Las instituciones vascas dudan sobre la idoneidad de que San Mamés y Anoeta sean sedes del Mundial 2030 | Fútbol | Deportes


La presencia de los estadios vascos de San Mamés y Anoeta en el Mundial de fútbol de 2030 genera dudas. Aunque ambos figuran inicialmente entre las sedes españolas del torneo que organizarán conjuntamente España, Portugal y Marruecos, las exigencias planteadas por FIFA han llevado a las instituciones vascas a abrir una reflexión profunda sobre el verdadero coste de asumir el evento.
Según el Gobierno vasco, tras las inspecciones que realizó la FIFA, el máximo organismo del fútbol mundial trasladó nuevas exigencias en marzo a las instituciones implicadas, algunas de ellas más estrictas de lo previsto inicialmente. El lehendakari, Imanol Pradales, así lo explicó este miércoles, aunque la FIFA y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) niegan que los pliegos de condiciones se hayan modificado. Ante la disyuntiva que se le presenta, escoger entre Bilbao o San Sebastián o ninguna de las dos, Pradales defendió que la decisión que se tome será “de país”. Además, añadió que todas las administraciones vinculadas a las candidaturas están llevando a cabo un análisis “técnico, operativo, logístico, económico, financiero y de seguridad” antes de tomar decisiones definitivas.
Pradales quiso transmitir un mensaje de calma, recordando que este tipo de evaluaciones forman parte del proceso habitual de selección de sedes. Sin embargo, también reconoció que la dimensión de las supuestas nuevas condiciones planteadas por FIFA obligan a estudiar con detalle si Euskadi está en disposición de asumir todos los compromisos que exige la organización de un Mundial. “Ahora hay que tener una cierta tranquilidad; hacer ese trabajo de análisis para tomar una decisión definitiva”, pidió el lehendakari. A pesar de la incertidumbre, Pradales recordó que el cronograma juega a su favor: la FIFA no tomará la decisión final sobre las sedes hasta enero del próximo año. “Tenemos tiempo por delante. Hay que hacer este trabajo con rigor para tomar la mejor decisión para el país desde la máxima responsabilidad”, zanjó.
Lo que hace apenas unos meses se presentaba como una oportunidad histórica para proyectar internacionalmente a Bilbao y San Sebastián se ha convertido ahora en un complejo debate sobre inversiones, infraestructuras, seguridad y capacidad organizativa. Las visitas técnicas realizadas por FIFA el pasado mes de marzo marcaron un punto de inflexión. Durante varios días, representantes del organismo internacional inspeccionaron estadios, hoteles, conexiones de transporte y diferentes espacios urbanos para evaluar si ambas ciudades cumplen con todos los estándares necesarios para acoger partidos de un campeonato de esta magnitud.
En este contexto, la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, reconoció públicamente el martes las dudas existentes en el seno de las instituciones. En una entrevista en Radio Euskadi, admitió que aún no hay una decisión tomada y extendió esos interrogantes al conjunto de instituciones implicadas, dijo, subrayando que el proceso sigue abierto y en fase de análisis.
“Hay personas que no quieren este tipo de eventos”, añadió Etxanobe, poniendo de relieve la existencia de un debate social relevante en torno a la idoneidad de acoger un Mundial. En esa línea, insistió en la necesidad de “pensar bien” si el campeonato se lleva a Euskadi y advirtió de que el impacto de estos acontecimientos puede variar en función de su naturaleza y del perfil de los visitantes que atraen, lo que también debe ser evaluado con detenimiento.
El principal obstáculo es económico. El coste estimado para responder a todos los requerimientos de FIFA ronda los 50 millones de euros por sede, aunque la cifra puede variar según las necesidades específicas de cada ciudad. Buena parte de esa inversión estaría destinada a reforzar servicios esenciales como la seguridad, la sanidad, el transporte público, la movilidad urbana o la logística aeroportuaria y hotelera.
Además, la FIFA impone una larga lista de obligaciones a las ciudades anfitrionas. Entre ellas figura la cesión en exclusiva de determinados espacios públicos y comerciales relacionados con el campeonato, así como importantes limitaciones para la celebración de otros eventos. El organismo internacional exige que no se programen actividades de gran formato desde dos semanas antes del primer partido hasta una semana después del último encuentro disputado en cada sede.
Otro de los puntos que más preocupa tiene que ver con las condiciones fiscales exigidas por FIFA. El organismo reclama exenciones tributarias para determinadas operaciones vinculadas al campeonato, una cuestión que podría entrar en conflicto con algunas normas forales vascas y que obliga a estudiar posibles encajes jurídicos antes de avanzar definitivamente.
Pero si hay un apartado especialmente sensible es el de la seguridad. El dispositivo necesario para albergar encuentros mundialistas es enorme y el coste corre íntegramente a cargo de las candidaturas. En Euskadi existe preocupación por la capacidad operativa de la Ertzaintza para afrontar un evento de semejante magnitud. La brigada móvil cuenta con alrededor de 400 agentes y las instituciones temen que la llegada de selecciones acompañadas por grupos ultras obligue a desplegar recursos excepcionales durante varias semanas.
El debate no es exclusivo de Euskadi. Varias ciudades españolas que inicialmente mostraron interés por acoger partidos del Mundial acabaron replanteándose su candidatura debido precisamente al alto coste económico y organizativo. A Coruña o Málaga terminaron dando un paso atrás después de haber pasado el corte como candidatas a ser una de las once sedes españolas. A Coruña tenía problemas para financiar una remodelación de Riazor con el aforo mínimo de 40.000 espectadores que exige la FIFA.
Para la retirada de Málaga, además de la fuerte inversión a realizar, 287 millones de euros, también emergió la alarma entre los aficionados por los dos años que el primer equipo de la ciudad debía de ejercer como local en el estadio de atletismo, con capacidad para 12.500 aficionados, la mitad del número de sus abonados. El club emitió un comunicado para expresar “una lógica preocupación” y también recordaron que siguen inmersos en un largo proceso judicial, aún en curso, lo que conlleva la ausencia de inversión privada y que la entidad se financie por sus propios medios. Perder la mitad de los socios sería un “grave perjuicio económico, deportivo y social”, según la entidad.
Mientras, otras ciudades como Valencia o Vigo siguen pendientes de cualquier posible movimiento que les permita entrar en la lista definitiva de sedes. Según fuentes conocedoras del proceso, Valencia tiene muchas posibilidades de ser sede por lo que supone como uno de los epicentros turísticos de la Comunidad junto a Alicante y Castellón. Es complicado, imaginar un Mundial en España sin contar con ese amplio corredor del Mediterráneo para albergar partidos en el nuevo Mestalla y subsedes. Vigo, cuya exclusión se vio rodeada de una fuerte polémica por la controvertida evaluación de las sedes que se destapó, cuenta con el favor del Gobierno de Pedro Sánchez a través del Consejo Superior de Deportes. El organismo gubernamental que preside José Manuel Rodríguez Uribes defiende que Vigo cumple con el requisito fundamental de la conexión vecinal con Oporto a semejanza de lo que supondrá Las Palmas de Gran Canaria con Marruecos. En el debe de la candidatura Ibérica ya recae que el Mundial de 2030 volverá a poner en primera línea la incompresible ausencia de una línea de tren de alta velocidad que una Madrid con Lisboa.
En medio de este escenario, el alcalde de San Sebastián, Jon Insausti, ha valorado también la posibilidad de que la ciudad sea sede mundialista. En un mensaje publicado hace seisdías en LinkedIn, Insausti subrayó que el debate no puede reducirse únicamente al impacto mediático o turístico del Mundial. “No estamos hablando de unos céntimos”, señaló, en referencia a las inversiones millonarias y al efecto que tendría sobre el funcionamiento normal de la ciudad durante semanas.
El alcalde reconoció que albergar partidos del Mundial supondría una oportunidad importante para la proyección internacional de la ciudad donostiarra y de Euskadi, pero insistió también en la necesidad de analizar con rigor “las exigencias, tensiones y riesgos” asociados a un acontecimiento de esta magnitud. Aun así, quiso dejar claro que las candidaturas de Bilbao y San Sebastián forman parte de una apuesta conjunta de país y aseguró que ambas ciudades seguirán trabajando “de la mano” junto a las instituciones y la ciudadanía.
A falta de que la FIFA cierre definitivamente el mapa de sedes del Mundial 2030, el proceso comenzará en enero de 2027, el debate continúa abierto en Euskadi. La ilusión de ver a San Mamés y Anoeta convertidos en escenarios mundialistas convive ahora con una pregunta de fondo: hasta qué punto merece la pena asumir el enorme esfuerzo económico y organizativo que exige uno de los mayores acontecimientos deportivos del planeta.
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