El belga Jasper Philipsen gana la primera etapa del Tour de Francia, marcada por el viento en Lille


El viento agita los árboles y las plantas de achicoria y endivias en los caminos que llevan a los montes de Flandes, casas de ladrillo y pizarra, tan cerca del mar del Norte, y, como dicen los franceses, poéticos, transporta en el aire la memoria íntima del Tour que hace de los adultos niños que comían madalenas y de los ciclistas, héroes miedicas que se caen con un nada, ay. El Tour les maldice. Ama a los que descifran sus misterios sin miedo y se lanzan a explotar su conocimiento. Ama a Jonas Vingegaard, que, viento de izquierda, avanza hiperactivo (antes ya esprintó para ganar en el Mont Noir un punto en la clasificación de la montaña), acelera delante de todos, y a su espalda, Enric Mas, tan ligero como el danés, tan dura su determinación contra el viento, tan fuerte le hace su pasado que le permite distinguirse de los demás escaladores, y es el único que vuela entre los pesados rodadores y cracks. Donde otros pegan la lista de puestos de avituallamiento, en la cruz de la potencia del manillar, Tadej Pogacar luce una pegatina verde de su héroe, de él mismo, el increíble Hulk, y con su bici Y, tan ligera, con alas de mariposa, juega con todos a rueda de su amigo belga Wellens, sobrevuela el peligro que ni le roza, y su maillot es arcoíris.
Source link



