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Conde Godó 2026: Fils bate a un Rublev irreconocible y conquista el Conde de Godó | Tenis | Deportes


Quién lo hubiera dicho. Arthur Fils, verdugo el día anterior del madrileño Rafael Jódar, terminó este domingo coronándose en el Godó después de salvar el abismo el primer día, cuando levantó una bola de partido contra su compatriota Terence Atmane. Del mismo modo, supo rehacerse en el desenlace después de un bajón final, pero sin consecuencias. El campeón, de 21 años, acabó superando a un rival irreconocible, Andrey Rublev, que si alargó el crédito fue por el desvío del ganador en la segunda manta. Aunque el ruso logró la primera rotura de la tarde, a continuación se diluyó y finalmente se inclinó tras 1h40.m: 6-2 y 7-6(2). De este modo, Fils corrobora las buenas sensaciones que transmite su tenis y sucede en el palmarés de Barcelona al danés Holger Rune.

Dispone y ordena en el sorteo el gran Manolo Orantes, tenis de otra época. Poco o nada que ver con lo de hoy: fuerza, velocidad, la pelota dibujando trayectorias rectas. Es una final de más fuerza que muñeca y en la que ambos buscan con descaro el revés del rival, y por esa vía la envuelve mejor el francés, con bastante más picante. “¡Oooohhh!”, se oirá unas cuantas veces. No de la boca de Marcus Rashford, el extremo del Barça que observa imperturbable, detrás de unas gafas modernas, ¿artista o futbolista?; tampoco se inmuta Jules Koundé, el tipo siempre tranquilo; y aplaude con ganas Dani Olmo (asiduo por aquí) ese magnífico globo cruzado de Fils que cae en el ángulo. “¡Bravo!”.

Aunque logra la primera rotura el ruso, el galo va apoderándose poco a poco de la victoria con la misma medicina que probó el día anterior Rafael Jódar; es decir, más y más ritmo con el drive, trallazos devastadores que descascarillan de inmediato el ánimo durmiente de Rublev. A este no le gusta nada cómo van las cosas. Lógico. “¡Rublooo!”, le gritan. Pero nada, no termina de reaccionar. Inexpresivo, raro. Tal vez sea el buen camino, pero ese no es Rublev, o al menos no el de siempre, el incendiario; como si le hubieran robado el alma. Y al espejismo del principio le sucede la ofensiva creciente de Fils, cada vez más cómodo. Todo parece acompañarle.

Quizá esté ahí la oportunidad, con esas tres opciones de break que al final se terminan yéndose al limbo nada más comenzar la segunda manga. Pero ni por esas. Ni aspaviento ni raquetazo ni cortocircuito alguno. Bien, perfecto, pero, ¿dónde está Andrey? Un tenista tremendamente manso. O sea, no es él. Tal vez se quedó en el cruce del día anterior, obligado a remontar ante el serbio Medjedovic, o tal vez haya sido una mala noche. Correteaba antes por el jardín de la piscina para entrar en calor y resopla ahora el de Moscú, más bien inánime. Si no confía él, ¿cómo va hacerlo el resto? La grada lo ve claro: Fils, sí o sí. Está en su mano, desde luego. Pero debe finiquitarlo.

Entre una cosa y otra, probablemente por la extraña circunstancia del adversario y la tendencia anestesiada de la tarde, por esa agonía que transmite el pelirrojo y que al final le arrastra de la mano, le cuesta más de la cuenta hacerlo. El cuarto juego se dilata durante más de diez minutos y cuando parecía que la historia se acababa ahí, que de ninguna manera iba a lograr salvarlo, Rublev se sostiene. Es la ilógica del tenis, nada nuevo. Él, acorralado y sin chispa, fuera de su esencia, encuentra oxígeno en el apagón momentáneo del francés, quien con tres pelotas de partido en el bolsillo sestea, se pone nervioso y acaba metiéndose en un pequeño lío que resolverá gracias a un arrebato necesario.

Ver para creerlo, pero en contra de lo que podía suponerse, el pulso se enreda y se estira: del 5-2 y esas tres bolas al 5-6 y las urgencias. Sin embargo, Fils mantiene el tipo. Al parecer, tenía que ser así, con ese cosquilleo final; no sin esa última ráfaga que le corona y le inscribe por primera vez en el palmarés de un torneo que comenzó con la lesión de Carlos Alcaraz, continuó con el ilusionante recorrido de Rafael Jódar y que finaliza con él brazos en alto, viniendo a decir que, por qué no, tal vez pueda estar ahí y plantear batalla en Roland Garros. Argumentos no le faltan, pero sí continuidad. Repuesto de su lesión en la espalda, Francia cierra los ojos y sueña: Fils, ¿creer o no creer?


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