Bancalari: «Mi obra tiene dos líneas: simbólica y abstracta»

Por Facundo Sagardoy
Para LA VOZ DEL CHACO
El artista visual Andrés Bancalari, entrevistado por LA VOZ DEL CHACO, repasó su trayectoria desde sus inicios en un entorno familiar ligado a la arquitectura hasta su consolidación en el circuito artístico nacional e internacional.
Destacó la influencia temprana de sus padres, su formación con el docente Iván Sagarduy y su paso por programas de becas que marcaron un giro conceptual en su obra, especialmente a partir de instancias formativas con referentes como Luis Felipe Noé y otros artistas de trayectoria.
Su participación en proyectos como «Ojo al país» en el Centro Cultural Borges y su inserción en galerías de Buenos Aires contribuyeron a afianzar su carrera.
Bancalari subrayó la relevancia de integrar la muestra inaugural del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes, inaugurado ante una masiva concurrencia de público. Consideró este hecho como un hito tanto personal como regional, valorando el crecimiento sostenido de las políticas culturales en el Nordeste Argentino y el fortalecimiento de un circuito artístico federal.
En ese marco, remarcó el rol del museo como espacio de producción, intercambio y formación de públicos, así como su potencial para articular vínculos con otras regiones y países.
Respecto de su producción, el artista explicó que su obra se organiza en dos líneas -una simbólica y otra abstracta- atravesadas por el concepto de expansión.
En particular, detalló el sentido de la pieza exhibida, perteneciente al proyecto «Nidos», vinculada a la idea de hogar, protección y construcción colectiva.
Asimismo, resaltó la importancia del trabajo cotidiano, la disciplina y el vínculo con el público, al tiempo que reflexionó sobre el rol del arte como herramienta de transformación, encuentro y crecimiento tanto individual como social.
Así transcurrió parte del diálogo.
-Andrés Bancalari, bienvenido a LA VOZ DEL CHACO. Es un honor tenerte acá: un artista de tanta trayectoria y tan querido en Resistencia, en Corrientes y en toda la región, con exposiciones en muchísimas partes del país y también en el exterior. Ahora, además, desde el 8 de noviembre pasado, formando parte de la muestra inaugural del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes. Llegó el momento, Andrés, de conocerlo en profundidad, de saber cómo fueron sus primeros pasos en el arte, cómo comenzó a exponer y cómo llega este momento en 2026, desde aquel 8 de noviembre, también frente a 3.500 personas recorriendo el Museo de Arte Contemporáneo junto a referentes de todo el país.
-Primero, muchísimas gracias, Facundo, por la invitación. Y después, contarte que yo tuve la suerte de tener unos padres maravillosos, ambos arquitectos. Mi casa tenía la particularidad -perdón- de que el estudio estaba en la misma casa, el estudio de arquitectos.
Entonces, comenzó un poco ahí todo: esa producción de planos, ver las plantas de la casa, ver cómo dibujaban. Antes se dibujaba a mano; ahora hay un montón de programas en arquitectura. Eso me motivó desde muy chico a dibujar. Y quien me acompañó sistemáticamente todo el tiempo fue mi madre, que dibujaba muy bien, de hecho, y de alguna manera era la que sostenía esta idea de que avanzara en el arte.
Después, en el secundario, me encontré con un artista muy bueno que fue profesor mío, Iván Sagarduy. Él, de alguna manera, fue quien inició todo: ahí se disparó literalmente y confirmé que ese era el camino. Con él estudié un tiempo; la verdad que fue un tiempo maravilloso de aprendizaje. Estudié en el colegio y después estuve en su casa, lo cual fue muy importante para mí por la experiencia adquirida.
Más adelante, ganamos una beca en el Chaco a través de la Fundación Antorchas y la Fundación para la Amistad Americana. Eso fue como una revelación, creo que para todos los que estuvimos, porque hubo un cambio conceptual en la obra muy importante, por los artistas que eran los coordinadores, los maestros: grandes artistas consagrados.
Ahí estaban Felipe Noé, Luis Felipe Yuyo Noé, Luis Moglia Barth, Mónica Girón, Sergio Bazán, artistas con una trayectoria muy grande y muy solidarios, porque la verdad es que nos enseñaron muchísimo. Eso, puntualmente, a mí me sirvió para ajustar la obra y para empezar a escribir sobre ella, a tener un apoyo conceptual que me ayudó muchísimo.
Después hice un camino en Buenos Aires que fue importantísimo, porque a través de la beca, Noé tenía un proyecto junto con Eduardo Stupía en el Centro Cultural Borges, que se llamaba «Ojo al país». Fue un proyecto fabuloso: Noé miraba siempre al interior, a los artistas del interior, tenía una actitud muy solidaria con ellos. Ese proyecto era únicamente para artistas del interior.
Fui uno de los que participó, y fue mi primera muestra en Buenos Aires y en el Borges. Fue una experiencia fabulosa, como «jugar en primera», una vidriera que uno lo asocia con el fútbol: tenías iluminador, montajista, catálogo, el lugar donde parabas, una asistencia total. Eso, de alguna manera, abrió puertas en Buenos Aires.
Tuve la suerte de que después estuve con Palatina, una galería muy importante para mí. También trabajé con Alberto Sendrós y, por muy poco tiempo, con Luisa Pedrouzo, que en ese momento tenía una galería. Eso fue consolidando mi obra y mi situación en Buenos Aires.
Actualmente hay obra mía en ODA, una galería donde trabaja Daniel Fischer como curador.
Después hay proyectos paralelos, tanto colectivos como individuales. Hay una serie de muestras que sucedieron en Corrientes. La última, en 2022, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), fue muy importante para mí: «Múltiples estados probables», que creo que inaugura una nueva versión de la abstracción en mi obra.
Yo tengo, puntualmente, dos líneas: una más orgánica, que tiene que ver con una figuración simbólica que roza el surrealismo -yo la llamo simbólica-, y otra más geométrica, más abstracta, donde hay una mayor presencia de formas geométricas. En ambos casos aparece el concepto de expansión, que tiene que ver con lo infinito y con la relación que construye el público con la obra.
Primero está el artista y el concepto, pero después sucede algo con las personas que observan la obra. Nunca se repite lo que opinan o lo que interpretan. Yo converso mucho con el público, y me interesa. El lugar donde se monta y el público que la observa generan resultados que son infinitos.
La obra «Múltiples estados probables» y el proyecto «Sobre estructuras y sistemas», que llevo hace mucho tiempo, están relacionados con esta idea de crecimiento que nunca se termina, que va de lo micro a lo macro, de lo visible a lo invisible, y que se conecta con todo lo que conlleva el universo. Eso, para mí, es una especie de usina infinita de imágenes.
Yo dibujo todos los días. Es una costumbre: me levanto a las cinco de la mañana, preparo un mate y dibujo. Pinto, construyo piezas de madera… esa práctica nunca cambió. Me ha ayudado a ser ordenado y a sostener cierta disciplina, incluso una cuota de obsesión que, en mi caso, resulta productiva.
Para cerrar, todo esto se vincula con la idea de lo infinito y con lo que sucede en el universo todo el tiempo: las sociedades, las geografías, las costumbres, lo cercano y lo lejano. Todo está en constante transformación, nunca se detiene. Eso, para mí, siempre fue un gran misterio, y es, en definitiva, el disparador de mi obra.
«El público genera resultados que son infinitos»

-Andrés, desde sus primeras formas a lo que acaba de decir, pasando por el padre de la Nueva Figuración, tantos artistas destacados y con tanta trayectoria, ante el público del Litoral, de Corrientes y del Chaco, en la muestra inaugural del Museo de Arte Contemporáneo… ¿qué siente a partir de ese día? Algo que se venía anticipando -se lo veníamos preguntando también- porque lo vive desde adentro hace mucho tiempo. Luis Niveiro te visita cada vez que pasa por la región, va a ver tu obra, te quiere mucho. Ya se venía diciendo, nosotros también en entrevistas previas, usted lo venía anticipando, y se dio: 3.500 personas para ver artistas visuales en un día, algo impensado, ¿no? Una Noche de los Museos en la que los artistas mostraron sus obras. Pero esos nombres que dijo -Felipe Noé, Mónica Girón-, muchos de los que forman parte de esta muestra federal que está abierta al público en el Museo de Arte Contemporáneo… ¿qué significa eso para usted como artista?
-Es el capital más importante que tengo, digamos, de mi carrera: haber estudiado justamente con Noé, con Girón, con Weschler y con Smoje. Y este cierre de estar mostrando en un museo contemporáneo que es nuestro, que es de la región -yo lo considero nuestro, sé que es correntino-, pero me parece importantísimo estar en una muestra como esta.
El esfuerzo fue monumental, yo sé perfectamente lo que costó convencer a las autoridades, hacerlas entender. No lo digo de manera valorativa, porque por ahí se puede malinterpretar, pero es un orgullo para la región. Es importantísimo lo que está pasando y lo que va a pasar. Creo que está iniciando, está comenzando, como cualquier museo, y esto uno no sabe dónde termina, que es lo mejor que puede pasar.
Porque abrir el juego con el Norte Grande de la Argentina me parece fabuloso: pensar en Salta, en Tucumán, en Jujuy, además de nuestra región -Misiones, Corrientes, Formosa, el Chaco, Santa Fe-. El Norte tiene muchas provincias, y también el sur va a estar presente seguramente. Eso va a depender de cómo se relacione el museo, pero lo que está pasando, a kilómetros de distancia, hablando de artistas y de proyectos colectivos o individuales, es muy valioso.
Esto que te había dicho alguna vez: como un faro, una usina de producción de muestras, pensado también en lo que producen los museos contemporáneos del mundo. Tiene que ver con talleres hacia afuera, con actividades generadas por el museo pero llevadas adelante por los artistas: para niños, para adultos, con intercambio de conversatorios con artistas de la región. ¿Por qué no también con Brasil, Uruguay o Paraguay? Eso enriquece.
Esa es la dirección hacia adelante, y es la mejor manera de crecer. Estoy absolutamente convencido de eso: crecemos todos, los artistas y el público. Creo que Corrientes y Resistencia tienen un público que se viene formando desde hace años. Hay una política cultural sostenida desde hace más de treinta años. Esa sistematización ayuda muchísimo al crecimiento de las personas: que pregunten, que escuchen, que alguien te cuente sobre el material. Lo mismo va a pasar en el museo contemporáneo.
Aquellas personas que dicen «esto lo dibuja mi nieto», con una explicación clara del concepto o con la presencia del artista, pueden entender y ampliar su mirada. Esa es una manera de crecer fabulosa, tanto para los artistas como para el público, porque el museo es para la gente. Creo que se logró algo que para mí era impensado hace diez años. Hoy estamos ahí: uno entra, ve la obra, y ahora viene todo lo otro, lo nuevo, lo que se pueda incorporar.
¿Cómo se va a relacionar el museo con otros museos, con otros centros culturales, con los artistas de la región y con el público? Hay niños, adolescentes, gente que no conoce y gente idónea. La clave es cómo activar eso para que funcione y crezca, generar esa interacción que me parece fundamental. Desde el día de su inauguración dejó mucho para seguir desarrollando, y desde la voz de los artistas siempre es bienvenido ese lazo que conduce a la obra.
«Tuve la suerte de tener unos padres maravillosos, ambos arquitectos»

-¿Cómo surge la obra que está presentada en el Museo de Arte Contemporáneo? ¿Cómo nace desde usted hacia la materia, cómo cobra forma y cómo llega hasta ahí? ¿Por qué esa obra, entre la abundante cantidad de piezas que produjo?
-Esa obra pertenece a un proyecto que quiero mucho, que se llama «Nidos», que son casas. El concepto de nido lo asocio directamente a un lugar de cuidado, de protección. En el hogar suceden todo tipo de cosas, pero yo hablo desde mi experiencia: lo que me pasó fue maravilloso.
Tengo seis hermanos, y la relación siempre fue muy importante, de apoyo, de sostén, tanto en lo personal como en el arte. Mis padres, esa construcción amorosa desde que tengo uso de razón, están muy presentes. Entonces, lo mío está relacionado con lo que construye esa casa, que también representa a la sociedad. Y esa sociedad, en esta obra que está en el museo, está en expansión: es una casa que se abre hacia afuera.
Cuando uno la recorre, puede ver cómo se expande, como una forma entre flor o sol, según lo que cada uno interprete. Tiene que ver con expandir esa cuestión amorosa y solidaria entre las personas. Entiendo que vivimos momentos muy duros a nivel global y también en el país, pero tengo esa idea de esperanza: de relacionarnos, de conversar, de encontrarnos.
Esos son los lazos que nos sostienen y con los que uno va construyendo. De alguna manera, también amortiguan lo cotidiano. La obra pertenece a ese proyecto, Nidos, que es enorme.
Se ha desarrollado poco porque el material -PVC expandido- tiene un costo alto y es muy frágil, requiere cuidados y una logística importante para su traslado. Pero estoy orgulloso de que esté ahí, contentísimo de participar. Para mí, la muestra es fabulosa, tiene un nivel altísimo, y si ese es el camino, todo lo que venga a partir de ahí será bienvenido.
La expansión como eje conceptual de la obra contemporánea
-Andrés, le consultamos -y tomando ese concepto de «casa expandida» desde el Museo de Arte Contemporáneo- también por lo que ocurre en Resistencia con la Bienal Internacional de Esculturas. El mundo mira ya prácticamente, no de manera bienal sino todos los años, y al calor y al pulso de la muestra de los artistas, con espacios de exhibición, pero también auditorios y lugares abiertos para poder exponer. ¿Qué te ocurre cuando ves que esta región, junto con las ferias de arte contemporáneo -se viene la feria de arte contemporáneo de Corrientes, también la de Resistencia que comienza a instalarse- entra en este circuito? ¿No? De Asunción con el Museo del Barro, en Uruguay con el Maca y la Fundación Achugarry; Buenos Aires, con la ya conocida arteBA, la Colección Costantini, el Malba, el Moderno, el Caraffa de Córdoba, Salta, que ya nombraste, Curitiba, la posibilidad también del proyecto de Iguazú con el Centro PompidoU. Que todo esto esté ocurriendo, como artista visual, siendo protagonista de este momento que ocurre acá en esta región del mundo desde el arte visual.
-Y es decir algo… es maravilloso ser contemporáneo, digo, lo que estoy viviendo como artista visual. Hay algo que creció de manera exponencial y que hay que agradecerle a muchos artistas importantes, no únicamente de Buenos Aires, sino de distintos lugares del país, que volvieron más federal esta cuestión.
Esto de las ferias, de los espacios, de lo del museo, lo de la Bienal, se vuelve más federal. Cuando hablo de federal, hablo de los artistas puntualmente, porque hay producciones que eran muy difíciles de ver: no había acceso, la posibilidad era muy remota, tenías que tener a alguien conocido o tener suerte. Esto facilita, en general, el camino para los artistas y, de alguna manera, consolida esta cuestión que yo te digo como de «usina», donde van saliendo artistas.
Están los consagrados, pero también está entrando toda la gente joven y está llegando mucho más rápido esa información: arte joven, fotografía, instalación, objeto, performance… Te hablo de gente entre 19 y 30 años, y antes costaba muchísimo. Hoy esa franja llega más rápido, llega con información nueva, toda mucho más fresca. Creo que la parte conceptual es interesantísima, porque se cuestiona absolutamente todo lo que está relacionado con la sociedad, la política, la religión, la cuestión de género. Está poniendo sobre la mesa un montón de temas que siempre se trataron, pero ahora de otra forma.
Desde lo estético me parece que hay cosas nuevas muy importantes. Y esto que vos decís: yo creo que el mundo miró a Latinoamérica y a Sudamérica, y la sigue mirando por ahí, pero el avance de lo que viene sucediendo en nuestra región hace que llegue gente de afuera, que observe, que vea, y eso es recíproco, porque uno termina midiéndose también con su obra, con los conceptos, con dónde está parado y con lo que cree hacer en relación a lo que está pasando en el mundo.
Y después, bueno, lo que hizo Luis… lo que hizo Luis con el tiempo, todo lo que empujó y traccionó para lograr lo del museo, no solo la colección, sino la arquitectura propia del edificio, eso es el camino. Lo que hacés vos, una entrevista con artistas, sistematizar eso, está bueno. Que no pase cada 10 o 20 años, sino generar un vínculo y volverlo una cuestión natural. Buena hora, porque tiene que ver con la educación, con el aprendizaje de nosotros mismos y con el público. Eso es fantástico.
El arte como experiencia transformadora

-Última pregunta, Andrés. Justamente, cómo cambian las relaciones sociales y cómo cambian las relaciones con el entorno. El arte está dando prueba, está dejando obra que -como dice- observan tanto los coleccionistas para sus colecciones como las universidades para interpretar el mundo. ¿Qué opina de que eso ocurra y que aparezca este estilo también de «coleccionista del afecto», como punto de apertura inspirador para que muchos piensen en un proyecto común, como el de crear un museo?
-Creo que el coleccionismo siempre fue fabuloso. Cuando hablamos de coleccionismo, también hablamos de curadores y de críticos, porque de alguna manera están todos dando vueltas, mirando. Y aquellos que asisten a los talleres… eso es fantástico. Ahí es donde uno ve la producción, la famosa «cocina», el desarrollo conceptual de la obra. Eso es bárbaro.
Lo que está haciendo ArteCo y lo que hace Marilyn Cristófani también, de poder asistir a talleres de los artistas o convocarlos y que se relacionen con coleccionistas, es un camino maravilloso. El arte -todo el mundo lo dice y yo lo creo- sana.
Cuando uno tiene la oportunidad de ir a un museo, de escuchar música, de ver danza, de ver obras de arte o asistir a un taller de teatro, todos estos soportes son fabulosos porque están relacionados con el alma, con una cuestión espiritual, con algo amoroso. Y eso está presente.
Creo que eso es lo que sostiene a la humanidad. No digo que sea una verdad absoluta, pero es lo que me parece. Entonces, que todo esto que hablamos esté sucediendo, que se sostenga, que avance y que crezca, es fantástico. Sé que está muy difícil en lo económico, sé el esfuerzo enorme que hacen las ferias, la logística, pero también el esfuerzo de los artistas: del que pinta, del que hace escultura, del que dibuja.
Son muchos esfuerzos, pero con eso crecemos. Y a la hora de poder vender, de mostrar o de relacionarnos entre nosotros -artistas, coleccionistas o críticos-, es mucho mejor. Yo sostengo que es una manera de crecer, de volverse más profesional: desde ajustar un marco mejor hasta elegir una buena tela o un buen papel que permita que el resultado sea mejor. Para esa producción también se necesita vender.
-¿Está presentando una nueva muestra para Resistencia?
-Sí, la verdad que sí. Estoy muy feliz porque estaba detrás de una sala que pertenece al Muba, en la Casa de las Culturas de Resistencia, y este abril inauguré una muestra que se llama «Periferia amorosa». Está relacionada con algunos dibujos que subí el año pasado y a principios de este verano.
El soporte no es pequeño, son obras grandes, en papel madera (kraft). Estoy trabajando con acrílico y lápices de colores. Tiene que ver con estas cuestiones amorosas. «Periferia amorosa» habla de aquello que uno no ve, de esa periferia en la que estamos todo el tiempo, con horarios, obligaciones, subiendo y bajando, y en la que nos vamos perdiendo cosas.
En esa periferia hay cuestiones amorosas que tienen que ver incluso con lo estético: ver la floración de un árbol, un abrazo entre personas. Nos perdemos también de cuestiones simbólicas. Son cuestiones poéticas, y eso es lo que se va a ver, tanto desde lo simbólico como desde la representación.
-Muchísimas gracias.
-No, muchas gracias a vos por la invitación.
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