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Etapa y ‘maillot’ amarillo para Adam Yates, que, responsable, cumple con su deber en O Gran Camiño | Ciclismo | Deportes


Aitor Garmendia, corredor en el Banesto de los años 90, decía que los ciclistas eran de pueblo y feos porque así se llevaban a las chicas más guapas, que los de ciudad son unos pijos, y Tomás Pombo, un rapaz que aún no ha cumplido los 20 años, es también de pueblo, de Carballo que es un museo de murales que hermosean las feas medianas de bloques horrorosos y tapias, belleza inesperada, de donde parte la etapa, pero para despedirle al pie del autobús del Movistar cuando marcha a la batalla del Gran Camiño, su primera guerra, no le despiden mujeres hermosas sino sus colegas de cuadrilla, jovencitos de ojos brillantes como él a los que cuenta aventuras, quizás exageradas, e ilusiones de un futuro de campeón al que aún le tiemblan las piernas al subir al escenario del control de firmas. Los amores llegarán más tarde.

Del pasado solo hablan los veteranos que miran al mar y ponen ojos melancólicos, tantas ausencias, tantas batallas, los que solo prometían, los que cumplieron. Los que aún triunfan, como Adam Yates, ganador pionero en la cima de la Cabeza de Meda, un neveiro sobre el Sil nunca ascendido en ninguna carrera, y líder de O Gran Camiño que el sábado, seguramente, unirá su nombre a la lista ilustre de ganadores de la carrera gallega a continuación de Alejandro Valverde, Jonas Vingegaard y Derek Gee.

“Ufff, lo que me hizo sufrir Adam Yates”, quiere olvidar y no puede Rubén Fernández, que hace 13 años, 22 recién cumplidos, ganó el Tour del Porvenir con 55s de ventaja sobre el ciclista inglés. “Y no solo él, también su hermano, Simon. Menuda pareja hacían”.

La carrera sub-23 francesa de 2013, una edición en la que también brillaron Caleb Ewan y Julian Alaphilippe, acabó siendo el mayor triunfo del murciano en una carrera que aún perdura en el equipo portugués Anicolor. Y como Fernández, de 35 años Adam Yates, ya cumplidos los 33, disputa esta semana en Galicia O Gran Camiño. Ya no atormenta a Fernández, que no busca más victorias (marcha a cinco minutos en la general) y ya no tendrá más pesadillas con él, ni tampoco con su gemelo Simon, que ya colgó la bicicleta. Pierde el pelotón con su retirada una de las imágenes más características de la última década, los dos hermanos, aun corriendo para equipos diferentes, charlando tranquilamente a cola de pelotón las etapas tontas mientras el resto del mundo, invadido por el estrés, se destroza los codos peleando por mantener su posición en cabeza. Después, llegados los momentos decisivos, de común acuerdo, avanzaban y se aseguraban de no perder tiempo, y a veces hasta lo ganaban atacando juntos, como la primera etapa del Tour del 23, pasado Vivero en Bilbao. Primero y maillot amarillo, Adam, el más joven de los dos por unos minutos; segundo, Simon, y más lejos Pogacar.

“¿Qué con quién hablo ahora en el pelotón?, Jajajajaja”, a Yates, y a los otros ciclistas que participan en la conferencia de prensa de la carrera le da la risa cuando se le pregunta si no echa de menos las charlas fraternales sobre la bici. “Pero sigo hablando con mi hermano todos los días, estamos muy unidos. Está disfrutando de la vida, de hacer cosas que nunca pudo hacer mientras competía. Obviamente, ya no sale tanto en bicicleta, pero cada vez que vuelvo a casa en Andorra salimos a dar una vuelta para tomar un café cuando tengo un día de descanso. Es una nueva forma de vida para él, pero está disfrutando cada segundo”.

Adam Yates —32 victorias, nueve de ellas generales de carreras de una semana, como Suiza, Romandía, Volta, Alemania, UAE, Omán…, y también de la Klasika de San Sebastián—es la principal figura de O Gran Camiño, y se ha tomado en serio su participación, pese a que la carrera que inventó y organiza Ezequiel Mosquera no es la de mayor nivel de las que figuran en el calendario mundial. “Mi gran objetivo este año es el Giro de Italia”, explica Yates, líder del UAE, que, pese a no ser un especialista contrarreloj, terminó sexto en la Torre de Hércules el martes, y solo la potencia de Iván Romeo en su terreno le descolocó el jueves llegando a Padrón. “La verdad es que no hay muchas carreras por etapas en este periodo que se parezcan a lo que haces en el Dauphiné y en Suiza antes del Tour. Así que, allá por diciembre, cuando cerramos el calendario, esta era la carrera perfecta para prepararse para el Giro. Y aquí estamos”.

El inglés de Andorra está más peleón que Rubén Fernández y que el 90% del pelotón de O Gran Camiño, y a todos deja atrás, tobillos finísimos, estilizados gemelos, venas sobresalientes bajo la piel, poquita grasa, acelerando en el muro de Xunqueira, asfalto prehistórico al 22% nada más dejar atrás las piedras románicas de uno de los monasterios cistercienses, el de Santa María, que trazan la línea de la Ribeira Sacra sobre el cañón profundo del Sil caudaloso. Solo se empeña en morir siguiéndole el jovencito Jorgen Nordhagen, de la generación Seixas, que sucumbe. Cuando, pasados 46s, cruza la meta, cabeza hundida entre los hombros, el viejo Yates se acerca noruego, 13 años más joven, y le consuela, qué bueno eres, el futuro es tuyo. Sentencia pronunciada, Yates abre fácil el albariño espumoso, ducha al respetable y se moja más que los labios empinando el botellón. “Parece que no, porque es una carrera menor, pero corro con mucha presión”, dice el líder del UAE. “No tanto por parte del equipo como de la afición, que daba por sentado que hoy ganaría”.

Liquidada el sábado la carrera gallega, Yates se concentrará en Sierra Nevada con João Almeida, con quien compartirá el liderato del UAE en su previsible pelea por la maglia rosa del Giro contra Jonas Vingegaard, el líder del Visma que ya ha ganado Tour (dos) y Vuelta. “Sí, bueno, es difícil ganar cualquier carrera y no solo por Vingegaard. Pero creo que, sí, que ganaremos. Vamos con un equipo fuerte y João seguro que estará en buena forma. Siempre lo está”.

Dice Adam Yates que su hermano lo dejó porque ya más que divertirse se aburría, pero que él se sigue divirtiendo, que no le da ninguna envidia Simon. “Soy más joven que él, amigo. Puedo seguir unos 5 o 6 años más”, responde cuando se le pregunta por qué no se retira ya y se va a tomar cervezas a Andorra. “¿Cuántos años quieres que siga?”


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