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Si no es el Salvaje Oeste, se le parece: bienvenido sea el Roland Garros más desgobernado


El sol de París va difuminándose y la ciudad va recuperando una estampa más habitual. Asoman las nubes, la brisa y la humedad, y en Roland Garros van hinchándose las pelotas y lo que antes era de una forma, es ahora de otra completamente diferente. Lo dice Pablo Carreño, apeado por Rafael Jódar: “Ya os había dicho que prefería que hiciera sol, antes que estuviera nublado o hasta lloviendo. Esta bola, con estas condiciones, se hace muy grande y sufres un poquito más”. Todo es posible, todo puede pasar. Del calor al fresquito, de lo aparentemente obvio a lo indescifrable, y sigue girando el carrusel de un torneo altamente imprevisible. Cayó Jannik Sinner, también Novak Djokovic. Y lo que queda. Esta vez, turno para la tetracampeona Iga Swiatek.

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