori al oficializar el nombre.
Pocas frases del universo político misionero estuvieron tan cargadas de significado como esa en mucho tiempo: hablar de «diálogo» en una provincia donde Rovira impuso durante más de dos décadas «el unicato».
En el recuerdo quedó la derrota de 2006, ante el obispo Pina que, al nacionalizarse la campaña, doblegó no sólo a Rovira, sino a los Kirchner con un plebiscito que esfumó los intentos reeleccionistas en otras provincias, comenzando por Buenos Aires, donde Felipe Solá vio frustradas sus aspiraciones de continuar al frente del gobierno.
El efecto multiplicador del triunfo de la Iglesia (fogoneado sin disimulo por el entonces cardenal Jorge Bergoglio) fue desbastador para los K.

EL HOMBRE QUE EJECUTÓ LOS GESTOS
Si Sartori es el vocero político del nuevo armado y el nexo articulador con los intendentes, hay otro nombre que merece una lectura cuidadosa en este proceso: el ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Marcelo Pérez, que, aunque prefiere cultivar el perfil bajo, es un peso pesado en el esquema reeleccionista.
En este contexto de reconfiguración del poder misionero, Pérez viene acumulando un rol que excede la administración de su cartera y lo posiciona como uno de los operadores institucionales más relevantes de la transición.
Fue Pérez quien, en una de las decisiones más cargadas de simbolismo de todo el proceso, ordenó reponer en el emblemático arco de ingreso a Misiones sobre la ruta nacional 12 -en el límite exacto con Corrientes- la histórica leyenda «Bienvenidos a la tierra colorada».
En ese mismo lugar, Rovira había instalado en 2023 el cartel «Bienvenidos a la primera provincia Start Up de la Argentina», un lema que generó rechazo ciudadano desde el primer día y que se convirtió en el símbolo más visible de la burbuja discursiva del rovirismo: en una provincia donde hay escuelas con letrinas y parajes sin agua potable, la start up funcionaba como un slogan de marketing político antes que como un proyecto de desarrollo real.
Detrás de esa iniciativa estaba Ramiro Rovira, hijo del caudillo y una serie de emprendimientos mixtos con fondos estatales cuya viabilidad siempre fue cuestionada.
El gesto de Pérez, al reponer el cartel original no fue sólo estético. Fue la señal más clara y visible de que, bajo la directiva de propio gobernador, en Misiones empezaba una nueva época. Las huellas del rovirismo, una a una, están siendo borradas. Y el ministro de Gobierno está siendo el ejecutor de muchas de esas decisiones.
Más allá del cartel, Pérez fue también protagonista central de la jornada de gabinete itinerante que el Gobierno desplegó en Puerto Iguazú, junto a 14 intendentes del Norte provincial, donde coordinó agenda de seguridad, anuncios de inversión en tecnología policial y refuerzo de la presencia estatal en la Triple Frontera.
Es la gestión territorial concreta la que le está dando volumen político propio en un momento en que la provincia necesita cuadros capaces de ejecutar antes que de discursear.

Faltaba el sello

En los pasillos del poder de Posadas se venía diciendo, desde hace tiempo, que la sociedad misionera estaba harta. El dato electoral más claro fue el de las elecciones legislativas del año pasado: el oficialismo ganó con un margen ajustado en las provinciales y perdió ante La Libertad Avanza en las nacionales, una señal de que el modelo de poder concentrado ya no generaba el entusiasmo de otras épocas.
La razón era simple: en Misiones, absolutamente todo -cada obra, cada nombramiento, cada decisión presupuestaria- debía tener el visto bueno de Rovira. La «unanimidad de uno solo» había dejado de ser un signo de fortaleza para convertirse en una fuente de agotamiento colectivo.
Rovira respondió a ese diagnóstico con una apuesta arriesgada: enterró el Frente Renovador -la marca política que dominó Misiones por dos décadas- y lanzó Encuentro Misionero, su nuevo sello, sin Passalacqua adentro.
El gobernador, que hasta entonces intentaba mantenerse en un equilibrio incómodo entre la lealtad institucional y la distancia política, se encontró de golpe sin partido y ante una decisión inevitable. Eligió construir el propio.

La Casa Rosada tendrá que aprender a hablar con otro

El cambio político misionero tiene también una dimensión nacional que la Casa Rosada ya no puede ignorar. Durante dos décadas, todos los gobiernos nacionales -peronistas, macristas, libertarios- aprendieron a negociar con Misiones de la misma manera: llamando a Rovira.
La premisa era simple y eficiente: «gobernabilidad con gobernabilidad se paga». Los legisladores misioneros en el Congreso votaban acompañando al Ejecutivo nacional de turno, independientemente de quién ocupara el Sillón de Rivadavia. Era un esquema previsible, funcional y sin sorpresas.
Ese esquema ya no existe. Por ahora, los senadores y diputados nacionales de Misiones siguen orbitando en torno a Rovira, que mantiene el control del bloque legislativo nacional. Pero la masa política que está acumulando Passalacqua -intendentes, legisladores provinciales, dirigentes históricos que vuelven del ostracismo- puede torcer esa fuerza gravitatoria de cara a las elecciones de 2027.
Con una imagen positiva cercana al 54%, el respaldo de la mayoría de los jefes comunales y ahora un sello propio con nombre y estructura, el Gobernador reúne condiciones que hace seis meses parecían impensables.
La «Hugoneta», como se llama al nuevo esquema de poder, tiene un objetivo concreto: la reelección de Passalacqua en 2027.
Si lo logran, Misiones habrá completado la mayor reconfiguración de su poder político desde que el Frente Renovador nació en los años 90. Y, en el arco de la ruta 12, donde la «Tierra colorada» volvió a ser el mensaje de bienvenida, estará escrita, sin que nadie lo diga, la síntesis de la vuelta a sus orígenes cuando el hijo de Rovira no tallaba.

La arquitectura del nuevo poder

«BIENVENIDOS A LA TIERRA COLORADA». Desde su construcción, el tradicional arco que divide Misiones de Corrientes llevó siempre esa leyenda que formó parte de la historia. Su cambio generó polémica, ahora zanjada por el ministro Marcelo Pérez, quien, en cumplimiento de directicas del gobernador, repuso una frase histórica y cuyo cambio dejó en la mira la impronta del hijo de Rovira. Pasando el arco, del lado correntino, la estancia del Carmen del Itaembé, propiedad de los Martínez Llano -que tiene su propia historia- fue devuelta a la familia por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, por primera y única vez, hizo cumplir lo ordenado y hasta fijó un plazo de 30 días. Contrasta con lo ocurrido con el procurador de Santa Cruz, Sosa, desplazado por el kirchnerismo, quien debió esperar 30 años.


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