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Ni Kane, ni Haaland: Bellingham reina con un doblete y mete a Inglaterra en las semifinales del Mundial | Mundial 2026 de Fútbol

Ni Harry Kane, ni Erling Haaland, la potencia llegadora y el instinto de Jude Bellingham en el área fue lo que reinó y se impuso en el abarrotado estadio Hard Rock de Miami. Sus dos goles, el segundo en la prórroga, le valieron a Inglaterra el pase a las semifinales de un partido feo, por momentos tedioso y muy marcado por el exceso de respeto mutuo. Bellingham gobernó el resultado en una tarde tórrida por el calor y por el fútbol plano que enseñaron ingleses y noruegos durante largos tramos del encuentro. Se esperaba a los dos goleadores más clásicos de este Mundial y fue la determinante llegada de Bellingham la que decidió un duelo en el que solo la trascendencia de la victoria y la incertidumbre en el marcador mantuvieron la emoción. Seis goles firma el madridista en este Mundial, definitivo ya con su anterior doblete ante México en la caldera que fue el estadio Azteca. A su eficacia se agarró Inglaterra, que hasta ahora ha enseñado más espíritu grupal que juego fino colectivo. Argentina o Suiza la aguardan en Atlanta para definir un puesto en la final.

1

Ørjan Nyland, Kristoffer Ajer, David Møller Wolfe (Marcus Pedersen, min. 89), Torbjørn Heggem (Leo Østigård, min. 90), Julian Ryerson (Fredrik Aursnes, min. 59), Patrick Berg, Martin Ødegaard, Sander Berge, Erling Haaland (Jørgen Strand Larsen, min. 105), Alexander Sørloth (Oscar Bobb, min. 67) y Andreas Schjelderup (Antonio Nusa, min. 67)

2

Jordan Pickford, John Stones, Nico O’Reilly (Djed Spence, min. 85), Marc Guéhi, Ezri Konsa (Morgan Rogers, min. 88), Elliot Anderson, Anthony Gordon (Reece James, min. 70), Declan Rice (Eberechi Eze, min. 45), Noni Madueke (Bukayo Saka, min. 45), Jude Bellingham (Dan Burn, min. 110) y Harry Kane

Goles 1-0 min. 35: Andreas Schjelderup. 1-1 min. 46: Bellingham. 1-2 min. 92: Bellingham

Arbitro Clément Turpin

Tarjetas amarillas Vassbakk (min. 116)

Sin atrevimiento para desbordar y sin aceleración, el fútbol puede convertirse en un manoseo insulso de la pelota. Un tocar y tocar narcotizante capaz de apagar cualquier rincón del campo donde pueda saltar una chispa. El arranque del encuentro fue un canto al aburrimiento que silenció el esperado duelo entre Harry Kane y Erling Haaland. El primero fue un desesperado espectador del bamboleo de pelotas al pie que se pasaban entre Rice, Anderson y Bellingham. Ni Madueke, al que Tuchel prefirió por delante de Saka, ni Gordon se animaban a encarar con decisión. Dieron más pases atrás que regates intentaron.

Inglaterra articulaba un juego plagado de pases de seguridad que provocó que Kane probara por primera vez el cañón de su pierna derecha poco antes de la primera media hora. Fue en un libre directo que se le fue por arriba. Unos 30 metros más allá de Kane, Haaland, mirando a la portería de Nyland, era el vértice de la espartana línea de cuatro defensas y centrocampistas que había montado Stale Solbakken. El armario Sorloth y el liviano Schjelderup eran mas gregarios para sumarse al trivote compuesto por Berge, Berg y Odegaard que extremos para romper por potencia de zancada el primero y velocidad el segundo. Ambas hinchadas asistían en silencio al tostón bajo un bochorno que también contribuía al fútbol somnífero que invadió el estado de Miami. Por la megafonía del estadio se recomendaba a las sufridas hinchadas que consumieran agua mientras asistían a la nada para evitar desmayos. Si Kane soportó vivir yermo de remates casi 30 minutos, Haaland tardó un par de minutos más en entrar en contacto con la pelota. Fue cuando Ryerson le colgó una pelota al segundo palo. La bestia noruega ganó el salto fácil. Lo que sorprendió fue que no dirigiera bien el frentazo.

De la nadería reinante emergió un gol inesperado. El habilidoso Schjelderup dibujó un zurdazo desde el pico del área de intención compleja de descifrar. La cuestión es que la pelota salió flechada a la escuadra más alejada del sorprendido Pickford. El sopapo dejó grogui a Inglaterra un par de minutos en los que pudo irse del partido. Sorloth remató alto tras ganar en el área un pelotazo de Nyland, Odegaard exigió a Pickford un vuelo rasante junto al palo y el propio Sorloth condujo mal una contra que era un dos contra uno con Haaland a su izquierda esperando un pase que nunca llegó.

La mejor acción de Bellingham rescató a Inglaterra antes del descanso. Recogió un pase raso de Gordon en la frontal del área y con el control orientado se saltó a su marcador y batió a Nyland con un zurdazo cruzado. Fue una jugada que delató que Bellingham es mejor apareciendo que estando quieto por las inmediaciones del área. Los noruegos protestaron que en el saque largo de Pickford la pelota impactó en el cable de acero por el que se deslizaba la cámara de las tomas aéreas del juego. El reglamento dice que esto obliga a parar el partido, pero ni el colegiado ni el VAR se dieron por aludidos. La FIFA luego comunicó que los sensores del balón no detectaron impacto alguno. Otro buen toque de Bellingham en la medialuna facilitó que Kane salvara con una buena picadita a Nyland que no valió porque el goleador inglés estaba medio cuerpo fuera de juego.

En el intermedio Tuchel quiso romper con el fútbol pastoso y metió a Saka y Eze por Madueke y Rice. Tampoco los recambios sacaron a Inglaterra de tanto toque previsible. Fue Noruega la que creció, favorecida por la entrada de los revoltosos Nusa y Bobb. Haaland peinó una pelota complicada de cazar que Pickford palmeó a saque de esquina. Y Eggem acertó a embocar un rechace con la cara del meta inglés que el colegiado anuló avisado por el VAR de un empujón previo de Haaland a Anderson. La nueva norma de los bloqueos y los empujones en los córners es el antifútbol si un mero forcejeo por ganar la posición acaba con el defensor en el suelo si este es más débil. Al poco, Ajer reventó la pelota contra el larguero en un buen cabezazo.

Fue mejor Noruega en el segundo acto que la Inglaterra sin imaginación de Tuchel. Esta al menos sacó provecho del mayor ímpetu con el que inició la prórroga. Kane obligó a Nyland a una mano salvadora con una parábola dibujada con un cabezazo en el segundo palo. Y Bellingham volvió a aparecer para rebañar el despeje centrado del meta noruego a un disparo duro de Anderson desde la frontal del área. Ya no se levantó Noruega, a la que el VAR salvó de un penalti inexistente de Nusa a Spence. Haaland, cabizbajo y con los brazos en jarra, asistió a impotente al derrumbe de su selección, que ya no levantó cabeza en toda la prórroga. El cambio del voraz goleador noruego a diez minutos del final de la prórroga fue el parte anticipado de la defunción de Noruega en este Mundial.




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