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una frágil calma y miles de familias que vuelven a casa

Miles de familias desplazadas comenzaron el viaje de regreso a casa el viernes en algunas zonas de Líbano, en medio de una frágil calma tras la entrada en vigor de un alto el fuego de 10 días negociado por Estados Unidos entre Israel y grupo político-paramilitar Hezbollah. No obstante, la incertidumbre, la destrucción y las advertencias israelíes acerca de volver a áreas del sur del país ensombrecían su retorno.

A primera hora de la mañana se registraron filas kilométricas en la ruta que conduce al sur, hasta el dañado puente Qasmiyeh sobre el río Litani, un cruce clave que conecta la ciudad costera sureña de Tiro con el norte. Los vehículos, cargados hasta arriba con colchones, valijas y pertenencias rescatadas, avanzaban lentamente por el único carril abierto, reparado a toda prisa tras un ataque aéreo israelí apenas un día antes.

Los conductores que regresaban a sus aldeas por las carreteras de la costa se animaban entre sí, hacían la señal de la victoria con los dedos e intercambiaban bendiciones.

Un millón de desplazados

La última guerra entre Israel y Hezbollah desplazó a más de un millón de personas. Pese a las advertencias de funcionarios libaneses de no tratar de regresar de inmediato a sus hogares, muchos pusieron rumbo al sur en las horas posteriores a que se decretara el alto el fuego. La tregua pareció mantenerse en gran medida durante la noche.

El puente Qasmiyeh sobre el río Litani, un cruce clave que conecta la ciudad costera sureña de Tiro con el norte. Foto: EFE

Israel y Hezbollah han librado varias guerras y han estado combatiendo intermitentemente desde el día después del inicio de la guerra en Gaza. Israel y Líbano alcanzaron un acuerdo para poner fin a esa guerra en noviembre de 2024, pero Israel había mantenido ataques casi diarios en lo que llama un esfuerzo por evitar que el grupo miliciano respaldado por Irán se reagrupe.

Eso escaló a otra invasión luego que Hezbollah volviera a comenzar a disparar misiles contra Israel en respuesta a su guerra contra Irán.

Libaneses regresan a escombros tras ataques israelíes intensos

En aldeas del sur como Jibsheet, residentes regresaron a bloques de departamentos arrasados y a calles cubiertas con trozos de concreto, persianas de aluminio retorcidas y cables eléctricos colgantes.

“Me siento libre al estar de vuelta”, afirmó Zainab Fahas, de 23 años. “Pero miren, lo destruyeron todo: la plaza, las casas, las tiendas, todo”.

Sin embargo, muchos no creen que su calvario haya terminado.

“Israel no quiere la paz”, afirmó Ali Wahdan, un paramédico de 27 años que caminaba con muletas sobre los escombros de la sede de los servicios de emergencia en Jibsheet. Wahdan resultó gravemente herido en un ataque aéreo israelí que impactó las instalaciones sanitarias sin previo aviso durante la primera semana de la guerra.

“Ojalá fuera diferente”, añadió. “Pero esta guerra continuará”.

En el barrio de Haret Hreik, un suburbio en el sur de la capital, Beirut, estructuras enteras quedaron reducidas a escombros tras semanas de intensos ataques israelíes. Ahmad Lahham, de 48 años, agitaba la bandera amarilla de Hezbollah de pie sobre una montaña de restos que antes eran el edificio donde vivía, que albergaba también una sucursal del brazo financiero del grupo, Al-Qard Al-Hassan.

Autos cargados hasta el techo, rutmo al sur. Foto: Reuters

“Estamos al servicio de los combatientes”, dijo Lahham reafirmando su lealtad a Hezbollah.

Elogió a Irán y señaló que la presión de Teherán en sus conversaciones con Estados Unidos condujo a la tregua, y condenó el diálogo directo entre Líbano e Israel.

Sólo los iraníes estuvieron con nosotros, nadie más”, apuntó calificando a los dirigentes de Líbano como “el liderazgo de la vergüenza”.

Un funcionario del gobierno local en Haret Hreik dijo que Israel atacó el vecindario 62 veces en las últimas seis semanas.

“Hemos podido retirar los escombros de los edificios parcialmente dañados, pero en los destruidos necesitaremos equipos especiales”, declaró Sadek Slim, vicealcalde del barrio, en una conferencia de prensa.

La zona estaba paralizada en medio de un congestionamiento vial causado por la población civil que volvía para revisar el estado de sus hogares y simpatizantes de Hezbollah que pasaban a toda velocidad en motonetas, ondeando la bandera del grupo.

Autos repletos de familias, con sus pertenencias sujetas al techo o desbordándose de maleteros abiertos, permanecieron en el tráfico durante horas la tarde del viernes en la autopista hacia el sur cuando una tormenta de polvo llenaba el aire. Trabajadores humanitarios repartían botellas de agua, muy necesarias, a quienes estaban atrapados en el tráfico.

Libaneses pro Hezbollah vuelven a sus casas. Foto: Reuters

Heridos siguen llegando a un hospital

En el hospital Al-Najda al Shaabiya de la ciudad sureña de Nabatiyeh, funcionarios locales indicaron que el jueves fue uno de los días con más ataques israelíes desde que el inicio del último choque entre Israel y Hezbollah.

La directora del hospital, Mona Abou Zeid, contó que siguieron recibiendo heridos por ataques israelíes cercanos hasta alrededor de una hora después de la entrada en vigor del alto el fuego a medianoche.

Entre los heridos por las bombas en Nabatiyeh el jueves estaba Mahmoud Sahmarani, de 33 años, que dijo que había salido de casa para comprar carbón para su pipa de agua cuando un ataque alcanzó su edificio de cinco pisos y mató a su padre y a su primo, que pelaban papas para el almuerzo. De su apartamento no queda más que escombros, y tanto él como el resto de su familia se quedaron sin hogar.

 Mahmoud Sahmarani, de 33 años. Foto: AP

“Israel debería haberse retirado de Líbano”, declaró desde una cama de hospital, con el ojo izquierdo hinchado y cerrado y la cabeza envuelta en vendas. “Si no los echamos, seguirán matándonos”.

Muchos aún dudan en volver a casa

En el centro de Beirut, tiendas de campaña aún bordean algunas zonas y algunas familias comienzan a irse; otras esperan, sopesando los riesgos de regresar al sur.

Un triciclo cargado con colchones se abre paso entre el campamento, señalando las primeras salidas tras un frágil alto el fuego.

“Nuestras casas en el sur ya no están, fueron destruidas”, lamentó Ali Balhas, de la localidad de Siddiqeen, en la provincia de Tiro. “Israel es engañoso. Nunca se conocen realmente sus políticas ni cómo actuará hacia la gente”.

Desplazados en Beirut en medio de los escombros ondena banderas de Hezbollah. Foto: AP

“Tengo seis hijos aquí y no puedo irme tan rápido. Cuando haya más seguridad, intentaremos llevarnos a los niños y volver” a nuestra aldea, agregó.

Amira Ayyash, una mujer de Qaaqaiat al-Jisr, en la provincia de Nabatiyeh, decidió esperar y evaluar la situación antes de regresar a casa .

“No sabemos a qué hora podrían atacarnos, porque son traicioneros. Así que decidimos ir despacio”, dijo.

Ahmad Ramadan, de 42 años, padre de tres hijos atrapado en el embotellamiento, dijo que inicialmente planeaba esperar a que pasara el alto el fuego en el ahora abarrotado departamento de su primo en Beirut. Pero el deseo de ver en qué se había convertido su casa en la ciudad sureña de Tiro lo superó.

“Vamos a revisar nuestra casa, solo rápido, y volver. Sólo necesitamos saber si hay daños”, comentó. “Aunque estemos esperando horas aquí, vale la pena saber qué pasó”.


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