El Real Zaragoza desciende a Primera RFEF y desaparece del fútbol profesional tras 77 años | Fútbol | Deportes


Para muchos ha sido un partido más del calendario; para los zaragocistas, la confirmación definitiva de una pesadilla que lleva gestándose años. El Real Zaragoza pone punto y aparte a una historia de leyenda con un empate ante la U.D Las Palmas (1-1) que certifica su descenso a Primera RFEF, la tercera categoría del fútbol español. La caída del histórico club aragonés no se explica por una sola tarde, ni por un fallo puntual, sino por la acumulación de malos resultados y una cuestionable planificación deportiva. El desenlace de todo se intuía desde las primeras jornadas, y el paso del tiempo ha evidenciado las carencias de un equipo a la deriva que no ha podido sacar adelante la situación.
Minutos después de confirmarse el descenso, el Real Zaragoza ha emitido un comunicado en redes sociales en el que reconocen la mala campaña protagonizada. “La noticia que nunca quisimos protagonizar se ha convertido en realidad y debemos afrontarla con responsabilidad, autocrítica y honestidad. Cuesta escoger las palabras para dirigirnos a vosotros”, comienza el escrito. Afirman que su objetivo era “devolver al Real Zaragoza al lugar que le corresponde por historia y afición”, pero que en esa búsqueda se ha dado “un gran paso atrás” y que han “fracasado deportivamente”. Además, anuncian que el Consejo de Administración del club está “abierto a la entrada de aficionados o empresarios aragoneses con arraigo en Aragón, con el objetivo común de ayudar en el proyecto para regresar al fútbol profesional”.
El séptimo equipo más laureado del fútbol español, con seis Copas del Rey, una Supercopa de España, una Recopa de Europa y una Copa de Ferias, se despedirá en la próxima jornada de las categorías profesionales, 77 años después de su última campaña en la tercera división, en 1949. El partido ante la U. D. Las Palmas ha sido un mero trámite para el equipo dirigido por David Navarro, que desde la dura derrota el pasado domingo ante el Sporting de Gijón en el Ibercaja Estadio (1-3), vio cómo sus posibilidades de conseguir la gesta se reducían a cenizas.
Oportunidades no han faltado para revertir la situación. En marzo, tras el cambio de entrenador y de director deportivo, los blanquillos sumaron tres victorias en cuatro partidos —una de ellas frente al Racing, recién ascendido a Primera División, y otra frente al Almería, candidato al ascenso—. La situación parecía haber cambiado, con una dinámica de resultados positiva y con un calendario más o menos asequible que le iba a enfrentar a sus rivales directos por la permanencia. Casi dos meses después de aquella última victoria frente al equipo cántabro, nada se ha cumplido: el Real Zaragoza solo ha sumado tres puntos (3 empates y 6 derrotas). Sus resultados no han acompañado, pero sí lo han hecho los de sus rivales directos, incapaces de marcar distancias con el descenso. Hasta la pasada jornada, y pese a llevar casi dos meses sin conocer la victoria, los maños —junto a otros cinco equipos— se mantenían en la pelea por la salvación.
Esta dinámica viene de lejos. En 41 jornadas, el Real Zaragoza solo ha sumado 36 puntos: 8 victorias, 12 empates y 21 derrotas, y se ha mantenido en los puestos de descenso en 39 de ellas. Las cifras actuales no son suficientes para mantener la categoría, y eso que esta temporada se puede consumar una de las salvaciones recientes más baratas. Por poner en contexto, en los últimos cinco años han descendido equipos con 44 puntos —dato que no pueden alcanzar ya ninguno de los clubes en el farolillo rojo—.
Uno de los problemas a los que se ha enfrentado el equipo durante esta temporada es la falta de acierto de cara a portería. El Real Zaragoza se ha convertido en el menos goleador: 35 tantos en 41 jornadas. Han sido 10 meses de competición en los que han pasado 38 jugadores, cuatro entrenadores —Gabi Fernández, Emilio Larraz, como interino, Rubén Sellés y David Navarro— y dos directores deportivos. El último en llegar, Lalo Arantegui, será el encargado de trabajar en el equipo que intente devolver al Real Zaragoza a Segunda División, la que ha sido su casa en las últimas 13 temporadas. “Trabajo en los dos escenarios”, anunciaba el director deportivo en su primera rueda de prensa, el pasado mes de marzo, sobre la posibilidad de descenso.
Caprichos del destino y del fútbol, el Estadio de Gran Canaria ha vuelto a ser el escenario de la desgracia para el Real Zaragoza. 11 años atrás, en 2015, los aragoneses cayeron derrotados por 2-0 en la final del playoff de ascenso a Primera División, tras ganar 3-1 en la ida. Desde entonces, no han vuelto a estar tan cerca de regresar a la categoría que mejor conocen, con 58 campañas en la división de oro del fútbol español en sus 94 años de historia. El lugar que hace más de una década presenció las lágrimas de una afición y el final de un sueño ha sido también el lugar de su sentencia.
En una temporada para olvidar, los resultados no han sido el único problema para el club y su afición. Las polémicas han estado a la orden del día, con especial mención a la ocurrida en el partido ante el Huesca. En una situación crítica para ambos, al borde entonces del descenso, los últimos cinco minutos del partido quedarán para siempre en el imaginario colectivo: Esteban Andrada, portero argentino del Real Zaragoza, agredió a Jorge Pulido, capitán del Huesca, tras un roce y la posterior expulsión del guardameta. La trifulca terminó con una sanción de 13 partidos para el portero blanquillo y cuatro partidos para Dani Jiménez, portero de los oscenses que también agredió al argentino. El golpe dio la vuelta al mundo y la imagen del club quedó salpicada por lo ocurrido.
“Lo siento mucho. Lo hemos intentado y no hemos podido”, afirmó Navarro en la rueda de prensa posterior a la derrota ante el Real Sporting. Y dejaba claro qué era lo que quería de cara a las dos últimas jornadas, en las que solo podía ocurrir un milagro: “Lo único que me preocupa ahora es no manchar más la camiseta en los partidos que quedan”. No hay vuelta atrás: el Real Zaragoza baja a los infiernos y sigue así la estela de otros que han pasado recientemente por lo mismo, como el Racing de Santander, el Deportivo o el Málaga: los dos primeros, recién ascendidos a Primera División, y el tercero en la lucha por la tercera plaza.
El descenso deja ahora al Real Zaragoza ante uno de los retos más difíciles de su historia reciente: reconstruirse lejos de las categorías profesionales y también de la mítica Romareda, derribada para construir un nuevo estadio. Perder la categoría es mucho más que un golpe competitivo y económico para el club; supone una fractura emocional para una afición que ha convivido demasiado tiempo entre la nostalgia y la decepción, recordando aquellos años en los que levantaban copas y que ya quedan demasiado lejanos. Su verdadero desafío será aceptar y entender los errores que le han llevado hasta aquí para no repetirlos y no volver a alejarse de la grandeza que un día significó el escudo. “Zaragoza no se rinde”, escribió Benito Pérez Galdós, pero el león deberá lamer sus heridas y aprender a rugir de nuevo.
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