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Eduardo Álvarez Aznar, jinete de élite: “A veces no te queda más remedio que vender un caballo para poder seguir compitiendo” | Deportes

Un guardia de seguridad con hechuras de portero de discoteca vigila las cuadras del elitista Club de Campo de Madrid. El complejo ha acogido este fin de semana el Longines Global Champions Tour, el circuito hípico internacional más prestigioso. Algunos de los caballos que hay aquí valen igual o más que un piso de lujo en el barrio de Salamanca. “Cuidado con el flash. Genaro se puede asustar”, le advierte el jinete Eduardo Álvarez Aznar (Madrid, 42 años) al fotógrafo. Tiene más de una docena de animales de competición como Genaro y los mima a todos como si fueran coches de Fórmula 1. “En este deporte, ellos son las estrellas”. Álvarez Aznar es modesto. Él también es un astro. Hijo del seis veces olímpico Luis Álvarez de Cervera, leyenda del salto de obstáculos, y de Silvia Aznar, heredera de las Bodegas Marqués de Riscal, ha competido en tres Juegos Olímpicos y durante años ha sido el número uno del ranking nacional.

Pregunta. ¿Sigue sintiendo nervios antes de una competición?

Respuesta. Los nervios son buenos. Con el tiempo aprendes a controlarlos, pero los sigo sintiendo. Por eso sigo montando a caballo, porque tengo la misma pasión y las mismas ganas que cuando empecé.

P. ¿A qué edad empezó?

R. Con 3 años. Mi primer poni se llamaba Mini Brahms, lo heredé de mi hermana [Álvarez ganó su primera medalla de oro con 10 años con su poni Nanouk durante el Campeonato de España].

P. ¿Tiene alguna cábala o rito antes de saltar?

R. No soy supersticioso, pero cuando era más joven siempre tenía que llevar la misma camisa y las mismas botas para los grandes premios. Ahora intento que todo fluya.

P. Su padre fue seis veces olímpico. ¿Quiere llegar a esa marca?

R. Estoy contento de haber podido competir en tres Juegos Olímpicos. Lo que vives ahí no lo vives en ninguna otra competición. Me gustaría volver a competir en unos Juegos, pero no es una de mis metas ahora mismo. Mi objetivo ahora es criar caballos nuevos y sacarlos adelante.

P. Este deporte tiene fama de elitista. ¿Lo es?

R. Es elitista a este nivel, como cualquier deporte de altísimo nivel. La Fórmula 1 también es elitista, pero puedes conducir un kart. Lo mismo ocurre con la hípica. Cualquiera puede acceder a un poni club y tomar clases, o alquilar un caballo para hacer excursiones, dar un paseo por la playa o el campo. El caballo es accesible para todo el mundo. Ahora, cuando te metes en este nivel, todo se vuelve muy elitista. Pasa lo mismo con el tenis y el fútbol. Exige mucho sacrificio, mucha dedicación, mucho dinero. El caballo no es como una raqueta o un balón de fútbol, que lo guardas en el armario una vez has terminado. Necesita sus cuidados: comer, beber, pasear.

P. ¿Se puede vivir de este deporte?

R. Los premios han mejorado, pero es muy difícil vivir de ellos en este deporte. A veces no te queda más remedio que vender un caballo para poder seguir compitiendo y soportar la estructura de las cuadras: los caballos, el staff que trabaja allí.

P. Si no fuera jinete, ¿qué sería?

R. Muchas veces me lo he planteado. Cuando era pequeño tenía muy claro que quería dedicarme a esto. Es lo que he visto en casa. Mi padre es jinete, mi madre era una apasionada de los caballos y era la que me llevaba todos los días a montar y me acompañaba a las competiciones. No sé qué hubiera hecho, no me veo haciendo otra cosa. En un futuro, cuando no compita, me veo preparando caballos para futuras ventas o entrenando a un jinete.

P. Lo bueno de este deporte es que no hay edad de jubilación.

R. Exacto. Aquí el verdadero atleta es el caballo. Pero los jinetes se cuidan cada vez más. Los más jóvenes van al gimnasio, cuidan su alimentación, por eso cada vez es más difícil mantenerse arriba. Los que vienen por detrás vienen apretando muy fuerte. Dicho esto, la edad no es un problema en la hípica. John Whitaker tiene 70 años y sigue compitiendo al máximo nivel. Nick Stelton ganó los Juegos Olímpicos de Río con 58 años.

P. ¿Cómo se cuida usted?

R. Entreno entre 4 y 6 horas diarias, todos los días, todo el año. Y hago pilates dos veces por semana. Con la comida tengo buena suerte, no tengo que cuidarme mucho.

P. El jinete asturiano Sergio Álvarez Moya, compañero y amigo suyo, ha cambiado de nacionalidad deportiva por desacuerdos con la Real Federación Hípica Española sobre los criterios de selección del equipo nacional. ¿Usted se lo ha planteado?

R. La situación sigue parecida, aunque ha habido algún cambio. Nunca lo he dicho públicamente, pero sí que en algún momento se me llegó a pasar por la cabeza cambiarme de nacionalidad. Luego, pensándolo fríamente, me di cuenta de que no tenía por qué hacerlo. En algún momento lo habré pensado, pero nunca he llegado a proponérmelo. Me siento orgulloso de ser español y no quiero cambiarme.

P. ¿No lo han tentado otros países?

R. Yo me siento español, soy español.

P. ¿La hípica tiene el reconocimiento que se merece?

R. Ha cambiado muchísimo en los últimos diez años. Tenemos la mejor competición que hay a nivel europeo: Global Champions Tour, Madrid Horse Week, Copa del Mundo en A Coruña, final de Copa de Naciones en Barcelona… Muchos fines de semana al año la hípica de primer nivel está en España. Desde enero hasta junio, los mejores vienen a competir a nuestro país.

P. Tiene cuatro hijos. ¿Alguno ya sigue sus pasos?

R. Mi hija mayor, Carlota, de 13 años, ya monta y compite con ponis. A mi hijo Santi, de 9, le encanta este deporte, es un apasionado y se conoce a todos los jinetes y todos los caballos. Pero tuvo una caída con 6, se rompió el brazo y de momento me está costando que vuelva. Y Victoria, de 7, también tiene mucha afición. Me gustaría que aprendan a montar bien, luego que ellos decidan qué quieren hacer. Este deporte exige muchos sacrificios.

P. ¿Cuál ha sido su mayor sacrifico?

R. Pasar tanto tiempo fuera de casa, viajar mucho, estar mucho tiempo solo. Este deporte puede ser muy solitario. A veces me he preguntado: ¿me estaré perdiendo algo? Luego pongo todo en la balanza y me doy cuenta de que he elegido hacer lo que más me gusta.


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