Esos nuevos nenos deportivistas | Fútbol | Deportes


Esa tarde fría, aunque soleada, seis amigos esperábamos en la estación de San Fernando el Cercanías que nos devolviese a Cádiz. Acabábamos de ver cómo el CD San Fernando nos empataba el partido en el minuto 95. El gol lo marcaron con el tiempo prácticamente vencido, después de un saque de banda a favor del Depor que perdió el balón de manera ridícula, concedió un contraataque absurdo que resultó en córner en el que subió a rematar hasta el portero y gol. Dos puntos que volaban y que nos dejaban a cuatro del líder, el Alcorcón. Agudas e inolvidables miserias.
Sentimos desasosiego en aquella pequeña grada del campo del San Fernando. Mis cinco amigos, los 200 deportivistas que allí estaban y yo. De pie sobre cemento y alejados por una pista de atletismo, con medio campo tapado por una estructura de lanzamiento de martillo y un gol anulado al Depor por fuera de juego que vaya usted a saber, porque en Primera RFEF, entonces, no había ni VAR ni nada que se le pareciese.
Cuando entramos en la estación de tren, como una pequeña procesión del silencio, la megafonía decidió perfeccionar nuestro abatimiento: por problemas en el servicio el tren tardaría una hora en llegar.
Era el 29 de enero de 2023 y sentados en aquel andén vacío, con el gol en el descuento clavado en el estómago, a mil kilómetros de A Coruña y con el club penando por la tercera categoría, me dio por pensar en voz alta: “Cuando estemos de vuelta en Primera nos acordaremos de estos momentos”. Nadie me hizo mucho caso. Primera era una categoría, si acaso una palabra, que no sabíamos muy bien si seguía existiendo.
Tantos fines de semana después, ahora que estamos de vuelta, sí nos acordamos de esos momentos. Vaya si nos acordamos.
Nos acordamos de que el Celta B, el filial de nuestro imprescindible rival, nos ganó en Riazor. Nos acordamos de descender con la competición adulterada por unos positivos de covid ocultos y de dos policías nacionales llamando a la puerta del capitán Álex Bergantiños; de jugar contra el Coruxo, el Guijuelo o el Marino de Luanco sin público por la pandemia. Nos acordamos de viajar a campos como Teruel, Tarazona, Villaviciosa de Odón o de festejar un miércoles por la noche en Zamora con el campo congelado y la valla rota porque medio millar de deportivistas se abalanzaron sobre ella para cantar el gol.
Nos acordamos porque en todos esos episodios, en todos esos viajes, en todos esos partidos se asomaban leales, inquietos, crónicos, miles de aficionados del Depor. Como una pasión maldita decidimos que seguir a nuestro equipo en el peor momento de su historia era un orgullo y llegábamos a sitios donde no nos esperaban, con la cabeza alta y el escudo en el pecho. Así, durante cuatro años de Segunda División y otros cuatro de Segunda B (después llamada Primera RFEF), llegamos al tope de abonados y se generó una lista de espera de miles de personas.
Concedamos que el mérito es relativo. Que en aquella estación del Cercanías pegados a la Bahía de Cádiz pudiésemos percibir que había algo de romántico en aquella agonía se entiende porque unos tipos en la cuarentena sabíamos de dónde venía el Depor y a dónde estaba destinado a regresar. Somos una generación que vivió una Liga. El Depor es un equipo campeón. Pero el cuento es más curioso si pensamos en la siguiente generación. Unos chavales y chavalas que se hicieron del Depor cuando el San Fernando nos empataba en el 95, el Depor fichaba como delantero al sobrino de Arturo Pérez Reverte o teníamos que jugarnos los cuartos con el filial del Valladolid, equipo contra el que, años después, hemos regresado a la élite como un círculo que se cierra y zanja el hechizo.
Pola rapazada toda, se dice mucho entre el deportivismo. Por esos chavales a los que siempre les ha salido cruz, que han saltado de charco en charco sin quitarse jamás la camiseta, que fueron, son y serán del Depor en el disgusto o en la alegría. Por todos ellos, por esos nuevos nenos deportivistas que ocupan la mitad de Riazor en cada partido y garantizan que A Coruña jamás haya dejado de ser blanquiazul.
Hemos vuelto y a todos vosotros, a la rapazada toda, os toca disfrutar. Esto es vuestro. El Depor sois vosotros.
Source link



