La contracrónica : no hubo milagro (para Austria) en Los Ángeles | Mundial 2026 de Fútbol


Antes del partido, en un gesto exótico para animar a la selección nacional, el Jefe de Estado, Alexander Van der Bellen, se había dirigido a los padres austriacos en un vídeo en sus redes sociales: “En nombre de vuestros hijos, dejad que se queden despiertos un poco más”.
La afición se concentró en los restaurantes del Prater, donde se encuentra el estadio Ernst Happel en el que España se proclamó campeona de la Eurocopa 2008 ante Alemania. El Presidente Federal vio el encuentro contra Argentina en uno de ellos. Austria no disputaba un partido de eliminación directa en un Mundial desde 1954. Y no avanzaba a la siguiente fase de grupos desde los mundiales de 1978 y 1982. En Argentina protagonizó el Milagro de Córdoba y en España, la Desgracia de Gijón. Después de lo sucedido contra Argelia, donde la selección austriaca se salvó con un tanto de Sasa Kalajdzic en la última jugada, todo estaba predispuesto para la épica.
Y eso que a esas alturas las ucronías en formato documental ya se habían desatado. El cortometraje de inteligencia artificial Weltmeister, Oida! (¡Campeones del Mundo, oye!) de la productora audiovisual independiente Sequence Five ha sido un éxito viral. La pieza muestra a unos envejecidos David Alaba, Marko Arnautovic, Marcel Sabitzer y al propio Rangnick contando en 2056 cómo se coronaron campeones del Mundial 2026. Sus rostros están tallados en la roca de los Alpes, igual que el de los presidentes de EE UU en el Monte Rushmore. Y el demonio Arnautovic es el Jefe de Estado.
En los aledaños del estadio Ernst Happel, un aficionado repetía un sueño recurrente: pasara lo que pasara en las siguientes rondas, que esos fueran los dieciseisavos en los que Austria venció a España y, Paraguay, a Alemania, los vecinos del norte que se pasean con cuatro estrellas en la camiseta por los campings de la costa del Adriático.
Pese al entusiasmo y las numerosas zamarras rojas, en la capital no hubo concentraciones masivas. En el mismo Prater el partido competía con un concierto de la orquesta Sinfónica de Viena con Holly Hyun Choe, Teya, Rolando Villazón e Ilia Staple para despedir el curso antes de las vacaciones. Se escuchó Granada, de Agustín Lara, y La Aragonesa, compuesta por Bizet para su ópera Carmen. Los espacios verdes estaban ocupados por familias de picnic, al sol o a la sombra de la noria que inmortalizó Orson Welles en El tercer hombre. El heavy metal de la selección de Rangnick no pudo contra la Roja ni contra la Sinfónica de Viena.
En el popular Museumsquartier (el Barrio de los Museos en el centro de la ciudad), el protagonista era el escritor y dramaturgo búlgaro Dimitré Dinev, que llegó a Austria en 1990 como refugiado —pasando por el centro de acogida y tramitación de solicitudes de asilo de Traiskirchen—. Tenía programada una lectura dramatizada de sus obras con su peculiar banda musical. El Partido de los Verdes ocupaba el Stadtpark, uno de los parques más emblemáticos en el primer distrito de Viena junto al Ring, con un concierto del grupo Hearts Hearts.
Mientras tanto, los analistas deportivos de los medios se preguntaban cómo ganar a España. De Lamine Yamal preocupaba su velocidad, pero sobre todo su aura. Herbert Prohaska, entrenador de la selección austriaca que cayó 9-0 ante España en Mestalla hace 27 años, dijo en la televisión pública (ORF) que la victoria pasaba por “quitarle la alegría a los españoles”. Pidió un fútbol con iniciativa: “Sería un error limitarnos a pensar a la defensiva, quedarnos atrás y no atrevernos a hacer nada. Lo complicaría aún más ante una selección tan fuerte técnicamente”.
“No podemos ser menos favoritos que en este partido”, había dicho el técnico alemán Ralf Rangnick. “Probablemente perderíamos siete, ocho o incluso nueve partidos de cada diez contra España. Tenemos que asegurarnos de que este sea el décimo: el que ganamos”. En el césped del SoFi Stadium de Los Ángeles, antes del pitido inicial, anticipaba un partido físico. Pero la velocidad en la circulación del balón y la intensidad en la presión la puso España. No hubo milagro ni desgracia en Los Ángeles.
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