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La consagración de Luis Díaz, autor del gol más deslumbrante en París: “Hizo cosas increíbles, cambió el partido” | Fútbol | Deportes


“¿Pero de dónde salieron estos extremos?”, se preguntaba Luis Enrique.

Planteada ante las cámaras de televisión después del partido de semifinales con más goles de la historia de la Champions, este martes por la noche, la cuestión no era meramente retórica. El entrenador del Paris Saint-Germain estaba genuinamente maravillado por la sorpresa que le había causado la actuación de los extremos del Bayern, el taciturno Olise y el guajiro Luis Díaz, dos jugadores que por razones de márketing, cultura, origen y personalidad, volaron por debajo de los radares de la industria del espectáculo hasta irrumpir en la retina de los aficionados junto con todos los encantos que reservaba esta primavera reveladora. Especialmente Luis Díaz, que a sus 29 años y después de meter el gol más deslumbrante del partido, vive una suerte de consagración mediático-social.

Hay futbolistas que, como dice Luis Enrique, parece que no existen, o salen repentinamente de la nada. Nacido en Barrancas, en la localidad más recóndita de la Guajira colombiana, a Luis Díaz no lo ayudó ni el pasaporte ni el distrito postal. Creció en el seno de una comunidad indígena cuyo sustento se relaciona con el contrabando y la minería del carbón. Pueblos invisibles para el primer mundo económico producen jugadores poco interesantes para el comercio de derechos de imagen, por más que destaquen en todas las condiciones que debe acreditar un jugador para triunfar en la máxima exigencia deportiva. La primera, un carácter indomable.

“En Colombia no hay muchas oportunidades y te las tienes que buscar por ti mismo”, le dijo a la revista de la UEFA. “Cuando me fui a la cantera del Atlético Junior de Barranquilla, con 17 años, hubo momentos en que pensé que me quedaría en el camino. Pero esos momentos me recuerdan que tengo que luchar”.

Lo que más perplejidad causó en Luis Enrique de los extremos del Bayern no fue lo que hicieron cuando encararon a sus defensas sino lo que demostraron en su propio campo. Cuando Vitinha, Neves, Zaïre Emery y Dembélé cerraron todas las vías de salida del Bayern, en los instantes delicados en que el PSG suele recuperar tras pérdida en campo rival, el plan del técnico español no alcanzó el éxito completo porque apareció Luis Díaz. Mucho más que Olise. Más incluso que Harry Kane. Cuando los centrales y los interiores del Bayern se arrugaron ante el temor de perder la pelota bajo presión, el que la pidió como un poseso fue el guajiro.

Ofrecerse con energía para salir jugando y recuperar la iniciativa bajo la presión asfixiante del PSG es una de las tareas más difíciles y arriesgadas que puede emprender un futbolista hoy en día. Eso que rara vez capta la atención del ojo del aficionado, es lo que ven con más claridad los profesionales. Por ejemplo, el pivote Joshua Kimmich. Como víctima de la presión del equipo francés, Kimmich agradeció la aparición salvadora de un compañero cuyas funciones de atacante no le responsabilizan necesariamente a la hora de iniciar las jugadas: “Luis Díaz hizo cosas increíbles; tomó decisiones garrafales, tanto en ataque como en defensa. Recuperó el balón con gran eficacia y lo condujo hasta el mediocampo contrario muchas veces. Cambió el partido”.

Kimmich hizo referencia al primer gol de una noche frenética. El producto del arrojo de Luis Díaz para ir a buscar la pelota a su área, robársela a los atacantes del PSG que la sitiaban, y darle la vuelta al sentido de la acción para llevar el drama al área de Safonov, en donde acabó provocando un penalti después de protagonizar una conducción digna de alguien que siente el juego con desesperación. El penalti que hizo Harry Kane contabiliza como asistencia del colombiano, que ya suma 26 asistencias y 21 goles en todas las competiciones esta temporada.

La sociedad que forman con Kane es la más prolífica de todas las ligas europeas. Ninguna pareja fabrica más goles esta temporada. La afinidad entre ambos fue inmediata. Díaz, que perfeccionó el inglés cuando llegó a Múnich el verano pasado, se convirtió en el copiloto perfecto del estratega inglés. “Admiro absolutamente todo en Harry Kane”, dice el extremo. “No hay otro delantero como él: marca goles, asiste, corre, ordena, habilita con pases de 20 metros, y es mentalmente muy fuerte. Tenerlo a tu lado te da una sensación de seguridad”.

La marca que dejó el guajiro en el partido más fascinante de lo que va de temporada fue completa. De principio a fin. De área a área. Donde se le esperaba y donde no. Del primer gol, el 0-1, hasta el último, el 5-4, un acto de rebelión. Como dijo a la UEFA hace unos días: “Nadie vive del pasado. Como extremo sabes que el rival está temiéndote. Sientes que ayudas al equipo y eso te da más confianza. A mí me llena mucho eso. Cuando siento que estoy haciendo un buen partido, cuando siento que estoy generando ese caos, yo sigo buscando más”.

Tres millones contra 14

La eliminatoria estaba seriamente comprometida para el Bayern con el 5-3 a favor del PSG, en el instante en que Kane y su cómplice resolvieron ir a por más. Al pase bombeado de Kane desde el círculo central respondió Díaz con un desmarque fulminante. En el minuto 68 le quedó combustible para acelerar, romper el fuera de juego, correr 30 metros a toda velocidad, y medirse a Marquinhos en el duelo que desde entonces repiten los highlights televisivos sin cesar. Primero el control, de frente al arco, luego el regate al central, y el gol.

Fue, como dijo Luis Enrique, el gol del extremo que salió de ninguna parte. El hombre invisible que llevó al Liverpool a la conquista de la última Premier mientras los medios especializados y parte de la directiva del club consideraban que la clave del éxito había sido el famoso Mo Salah. ¿La consecuencia económica? Salah cobraba, y cobra, 14 millones de euros netos más bonus. El sueldo de Luis Díaz en el Liverpool no llegaba a cuatro millones.

Emigró al Bayern en busca de reconocimiento futbolístico, profesional y personal. Hoy la multitud atónita le ha descubierto. En el Parque de los Príncipes se postuló para Balón de Oro.


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