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Las carencias de Colombia maquilladas por el entusiasmo se desvelan en su despedida del Mundial

Los márgenes son mínimos en el fútbol. Y más en una tanda de penaltis. Si la muñeca de Camilo Vargas hubiese resistido mejor el disparo de Granit Xhaka, o si el tiro de Davinson Sánchez hubiese ido unos centímetros más abajo, la historia sería diferente y la ilusión mundialista colombiana estaría intacta. Pero los pequeños azares este martes en Vancouver cayeron del lado de Suiza y Colombia fue eliminada, incapaz de alcanzar los cuartos de final por segunda vez en su historia, donde esperaba Argentina. La autopsia apunta, inevitablemente, a las carencias que habían sido maquilladas por el entusiasmo que generó un equipo que trata bien al balón, pero en última instancia hace poco con él: una falta de amenaza en el área contraria de la más alta calidad, una creatividad dependiente de dos cracks cuyos cuerpos crujen bajo los años que cargan encima o un mediocampo oxidado a pesar de un jugador revelación.

Aparte del dominio del juego por parte de ese centro del campo, y de la alegría y confianza de una hinchada que coloreó por completo de amarillo cada estadio en el que alentó en los tres países anfitriones —Colombia se lleva el honor de ser la única selección en jugar en México, Estados Unidos y Canadá durante este torneo—, la ausencia de delanteros de clase mundial, claves para aspirar a cualquier hazaña en una Copa del Mundo, se confirmó una y otra vez. Ninguno de los tres delanteros que llevó el entrenador argentino Néstor Lorenzo —Luis Suárez, Jhon Córdoba o Cucho Hernández— marcó un solo gol en el Mundial; aunque cada uno aportó una asistencia a lo largo de los minutos que se repartieron. Lejos están los tiempos en los que Colombia podía alinear a un jugador como Falcao y reemplazarlo con Teófilo Gutiérrez, que en su carrera irregular dejó mucho que desear, pero también la certeza de su mentalidad ganadora. Hoy, en cambio, Colombia no tiene un matador.

Los empates a cero con las dos selecciones europeas que se enfrentaron, y a las cuales dominaron en la posesión, a Portugal con claridad, a Suiza mucho más tímidamente, subrayan el punto. Aunque Suárez haya tenido una temporada prolífica en el Sporting de Portugal frente al arco, cuando la presión aumentó en el mayor escenario del fútbol global, pareció encogerse. Córdoba y Hernández, los recambios, tampoco dejaron demasiados recuerdos en el campo, más allá de la lucha y la garra del Cucho en los últimos segundos en el estreno del equipo en el Azteca, cuando ganó el balón por pura testarudez y mandó un centro dulce como pocos para que Colombia ganara 3-1 a Uzbekistán, la selección número 60 del ránking de la FIFA —Colombia ocupa el puesto 11—.

Aunque no fueron letales bajo los tres palos, tampoco se beneficiaron del servicio de los jugadores de más alto perfil del plantel. A James Rodríguez, que compite por ser el mejor futbolista colombiano de la historia y capitaneó al equipo en cada partido, se le vio lento y errático: no hizo ningún pase de gol en todo el torneo. En cada encuentro fue naturalmente reemplazado en el segundo tiempo por Juan Fernando Quintero, que sí mostró su calidad en los minutos que tuvo —en los dieciseisavos ante Ghana produjo cinco ocasiones de gol en 20 minutos, la mayor cantidad de cualquier jugador en un partido del Mundial—, pero no fue suficiente para desarmar las defensas portuguesas o suizas. Y, al final, solo dio una asistencia contra RD Congo en la luchadísima victoria 1-0 en el segundo encuentro de la fase de grupos.

Ni siquiera Luis Díaz, tras una temporada estelar con el Bayern Múnich, mostró su mejor nivel. Porque estuvo casi siempre marcado por dos jugadores contrincantes, o tal vez porque no estuvo cómodo con tanta responsabilidad sobre sus hombros, Luchito tampoco brilló en el Mundial. El equipo lo buscaba constantemente, a sabiendas de que era quien sería capaz de desequilibrar. Encaró una y otra vez. Pero llegado el momento, daba un toque de más o el control le fallaba. Frente al arco tuvo varias oportunidades claras, pero sus disparos fueron débiles o sin dirección. Ante Suiza, solo logró uno de cinco regates y apenas tiró una vez a puerta.

Más atrás, las pocas luces las aportó Gustavo Puerta, que con 22 años y sin recorrido previo en la selección demostró la calidad, serenidad y visión con las que ayudó al Racing de Santander a ascender a Primera División española 14 años después. Sentó a Richard Ríos, que dos años antes había sido una de las estrellas de la Copa América que Colombia perdió contra Argentina en la final en Miami, pero que al Mundial llegaba con pocos minutos disputados en el Benfica y que cuando salió al campo pareció estar jugando con unos segundos de retraso. El otro mediocampista en el once titular, Jefferson Lerma, si bien fue sólido y junto a Puerta y Jhon Arias construyó una relación fluida y dinámica, mostró su edad y, especialmente contra Suiza, sufrió ante la jerarquía de Xhaka y Remo Freuler, que manejaron mejor los tiempos y el espacio.

El otro rayo positivo emergió de la pareja de centrales. Davinson Sánchez y Jhon Lucumí apenas recibieron un gol en todo el torneo. Sánchez, que portó la cinta de capitán cuando no estaba James Rodríguez en el campo, se despide del Mundial como una referencia defensiva, vencedor duelo tras duelo y una muralla imposible de regatear. Por unos cuantos milímetros, casi también se convierte en héroe contra Portugal, después de que su gol de cabeza fuera cruelmente anulado por el fuera de juego más apretado, literalmente por la punta del pie. Muy acorde con la historia de la selección en su conjunto, a pesar de su titánica labor para anular todos los ataques a los que enfrentó, ese, un casi gol, será el recuerdo más persistente de su Mundial.

Aún habrá tiempo de lamerse las heridas, pero la salida del torneo invita a mirar para adelante. Y en el horizonte de la selección Colombia hay muchas más incertidumbres que certezas. La ausencia de cambio generacional que ha quedado en evidencia en la delantera se comienza a esparcir por el campo: ¿Quién será el nuevo 10 cuando James y Quintero cuelguen, previsiblemente pronto, los botines? ¿Quién acompañará a Gustavo Puerta en el centro del campo en la siguiente década? ¿Podrán Sánchez y Lucumí aguantar en su mejor nivel hasta 2030, cuando tendrán 34 y 32 años respectivamente? ¿Quién será el portero, teniendo en cuenta que Camilo Vargas ya tiene 37 años? Y en el banquillo, más dudas. El contrato de Néstor Lorenzo se acaba el 30 de julio y no está nada claro que vaya a renovar. Ya no hay fiebre amarilla que camufle la situación de la selección colombiana.


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