Jon Martín y la calma como forma de irrupción en la Real Sociedad | Fútbol | Deportes


En un fútbol cada vez más dominado por la urgencia, hay irrupciones que no necesitan ruido para imponerse. La de Jon Martín (Lasarte-Oria, Guipúzcoa; 19 años) pertenece a esa rara categoría. El central de la Real Sociedad no solo ha llegado, sino que parece llevar tiempo ahí. Como si el lugar siempre le hubiera estado esperando.
La temporada estaba diseñada como un proceso de aprendizaje. Minutos dosificados, adaptación progresiva, crecimiento sin presión. Pero el fútbol ha acelerado los tiempos, tanto que acaba de proclamarse campeón de Copa con la Real, con la que tiene contrato hasta junio de 2031 y una cláusula de 50 millones. Jon Martín ha pasado de proyecto a presente sin escalas intermedias. Hoy es un fijo en el eje de la defensa, compartiendo responsabilidades con futbolistas consolidados como Igor Zubeldia o Ćaleta – Car. En el sistema de Pellegrino Matarazzo, su presencia ya no es una inversión de futuro, sino una certeza del presente. “Se ha convertido en indiscutible. Está haciendo muy bien las cosas, está trabajando y ahí tiene la recompensa”, resume su padre, Shanti Martín.
No hay en su juego grandes alardes ni gestos innecesarios. Su crecimiento se explica desde la sobriedad: una lectura del juego avanzada, una capacidad constante para anticipar, un juego aéreo poderoso y una serenidad que no corresponde a su edad. Jon Martín juega con la sensación de quien dispone de un segundo más que los demás. A esa fiabilidad defensiva se le ha ido sumando una presencia cada vez más visible en el área rival. Ante el Levante, hace dos semanas, marcó su primer gol como profesional, en un córner.
Su padre, Shanti, también vistió la camiseta txuri urdin y protagonizó uno de los debuts más precoces del club. Tenía 17 años cuando John Benjamin Toshack le hizo debutar en 1987 en el Vicente Calderón ante el Atlético. Aquel estreno formaba parte de un contexto excepcional, con la final de Copa de 1987 en el horizonte. La Real cayó con claridad (5-1), pero semanas después levantaría el título ante el mismo rival. Décadas más tarde, el hilo parece retomarse desde otro punto. El hijo, sin embargo, ha llegado de otra manera. Sin vértigo. Sin precipitación aparente. “Jon está tranquilo, con los pies en el suelo. Tiene buena cabeza. No hablamos mucho, él está a lo suyo y lo lleva muy bien. Eso es clave. Si no, no estaría donde está”, valora su padre.
En una posición donde el error tiene más peso que el acierto, Jon Martín ha logrado reducir la incertidumbre hasta hacerla casi imperceptible. No porque no falle, sino porque su manera de interpretar el juego minimiza el impacto de esos fallos. “Tiene muchas cosas buenas. Es algo que le viene de familia. Yo conozco a su aita y se le ve que tiene los pies en el suelo y eso es lo más importante es un futbolista que empieza. Ser ambicioso, pero también humilde”, valora Górriz, el futbolista que más partidos ha jugado en la historia de la Real (599).
Su evolución tampoco ha pasado desapercibida fuera del club. En la selección sub-21 se ha asentado como una opción recurrente, confirmando una progresión que no parece encontrar techo inmediato. “Cada día que pasa se supera. No tiene techo”, significa Shanti.
La Real se impuso al Atlético en la final copera. El mismo rival ante el que debutó su padre. El mismo tipo de escenario donde se mide algo más que el talento: la capacidad de sostenerse bajo presión. En ese contexto, Jon Martín fue determinante en defensa, imponiéndose en los duelos a Julián Alvarez y Sorloth. Sin encogerse, exhibiendo una personalidad impropia de su juventud.
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