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Análisis de ajedrez | El artista que parecía triste

Cuando, en 2026, los mejores ajedrecistas tienden a convertirse en centauros (humanos-computadoras) que memorizan jugadas, estructuras y técnicas con una profundidad tremenda, partidas como la de este vídeo son bocanadas de aire fresco en un día tórrido. Y nos recuerdan que -si el número de partidas distintas que pueden jugarse es mayor que el de átomos en el universo entero conocido- hay margen de sobra para salirse de los caminos trillados y buscar la belleza tanto como la victoria.

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