Hacia un deporte feminista
Hay una conversación recurrente —y muy de barra de bar— en la que se compara sin datos y sin contexto el deporte masculino con el femenino. ¿Cómo quedaría un partido entre Rafael Nadal y Serena Williams? ¿Cuál sería el resultado de un partido entre las selecciones españolas de fútbol campeonas del mundo de 2010 y 2023? ¿Podría una atleta bajar de las dos horas en el maratón —el actual récord femenino está en dos horas, nueve minutos y 57 segundos—? El debate se suele trasladar luego hacia el dinero que ganan unos y otras, sobre si los ingresos deberían ser los mismos en todos los casos. Y luego, cuando la conversación ya no da para más, se suele pasar a la broma o al escarnio. De ahí, por ejemplo, los vídeos que circulan por las redes sociales en los que se recopilan grandes fallos de mujeres deportistas -generalmente futbolistas-. Se comparten como si ningún portero de la historia se hubiera tragado nunca un balón que se acercaba mansamente a sus manos o como si todos los delanteros que han tenido que empujar un balón junto a la línea de gol hubieran acertado en todas las ocasiones. Es lo que tienen los debates sin argumentos, que al final hay que recurrir a la brocha gorda para llegar a alguna conclusión.
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